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Estados Unidos: poder y retroceso
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a década de los 60 del siglo pasado en Estados Unidos fue muy especial y lo que allí ocurrió tuvo efecto en el resto del mundo. Por ejemplo, por el escándalo Watergate, que obligó a renunciar a Richard Nixon a la presidencia. La prensa, los noticieros de televisión y la radio, no eran objeto de represalias, ni condenas públicas por los hombres de poder. Fueron los que divulgaron las atrocidades del ejército estadunidense en Vietnam. La participación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) y de Henry Kissinger, en el derrocamiento del presidente Salvador Allende. Otro personaje exhibido en los medios fue Robert McNamara, por ocultar documentos en los que se demostraba que Estados Unidos nunca vencería al pueblo de Vietnam.

También al final de la década un actor sin empleo: Ronald Reagan, se enfiló a lograr el más importante: en la Casa Blanca, desde donde después su esposa Nancy, emprende la lucha contra las drogas, cuando ella era una adicta. Es Reagan, antes que Trump, el que promete regresarle la grandeza a su país, y convertirlo en el faro de la libertad mundial. Y algo absurdo: una película mediocre, Rocky, se alzó con el Oscar y con los premios de mejor director, mejor edición y mejor guión. Relegadas quedaron las clásicas Todos los hombres del presidente, Taxi driver, Poder que mata y Esta tierra es mía.

Pero también en esa década en el país vecino ocurre un hecho importante durante el mandato de Nixon: la creación, en 1970, de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Fue el resultado del consenso entre los representantes republicanos y demócratas ante el clamor de los centros de investigación, los especialistas más destacados en salud y la población, sobre la necesidad de regular las emisiones de los vehículos automotores, evitar la contaminación del agua por desechos industriales de todo tipo, destacadamente algunos altamente tóxicos, y garantizar un aire más limpio de partículas y otros contaminantes. Uno de pésima calidad, el que se respiraba en la ciudad de Los Ángeles.

La protección del medio ambiente se convirtió a principios de esa década en una prioridad nacional. Mas no fue fácil de establecer, pues las industrias más contaminantes (las de hidrocarburos y el carbón, en primer lugar) influyeron en el Congreso y en Nixon, y en sus sucesores Gerald Ford y Jimmy Carter, para reducir los alcances de las nuevas regulaciones de la EPA. Alegaron que los costos de garantizar menos contaminantes eran muy elevados y se reflejarían en los precios de sus productos. También pagaron a “expertos” en medio ambiente para demostrar que sus factorías no contaminaban. O que sus desechos eran inocuos.

Pero con el ascenso de Reagan a la Casa Blanca en 1981, la obligación de proteger la salud pública comenzó a reducirse porque el mandatario la veía como un serio obstáculo para lograr un aumento de las actividades económicas y garantizar la supremacía en los mercados. Y a ese propósito se oponían las regulaciones establecidas en las administraciones anterior en torno al medio ambiente. En varias ocasiones sostuvo que el aumento del gasto público y la excesiva regulación del gobierno al sector empresarial, como era el caso de las que más afectaban el medio ambiente, habían frenado la prosperidad.

Su principio sobre todo lo anterior lo resumió en el dicho de que “el gobierno no era la solución a todos los problemas del país, sino el problema”. Eliminó entonces la oficina de cumplimiento de la EPA para limitar la “regulación innecesaria”. Abarcó a 80 por ciento de las medidas para hacer cumplir las regulaciones ambientales. Y para completar el cuadro negativo, designó al frente de la EPA a Anne Gorsuch Burford, una legisladora estatal de Colorado, que siempre se opuso con su voto a la limpieza de los residuos tóxicos y a los controles para reducir la contaminación vehicular.

El principio de adelgazar al máximo la intervención gubernamental en temas del medio ambiente y la salud lo siguieron con sus variantes las administraciones presididas por el partido Republicano. Y con mayor rigor las dos de Trump, que ha disminuido drásticamente el papel de la EPA. Con ello ha aumentado los daños a la salud pública y al medio ambiente de Estados Unidos y el mundo, como veremos el lunes próximo.