Pasa la página a su época de zona insegura
El tranvía la consolidó como punto neurálgico de la ciudad en 1900 // El Hospital General, tribunales y la Arena México, entre sus recintos icónicos
Domingo 18 de enero de 2026, p. 25
De calles anchas y esquinas ochavadas, la colonia Doctores vive un nuevo capítulo en su historia: el del encarecimiento y la renovación inmobiliaria. Rentas que hace cinco años estaban al rededor de 6 mil pesos, hoy el mínimo es 10 mil. Bodegas y viejos edificios han dado paso a desarrollos habitacionales.
“Es el efecto de estar pegada a la Roma. Ahora la ven como una extensión natural”, expresan los habitantes de este barrio, antes desdeñado por su fama de inseguridad –hace un par de décadas, incluso, estaba clasificada como una de las 25 colonias de la ciudad con mayor número de habitantes en la cárcel–, ahora es codiciada por las inmobiliarias.
Los orígenes de esta colonia –reconocida porque sus calles llevan el nombre de ilustres galenos–, se remontan a finales del siglo XIX. “No nació como una sola”, explica el cronista urbano Rodrigo Hidalgo. En 1889, el territorio comenzó a fraccionarse en dos proyectos distintos: la Hidalgo, la más extensa, y la Indianilla, una franja al norte, pegada al entonces límite del Centro de la ciudad.
Ambas surgieron casi al mismo tiempo, aunque con promotores distintos: Pedro Serrano fraccionó la Hidalgo; la Indianilla quedó en manos de una compañía inglesa, la Mexico City Property Syndicate. En los anuncios de la época, publicados en diarios como La Voz de México, las nuevas colonias se ofrecían como espacios modernos: abundancia de agua, calles arboladas, amplias vialidades y una urbanización avanzada para su tiempo. “Presumían estar en el poniente de la ciudad, con mejor clima y vegetación, a diferencia del oriente lacustre”, señala Hidalgo.
La llegada del tranvía eléctrico en 1900 consolidó su importancia urbana. En la Indianilla se instalaron los talleres y la subestación eléctrica del sistema, hoy convertidos en el Centro Cultural Estación Indianilla. El trazo de la colonia también quedó marcado por el antiguo Canal de Derivación, que la cruzaba en diagonal y comunicaba a La Viga con la Romita, hoy convertido en la calle Doctor Claudio Bernard.
Parte de la colonia se levantó sobre el antiguo panteón del Campo Florido, del cual sobrevive una iglesia en la calle Doctor Lavista. También conserva joyas que en la actualidad pasan desapercibidas, como los murales de Aurora Reyes y Raúl Anguiano, en el Centro Escolar Revolución, o los de José Chávez Morado, en el Centro Urbano Doctores, en la calle Doctor Andrade.
Algunos sitios de entretenimiento han sucumbido al paso del tiempo, ejemplo de ello son los viejos cines con amplias salas, como El Maya, en el ahora Eje Central Lázaro Cárdenas, cerca de la plaza del mismo nombre, del cual sólo se conserva el inmueble, pero otros han sobrevivido: el popular salón de baile Balalaika y, por supuesto, la Arena México, inaugurada en 1956, donde cada semana la lucha libre sigue convocando multitudes.
Con el siglo XX llegaron las instituciones que definirían a la Doctores cual territorio de población en tránsito, característica que se conserva. En 1905, se inauguró el Hospital General; décadas después, el Centro Médico Nacional. A su alrededor se instalaron juzgados, tribunales y dependencias gubernamentales que convirtieron a la colonia en un nodo de circulación constante. “Eso le dio mucha vida cotidiana, pero también un estigma”, apunta.
Delimitada por la calle Doctor. Río de la Loza y Arcos de Belén, el Eje 3 Sur Contreras, Eje Central y la avenida Cuauhtémoc, la Doctores fue, desde su inicio, una colonia de perfil mixto: ni aristocrática ni marginal. Esa condición la mantuvo durante décadas a la sombra de sus vecinas las colonias Roma y Juárez. Con el tiempo, esa invisibilidad se transformó en estigma, especialmente por índices de inseguridad.
“Sí existió esa fama, pero ya no es como antes”, dice Ariel Corpus, antropólogo y vecino de la colonia, quien señala que sus habitantes saben por dónde caminar, qué calles evitar –como las que colindan con la colonia Buenos Aires, con la que comparten la concentración de comercios de autopartes–.
Pero también identifican dónde encontrar tranquilidad como el Jardín de las Artes Gráficas, que resguarda las antiguas bancas que estaban en el Zócalo en los años 50, y en el que se pueden observar a las familias que han arribado a la colonia cuando salen a pasear con sus mascotas.











