Opinión
Ver día anteriorMiércoles 14 de enero de 2026Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Isocronías

Digresión y media

C

omo programa de acción o toma de conciencia de compositor o de cantor muy más que alentador resulta el que alguien, algunos, muchos piensen que la canción es poesía (cito a Francisco Barrios El Mastuerzo, quien en diálogo con Víctor Ronquillo citó a su vez un manifiesto de fin de siglo). Dicho en general y desde mi perspectiva arte sin poesía no hay, y hallo indispensable que toda obra de intención artística aspire a ello.

Demos un giro o viraje al tema: en términos “abstractos” toda canción convoca, invoca poesía. A ella impulsa, empuja; en ella procura desembocar… Y en sus momentos más afortunados (no tantos como uno desearía) lo consigue. Y logra otra cosa, difícil de expresar o de –para mí imposible– exponer: hacer que música (propia aunque pobremente dicho, melodía) y palabras transmitan profundamente lo mismo (¿arriesgo demasiado?): un sentir que es saber.

Músico no soy, y melómano (la voz, cierto, no me atrae), vaya, ¿cuándo? Sin embargo, gracias sobre todo a la radio (en mis tiempos el radio), siempre he puesto atención a las canciones. Y no tan vagamente creo recordar que Borges afirmaba que no hay libro malo o muy malo que no tenga una línea genial, y que Buñuel por su parte aseveraba que no existe película que no incluya una escena o toma memorables. ¿Canción no habrá que (pongámoslo en cursi) en alguno de sus momentos no atrape el alma?

“Sufrir (cesura) me tocó a mí (cesura) en esta vida (pausa, etcétera)”, comienzo del –según apunta un entusiasta escucha desde Hawái– “más grande éxito e himno de Los Solitarios” (que yo atribuía a Los Freddy’s, grupo de San Andrés o Villa Mariano Escobedo, Jalisco, donde crecí), une, reúne o unifica entonación oral (hablada) y musical (cantada) y ejemplifica lo que intenté decir arriba y acá algo extravagantemente trato de sintetizar: ese principio se conecta (nos conecta) con lo que conecta.

Quería hoy hablar de Ramón Palomares, poeta venezolano; de cómo (y en lo posible del por qué) ha sido varias veces puesto en canción el “Nocturno” de Manuel Acuña, y de –a mi extraño parecer finalmente– la relación entre trova y poesía. No se pudo.

Rematemos: Cuando Agustín Villegas Gómez, reconocido autor de Sufrir, debió (luego de la frase “y otra desilusión”) culminar su letra con el infinitivo del título, dudó y optó por (¿se le hizo imprudente repetir, siendo como hubiera sido tan efectivo?) “no la puedo aguantar”.