La estructura pasó por un proceso complejo de restauración, informó el Centro INAH en esa entidad
Martes 13 de enero de 2026, p. 5
El monumento identificado como Estela 46 se exhibe por primera vez en el Museo de Arquitectura Maya, Baluarte de la Soledad, en la ciudad de Campeche, luego de un proceso de conservación-restauración en el que intervinieron especialistas del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de esa entidad y de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRM) Manuel del Castillo Negrete.
La directora del instituto en Campeche, Adriana Velázquez Morlet, quien colabora en el análisis de la pieza, apuntó que intervenirla fue un proceso complejo, ya que la piedra caliza del sur de ese estado tiende a tener alteraciones intrínsecas y extrínsecas, lo cual dificulta la preservación de su materialidad y, con ello, el registro de los textos o figuras esculpidas en ella.
El monolito data del periodo Preclásico Tardío (siglo I) y proviene del sitio arqueológico El Palmar, ubicado en el sur del estado. Mide 3.64 metros de alto y 70 centímetros de ancho, y tienen un grosor de entre 48 y 50 centímetros. Además, tiene un peso aproximado de cuatro toneladas. Para su conservación, la estela fue trasladada a la capital de Campeche en la década de 1980.
De acuerdo con Velázquez Morlet, la forma que tiene denota su origen temprano. “Con el tiempo, las estelas se hicieron con formas más definidas. Ésta tiene el tamaño del bloque elegido originalmente, que no fue trabajado para darle una forma particular, lo cual se fue afinando con el paso del tiempo”, explicó.
Antes de ser enviado al Baluarte de la Soledad, el INAH registró la pieza en tercera dimensión mediante fotogrametría, e hizo un diagnóstico de su estado de conservación, que incluyó el monitoreo de temperatura y humedad ambientales y de la superficie de la piedra. Los procesos de limpieza, consolidación y reintegración volumétrica y cromática del equipo de restauración de la ENCRM comenzaron tras su arribo al museo.
“Todos los procesos fueron guiados por las normas, principios y criterios de conservación arqueológica. Gracias al diagnóstico, no sólo se contó con una base rigurosa para la toma de decisiones, sino que se creó un expediente cero para monitoreo a futuro”, indicó la titular del seminario-taller de Conservación Arqueológica en la ENCRM, Isabel Medina-González.











