Martes 13 de enero de 2026, p. 4
Osaka. El verde es un color especial para la cultura japonesa. Representa naturaleza, fuerza, viento, voluntad, crecimiento y los ciclos de la vida. Estos conceptos fueron plasmados en la tierra con una técnica milenaria, centro de la exposición Celadón: Los objetos luminosos del lejano Oriente, organizada por el Museo Oriental de Cerámicas de Osaka.
Ubicado en el distrito comercial de Kitahama, a las orillas de un canal del río Tosahori, el recinto alberga la muestra en la que se desmenuzan las características de una técnica especial de alfarería, muy popular en la antigüedad, basada en un recubrimiento hecho de motas de hierro y altas temperaturas, que permite a la piezas obtener un característico color verde, cercano al jade.
Originado en China, el celadón nació en el siglo II; posteriormente, llegó a Corea y de ahí a Japón. El término es una adaptación occidental tomada de la novela La Astrea, escrita en el siglo XVII por el francés Honoré d’Urfé, que lo empleó para describir el color del ropaje de un personaje.
Sin embargo, el nombre oficial de esta técnica varía según el país en el que se estudie: para los chinos es qingci (que puede traducirse como “porcelana verde”), en cambio para los coreanos se llama ch’ongja, con el mismo significado, y para los nipones es seiji. A pesar de las diferencias lingüísticas, esta cerámica fue para todas esas culturas símbolo de poder, realeza y divinidad.
Cada cultura refinó a su manera los colores y moldeó las piezas para adecuarlas a conceptos espirituales. La mayoría están basadas en aspectos de la naturaleza, como árboles, bosques, nubes y flores de loto, mientras otros reflejan aspectos de figuras mitológicas, como dragones, tigres y espíritus antiguos.
“Ésta es una de las exposiciones más bellas que hemos hecho. Es un vistazo no sólo a nuestro pasado como Japón, sino a nuestros trabajos cerámicos en tanto culturas unidas.
“Son extremadamente raras; con mucho esfuerzo conseguimos reunir apenas 10 piezas que han sobrevivido a guerras, saqueos y al paso del tiempo, son artículos exquisitos”, refirió a La Jornada Shigeko Shigetomi, curadora de la muestra.
“Antiguamente, los ríos y fuentes lacustres de donde sacaron el barro para estas piezas poseían algunos pequeños gramajes de jade, material escaso de por sí, pero con la explotación de los yacimientos, lo fue más. Por ello resultó tan importante para las sociedades de ese entonces copiar esos colores, porque era un símbolo no sólo de poder, sino de verdadera riqueza, de los gobernantes y de territorios completos”, explicó la experta.
Entre los objetos se encuentran jarrones, figurillas pequeñas, urnas funerarias, jarras, platos, incensarios, recipientes para sake y teteras del siglo XIII.
Las piezas, la mayoría procedentes de entre los siglos XIII al XVII, son piezas invaluables que forman parte de importantes colecciones privadas y públicas, como la coreana Rhee Byung-Chang, la japonesa Ataka y, por supuesto, la proveniente del mismo Museo Oriental de Cerámicas de Osaka.
“Somos afortunados porque el trabajo del celadón no se extinguió por completo, sino que fue heredado por generaciones, por ello lo tenemos bien documentado; sin embargo, con el tiempo, los artesanos fueron modificando su estilo de trabajo, principalmente para adaptarse a lo que tenían a la mano, y muchos detalles de la forma de trabajo de estos pueblos quedaron en el olvido”, concluyó Shigeko Shigetomi.
La exposición Celadón: Los objetos luminosos del lejano Oriente se exhibirá hasta el 24 de noviembre en el Museo Oriental de Cerámicas de Osaka, ubicado en el departamento de Kitahama, Osaka.











