Módena y la Casa Museo Luciano Pavarotti
n la tranquila campiña de Módena, Italia, en la región de Emilia-Romagna casi a 10 kilómetros de la ciudad, se alza una villa que encierra la esencia de uno de los tenores más universales y más queridos de todos los tiempos: Luciano Pavarotti. Hoy conocida como la Casa Museo Luciano Pavarotti, esta residencia fue construída a finales de la década de los 90 y durante años fue el hogar donde el maestro pasó sus últimos días. Pavarotti nació el 12 de octubre de 1935 en Módena y murió el 6 de septiembre de 2007 en esta residencia rodeado de su familia; venía enfrentando un cáncer de páncreas desde un año antes.
Desde 2015 esta Casa Museo invita al público a descubrir, no sólo su extraordinaria carrera musical, sino también a adentrarse en detalles de la vida cotidiana del hombre detrás de la leyenda y los aspectos que en esta casa permiten al visitante una cercanía incomparable con su personalidad, sus gustos y pasiones y, de acuerdo con la guía para visitantes, conocer de cerca al artista Pavarotti y al hombre Luciano. Si hay alguien a quien agradecer la decisión de haber abierto las puertas de la casa de Pavarotti como un museo es a Nicoletta Montovani, la viuda del tenor.
Lejos de ser un museo convencional, el recinto ofrece una experiencia profundamente personal e íntima. Pavarotti supervisó la construcción de esta villa siguiendo sus propios dibujos e indicaciones, reflejando en cada rincón sus gustos y pasiones, incluyendo su amor por los caballos, que lo llevó a construir establos y una escuela de equitación en la finca en los años 90; también organizó algunos eventos hípicos y, al ser un espacio de cerca de 2 hectáreas, organizaba ahí sus famosos conciertos Pavarotti and Friends (Pavarotti y sus amigos) en los que se congregaban grandes figuras del espectáculo para compartir escena musical con el gran tenor y recaudar fondos para fines humanitarios.
Durante todo el recorrido por la casa, dividida para fines museísticos en 12 salas, la voz de Pavarotti entonando alguna de sus arias acompaña al visitante; genera la sensación de estar siendo llevados de la mano del tenor. Cada sala está dedicada a mostrar diferentes aspectos de su vida. Las habitaciones conservan la calidez de la personalidad de Pavarotti. Al cruzar la puerta en la sala principal, donde el artista pasaba la mayor de su tiempo, el salón conserva el mobiliario y los objetos originales; los visitantes se encuentran primero que nada con uno de los fracs que usara en sus conciertos. Esta primera sala muestra también el piano en el que el tenor enseñaba y practicaba con jóvenes estudiantes en clases gratuitas de canto; expresaba que en el pasado él también había contado con la ayuda de mucha gente para llegar a la cima del éxito y quería devolver lo que había recibido. Compartir su experiencia y su pasión con jóvenes talentos era la mejor manera de agradecer al Señor el gran don que había recibido.
Las 12 salas muestran objetos cuidadosamente conservados, llenos de recuerdos personales, fotografías familiares, cartas de amistades ilustres como Frank Sinatra, Bono, Sting o la princesa Diana. También se encuentran expuestos un colección de trajes de escena que marcaron más de cuatro décadas en los escenarios de ópera del mundo, el espejo e incluso objetos con los que se maquillaba antes de salir al escenario. Cocinar era otra de sus pasiones y disfrutaba enormemente hacerlo para sus amigos. La cocina se mantiene intacta. La pintura era otra de sus aficiones; colgados en las paredes de colores vivos, pueden apreciarse muchos de sus cuadros. También exhiben los numerosos regalos que recibió durante su larga carrera y los numerosos premios y reconocimientos.
En el recorrido, el dormitorio es tal vez el sitio más conmovedor: numerosas fotos con su familia son protagonistas. Se informa que Pavarotti pasó en esa habitación el último año de su vida y fue donde falleció acompañado de su familia. Lo que hace particularmente emotiva esta casa museo es cómo revela la vida íntima de Pavarotti y la generosidad que lo caracterizaba. Compartir el espacio donde el artista vivía, reía, enseñaba y compartía momentos con su familia y amigos se convierte en un experiencia inolvidable que conecta al visitante con el Pavarotti más cercano y genuino.











