Opinión
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La sospechosa funcionalidad geopolítica del narcotráfico
E

l triple ciclo del petróleo, las armas y las monedas se hace presente en la ilegal cuanto violenta incursión de Trump en Venezuela. La democracia ha dejado de ser la coartada intervencionista –la palabra no aparece ni una sola vez en el discurso de Trump del 3 de enero– y se muestra con nitidez la ambición de Washington por apoderarse de los recursos petroleros venezolanos.

No sólo eso: en un lúcido artículo en estas mismas páginas (“El petrodólar en el siglo XXI”, La Jornada, 06/01/26), Alonso Romero devela otra importante motivación detrás de la ofensiva estadunidense: impedir que el yuan chino se coloque como una moneda ordinaria en el mercado petrolero, lo que vendría a debilitar aún más al dólar.

Hay un cuarto factor que debe considerarse entre los ejes de la reconfiguración geopolítica mundial: el narcotráfico. Al menos en el hemisferio occidental está jugando fuerte, como pretexto o como causa de fondo, para este realineamiento.

El narcotráfico no puede considerarse como una excrecencia, un efecto perverso del capitalismo actual. Así como los corsarios de los siglos XVI al XVIII no pueden considerarse como factor externo a la formación del capitalismo. El inglés Francis Drake, el holandés Peter van der Does y otros más desarrollaron su piratería gracias a las patentes de corso entregadas por sus respectivos imperios. El saqueo que llevaron a cabo fue muy importante para la acumulación de capital de su patria de origen. Y la piratería sigue ahí, señala Boaventura de Sousa Santos: “Otra señal de recolonización es el regreso anacrónico de la piratería. En tiempos de paz o de guerra no declarada, interferir en la navegación en aguas nacionales o internacionales es un acto de piratería”. La US Navy lo acaba de demostrar en aguas del Caribe.

Algo parecido sucede hoy con el narcotráfico. No es una “enfermedad del capitalismo actual”, sino una especie de pariente mal visto, pero muy útil para el proyecto actual de acumulación, dominación y colonialismo cumpliendo varias funciones:

El narcotráfico es una gran coartada para la intervención militar de Estados Unidos en Latinoamérica. Así lo revela el reiterativo discurso de Trump. La utilizada en la práctica contra Venezuela y como amenaza para intervenir en Colombia o México.

Es un pretexto también para legitimar no sólo la intervención armada en otros países, sino para justificar la subordinación de sus políticas de seguridad a la de Estados Unidos.

No es casual tampoco que el narcotráfico se implante en espacios de México y América Latina para controlar los territorios donde las trasnacionales imponen proyectos de explotación minera, forestal o hídrica. La acción del narco busca amedrentar cualquier protesta o movimiento de las comunidades locales, controlar el territorio y, además, cobra un derecho de piso que está contemplado en los costos de las empresas extractivistas.

El narcotráfico debilita a los estados del Sur global, sobre todo en Latinoamérica, por dos razones principales: porque se apropia del control territorial de zonas completas de los países, desafiando a los gobiernos. Y porque los gobiernos tienen que destinar enormes sumas al combate del tráfico de estupefacientes en fuerzas armadas, equipo, logística, etcétera, que de otra manera se emplearían en inversión social: educación, salud, vivienda. Tienen que dedicar al combate de los efectos buena parte de lo que podrían invertir en el combate a las causas.

El narcotráfico también funciona como canal de enormes recursos financieros que escapan a todo control fiscal, aduanal y a toda rendición de cuentas. No son sólo los cárteles latinoamericanos tan satanizados por Trump los únicos protagonistas y beneficiarios de este ingente flujo de recursos, sino también la red oculta de capos de capos, de políticos y funcionarios estadunidenses “de cuello blanco” que cosechan los miles de millones de dólares que circulan por las redes de suministro de narcóticos al país con más adictos de todo el planeta.

Y, penúltimo, porque esta enumeración de funciones del narcotráfico no pretende ser exhaustiva: la estructura del narcotráfico proporciona un “bien” (los estupefacientes) que viene a satisfacer la pulsión, largamente cultivada, largamente propiciada por el capitalismo a nivel cultural, por escaparse a una realidad agresiva y adversa, por aguantar las agotadoras y monótonas jornadas de trabajo, por sumarse a la cultura del consumismo-hedonismo-individualismo propiciada también por el capitalismo actual. En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca a fines del año pasado, se insiste en atender los aspectos culturales para asegurar la hegemonía estadunidense.

Coartada para algunos fines, medio útil para otros, el narcotráfico real o exagerado es sospechosamente funcional para los fines de la construcción del colonialismo y del dominio estadunidenses según Donald Trump. Si no existiera, lo inventaría.