El futuro de Morena // Urge sanear a militancia y dirigencia// Aprovechar los oficios de Durazo
omo un gesto en bien de la ciudadanía y para acompañar con certeza, desde Morena, a la reforma política que viene, el partido en el poder debería sanear su militancia y cambiar, de una vez por todas, a su dirigencia.
Se requiere de alguien que concite nuevas formas de entendimiento entre la militancia y su dirigencia. La importancia de Morena en el futuro inmediato será más importante de lo que muchos, hasta dentro del partido, suponen.
El hoy gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, que muy pronto dejará el cargo, podría ser, por experiencia y fuerza política, el presidente que Morena ha buscado. No se necesita de un análisis muy profundo para entender lo que es muy obvio: Morena no funciona y requiere un cambio urgente.
El partido está en un punto de inmovilidad producto de la falta de rumbo, de su incoherencia política, que lo ha borrado de las discusiones trascendentes para el país, pero en su lugar ha colocado a una pila de personajes respondones que no dejan pasar ningún chisme relacionado, principalmente, con algunos de sus militantes.
Para algunos miembros del organismo el asunto es que el partido no ha cambiado, que se concibió como una máquina sin moral cuyo objetivo es ganar elecciones a como dé lugar, y que esa premisa impide establecer un perfil claro para el partido.
En ese sentido, esos mismos militantes advierten que la actual dirigencia nada decide porque no está ahí para eso, sino para obedecer órdenes, aunque no saben con claridad de dónde provienen los mandatos; pero además, porque hay un enorme desconocimiento e incapacidad en la cúpula del partido.
Entonces, de ninguna manera se trata de una ocurrencia decir que el hoy gobernador de Sonora podría hacerse de la presidencia de Morena. Esto, que ya se ha discutido entre algunos morenistas, no es tan descabellado si tenemos en cuenta que la trayectoria política de Durazo alcanza para llegar a la dirección partidista.
En la actualidad, Durazo es el presidente del Consejo Nacional de Morena, así que conoce bien los problemas que aquejan al organismo y también sabe lidiar con una militancia tan desigual como la de ese partido.
Durazo ha sido senador, secretario de Seguridad, diputado al Congreso de la Unión y también secretario particular de Vicente Fox cuando este pasó por la Presidencia de la República. Su labor en partidos políticos encaja muy bien en Morena. Fue priísta, de los duros, de 1978 a 1999; de 2000 a 2004 se vistió de azul para desempeñarse como panista, pero un año después cambió de casaca y se enfundó en el amarillo del PRD, pero cambió en 2012 a Movimiento Ciudadano y luego se trepó a Morena.
Su huella por la labor política nos dice que ese puede ser el hombre que por fin le dé congruencia a Morena, que hoy, digan lo que digan, está deshilachado y muy lejos del trabajo que en bien de la sociedad debería cumplir.
Y para Durazo, que ya acumula muchos años de labor, sería un excelente cargo para difundir sus experiencias. Aunque es muy difícil que cambie Morena en lo inmediato, sobre todo porque se tienen encima las elecciones intermedias, bien valdría la pena intentar hacer, por fin, de Morena un partido político, aunque existan quienes supongan que no se necesita más que la máquina. Aguas.
De pasadita (I)
Con la finalidad de dar continuidad a la campaña que se ha desatado en contra de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, se hizo circular la especie de que la funcionaria mostró en público su disgusto con el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Quienes difundieron la falsa información no tienen idea de quién es la secretaria y tampoco García Harfuch. Baste decir que entre ella y él existe una coordinación de trabajo muy estrecha, muy clara y muy eficaz. Eso es todo.
De pasadita (II)
Es español, se llama Josu Jon Imaz. El sujeto fue miembro del Parlamento Vasco y antes del Parlamento Europeo, hoy pertenece a la compañía Repsol y es el mismo que le dio las gracias a Donald Trump por lo hecho en Venezuela.
Mientras los representantes de las firmas más importantes del sector petrolero –Chevron, Exxon Mobil y Shell, entre otras–, reunidos con el agente naranja en la Casa Blanca, dudaban del éxito que pudieran lograr sus inversiones en Venezuela, el español aplaudía a Trump y se declaraba, junto con la empresa a la que representa, listo para invertir. Así no se puede.











