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Ataque sobre Caracas
EU vive una crisis y pérdida de hegemonía, afirma especialista

Silvina Romano declara que el operativo en Venezuela cuestiona a la institucionalidad estadunidense

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▲ Las movilizaciones en Caracas a favor de Nicolás Maduro continuaron ayer.Foto Ap
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▲ La investigadora del Celag afirma que para el ataque en suelo venezolano se preparó el terreno por décadas.Foto La Jornada
 
Periódico La Jornada
Lunes 12 de enero de 2026, p. 4

Lejos de ver una demostración de poderío en el operativo Resolución Absoluta del ejército de Estados Unidos contra Venezuela el pasado 3 de enero –que destruyó parte de la defensa antiaérea venezolana, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, y mató a más de un centenar de personas en tierra–, la investigadora Silvina Romano, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), interpreta ese golpe de Washington como una señal de decadencia.

“Esto es señal de una crisis de debilidad y pérdida de hegemonía en Estados Unidos. Todo esto tiene más que ver con los intereses, las corporaciones, en especial de la industria militar. Pero cuando se toman este tipo de decisiones violentas e ilícitas, saltándose toda norma de diplomacia y de derecho internacional, también se viola la ley interna. Y ahora lo que está en juego es toda la institucionalidad estadunidense. Hay que ver cómo se saltaron al Congreso para este acto de guerra contra Venezuela.”

Estas señales de desgobierno y uso bruto de la fuerza fueron manifiestas y marcan el modo de regir de Donald Trump desde el asalto del Capitolio (enero 2021) en Washington, indica.

Y recomienda esta especialista en relaciones de América Latina y Estados Unidos desde la guerra fría hasta la época actual, compiladora del libro Trumperialismo, la guerra permanente contra América Latina, “ahí es donde nosotros como latinoamericanos tenemos que poner el foco”.

–Ante hechos así en automático uno piensa en fuerza; fuerza bruta si se quiere. Pero poderío. A primera vista uno diría que, si son capaces de realizar una operación bélica tan sofisticada, es porque se trata de una nación muy poderosa desde el punto de vista militar, tecnológico, con una gran capacidad de espionaje e infiltración.

–¿Y qué es esa demostración de fuerza sin un consenso interno? Estamos viendo mucho descontento, no sólo una falta de adhesión al interior de su gobierno. Muchos congresistas, incluso republicanos, se manifestaron en contra. Incluso Hillary Clinton, halcón entre halcones, ya salió a decir que esto fue un despropósito.

–Aunque la Casa Blanca cuenta con el apoyo de un núcleo duro…

–Entre las cúpulas de las corporaciones empresariales, sí. En esta su segunda administración, Trump tiene el mayor consenso en ese sector. Hay que recordar que ese respaldo no lo tenía de la misma forma en su primer periodo. En ese tiempo también apeló a la Doctrina Monroe (a través de su secretario de Estado, Rex Tillerson, en un discurso en 2018) pero su idea no caló. Ahora sí. Ese núcleo duro de las corporaciones está viendo oportunidad para sus negocios y ampliar sus poderes. Y tiene un contexto favorable con el ascenso de los gobiernos de derecha en la región.

El expansionismo desde el siglo XIX

–Al parecer, Trump interpreta la Doctrina Monroe como “hacemos lo que queremos en el hemisferio”. Algunos historiadores consideran que esa visión tan reducida va en contra del espíritu de la doctrina que es para “salvaguardar la democracia” en la región.

–La Doctrina Monroe, desde su origen, es expansionista. No se trataba de “proteger” el hemisferio, sino de asegurar ese territorio como esfera de influencia imperial.

–Lo que se vio el 3 de enero realmente no fue inesperado, pero sí tuvo un desenlace distinto al previsto, con el mantenimiento del resto del Estado venezolano más o menos intacto.

–No fue un proceso que se planeara en cinco meses. Fueron décadas de preparar el terreno, desde que asumió la presidencia el comandante Hugo Chávez, que fue banalizado, criminalizado, denigrado, calumniado. A su muerte, Nicolás Maduro empezó a vivir este proceso de satanización desde el primer minuto, apoyado por la opinión pública internacional.

“Y fue cercado. Los aliados de los gobiernos progresistas latinoamericanos que había entonces no los tuvo Maduro al final. Y todo, en medio de un cerco no sólo económico, sino también político y militar. Estamos hablando de una reorganización geopolítica de Estados Unidos en toda la región para contener el proceso venezolano.”

Silvina Romano, investigadora también del Consejo Nacional en Investigaciones Tecnológicas y Científicas (Conicet) y autora del libro Lawfare, cita datos de ese cerco: en territorio peruano operan 18 Centros de Operación de Emergencia Nacional con personal militar estadunidense. Desde antes de 2023 se desplegaron más de 2 mil militares de Estados Unidos con armas de guerra, aeronaves y barcos. Además, durante el gobierno de Dina Boularte, Lima recibió más de 200 mil dólares de cooperación para la seguridad.

Además, están las bases militares que prevalecen en Colombia y Ecuador.

Trumpimperialismo

En el libro Trumpimperialismo (publicado en 2020) la coautora Tamara Lajtman concluye que “el establecimiento de estrategias militares a nivel continental, sustentadas en la redefinición de enemigos y amenazas a la seguridad hemisférica, da cuenta del carácter militarista del imperialismo estadunidense que trasciende el color de las administraciones (republicanos o demócratas)”, pues articula las estrategias del Pentágono con el complejo industrial militar.

En este capítulo también se recuerda la afirmación del almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur, quien ya en 2019 advertía que habría un aumento en la presencia militar estadunidense en el hemisferio y que eso incluiría barcos, aviones y fuerzas de seguridad “para –dijo– tranquilizar a nuestros socios y contrarrestar amenazas que incluyen el narcoterrorismo”.

Retoma Romano: “Por eso digo que para este acto de guerra se preparó el terreno durante décadas. Fue precedido por toda esta operación de descrédito y de guerra sicológica, en el que participan los grandes medios de comunicación y las agencias. Por eso fue fácil para decenas de gobiernos y muchas agencias internacionales desconocer el proceso democrático de Venezuela por no seguir las pautas de la democracia representativa procedimental de Estados Unidos.

“Fue una declaración de guerra convencional con el uso de la fuerza pura y dura, con la tecnología más avanzada y en un contexto en el que se venían dando varias guerras no convencionales, guerras híbridas.”

–Uno entendería una guerra convencional con el despliegue de topas. ¿Por qué esto es diferente?

–Mi hipótesis es que el conflicto militar orquestado por Estados Unidos en el Medio Oriente por décadas ahora se traslada a nuestro hemisferio. Y es también una guerra para la captura de los recursos naturales que, de este lado del mundo, son para Estados Unidos más baratos y geográficamente accesibles. Y la industria militar los está requiriendo con urgencia para su expansión.