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Expresión corporal, teatro y literatura se funden en la obra Los hijos del azar

Se presenta este fin de semana en el Salón de la Danza

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▲ Marijosé Muriedas durante su interpretación en Los hijos del azar, pieza escénica que se presentará hoy y mañana en Insurgentes 3000.Foto cortesía de la artista
 
Periódico La Jornada
Sábado 17 de enero de 2026, p. 5

El espectáculo artístico Los hijos del azar, interpretado por el dueto Marijosé Muriedas y Josué Marco Gómez, es una mezcla entre danza y teatro creada a partir de textos de Rosario Castellanos, Julio Cortázar, Samantha Schweblin y Cristina Peri Rossi.

En entrevista con La Jornada, Josué Marco Gómez explicó los pormenores de esta pieza escénica con la cual buscan que el público reflexione sobre la melancolía, la ausencia y la soledad.

“Este proyecto nació como una pieza para dueto de corta duración, donde juntamos la danza contemporánea, el teatro y la literatura. Originalmente, era de 20 minutos; sin embargo, recibimos tan buena respuesta del público que decidimos ampliarlo. Recientemente, Danza UNAM nos invitó a ser la primera función del año y lo pondremos en escena en el Salón de la Danza”, comentó el coreógrafo.

La idea fue integrar una diálogo por medio de la reflexión de textos variados. Además de lo integrado por Marijosé Ruelas, también se inspiraron en textos de Rosario Castellanos, de quien se utilizó Poesía no eres tú; de Julio Cortázar, El futuro y Rayuela; de Samantha Schweblin, La respiración cavernaria, y Los hijos del azar, de Cristina Peri Rossi, que además da nombre a la obra.

“Nuestro principal interés era explorar las ideas del realismo mágico. En particular, como se acopló esa idea de la relevancia de lo cotidiano y llevarlo a escena. Pero cuando ya fuimos incursionando en la literatura el círculo se fue ampliando y probamos varios universos literarios.

“El más maravilloso fue el de Cristina Peri Rossi, porque nos dice que estamos en un mundo donde todo puede cambiar de repente, y que nuestras acciones funcionan como si arrojáramos unos dados, con resultados impredecibles, a pesar de nuestras intenciones”, explicó Josué Gómez.

Para los dos intérpretes de esta pieza, la manera de traducir estos poemas y encarnarlos está basada mucho en el gesto. Abstractos y literales, los cotidianos y los abstractos: “Practicamos movimientos que son cotidianos para nuestro estilo de vida y los fusionamos con nuestra experiencia dancística. Desde dar un beso, caminar y saludarnos, hasta crear contorsiones y este juego entre el movimiento acrobático e improvisaciones”, dijo.

Añadió: “la pieza, de entre 40 y 50 minutos de duración, fue como una aventura pensada para ser un puente entre nuestras acciones diarias y los vastos universos literarios en los que nos solemos sumergir brevemente.

“Utilizamos un libro y muchas hojas de papel a manera de metáfora de recuerdos. Dibujamos una rayuela en el piso y comenzamos a jugar con ella; jugamos avioncito y a partir de ahí estimulamos la memoria y los recuerdos. Lo conectamos con la imaginación y queremos que el público recuerde su infancia y a quienes ya no están con nosotros”, comentó Josué Gómez.

Durante los intervalos de la obra, Marijosé Ruelas lee un relato de su autoría en el cual se narra la historia de una niña que siempre buscó ser la número uno en todo lo que hacía, pero su afán la lleva a hacerse más chiquita hasta que llega a ser la más pequeña del mundo. Los papeles entran en escena para ser un juego de recuerdos de las “diferentes personas que vamos siendo a través del tiempo.

“Nos quisimos enfocar en cómo nuestros seres queridos van formando parte de cómo somos, de nuestra persona y, justamente, eso nos dice que somos no una, sino todas las acciones de quienes nos rodean hacia nosotros.

“La segunda parte la basamos en la pérdida y la manera en que dentro de esas situaciones caóticas podemos encontrar un pequeño rayo de luz que es la esperanza para seguir adelante y cómo despedir a quienes forman parte de nuestra vida”, explicó Gómez.

Además hay dos solos con los cuales los actores interactúan con el público. Uno que reflexiona sobre la masculinidad y cómo permitirse llorar y aprender a sentir. El otro es sobre el reflejo de la figura femenina, el cómo derribar los estándares de la belleza y de resistencia al paso del tiempo a los cuales están atadas las mujeres.

“Al armar esta historia aprendimos mucho, porque empleamos muchos recursos estratégicos para que el público absorba cómo damos forma a las historias mediante la danza. Muchas veces el público mismo no entiende qué sucede en las historias si las contamos sólo con los movimientos; entonces, quisimos ampliar nuestra obra para cambiar eso.”

La puesta en escena Los hijos del azar se presentó ayer y repetirá el hoy y mañana a las 12:30 horas en el Salón de la Danza de Danza UNAM (Insurgentes 3000, colonia Copilco Universidad, alcaldía Coyoacán). Entrada libre con cupo limitado.