Opinión
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Automovilismo
–M

i nombre es Luis Alberto Medina. Mi pasión por los coches y las carreras de autos surge desde muy pequeño al ver a los hermanos Rodríguez y porque a los 8 años fui con mi papá a una carrera de go karts. Fuimos a Cuautla porque un amigo suyo, Jorge de la Parra, muy buena onda, nos invitó a una carrera y me gustó mucho el ambiente, los coches, la carrera en sí, la emoción de todos.

(Luis Alberto Medina, joven de 22 años, alto y delgado, corredor profesional de automóviles accede a concederme una entrevista que agradezco porque inicié el año con una gripa atenazadora. Él, alto y delgado, su rostro abierto a las preguntas, acepta venir de Puebla, donde vive y estudia, para responder a mis preguntas sobre carreras automovilísticas.)

–Noel León, que es hijo de un mecánico motorista, muy famoso de Monterrey empezó los karts con su papá y tenía mucho talento y le empezó a ir muy bien, consiguió muchos patrocinios; varios lo llevaron a competir en Estados Unidos. También corrió Nascar, en México, y ganó. Él llegaba con los patrocinadores y decía: “Yo soy el mejor piloto de México y voy a llegar a la Fórmula 1”, que es la categoría más importante. Noel León es la persona menos adinerada del deporte y de las que más lejos ha llegado, es el primer campeón. Ahorita compite en Fórmula 2, que es un paso antes para llegar a la Fórmula 1, y es talentosísimo. Es muy padre su historia porque fue mucho esfuerzo, mucho talento, mucha dedicación y sacrificio dentro y fuera de la pista ir a tocar puertas y pedir patrocinios. Y lo logró. La verdad es que lo está haciendo fenomenal. Noel León es de los mayores talentos de la historia del automovilismo.

–¿Se debe tener cierta complexión para ser piloto de carreras?

–Preferentemente es bueno no ser muy alto para que en los coches los ingenieros puedan distribuir el peso; lo mejor es ser chaparrito y estar muy fuerte. No hay peso mínimo, pero sí máximo es de unos 70 u 80 kilos.

–¿Qué se siente ir a gran velocidad?

–¡Me fascinó! La primera vez que subes a un kart es como ir al espacio, es una de las mejores sensaciones que hay en el mundo y no se vuelve a repetir por más que te subas a un coche más grande, no se siente lo mismo que ésa primera vez.

–¿Te sientes el dueño del universo?

–O más bien que viajas por el universo rapidísimo. Me subí al kart, di unas vueltas y un coach le dijo a mi papá: “Este chavo maneja muy bien.” Mi padre me compró un go kart y así empecé en ese deporte que, obviamente, depende mucho de tus papás, porque es muy caro; no es como el futbol, que agarras una pelota y te sales a jugar a la esquina. Para correr un kart necesitas una pista, necesitas un kart, un casco. Sí, es un deporte muy exclusivo. A escala nacional hay 150 pilotos que ya compiten, eso equivale a 10 equipos de futbol.

–¿Y cómo consiguen patrocinios? ¿De qué depende?

–En automovilismo, los karts son el nivel más básico. Los conocidos, gente con dinero, son quienes apoyan a los pilotos, alguien que quiera poner su marca en el kart y que tengan esa afición. Conforme vas ascendiendo a otras categorías, que son las Fórmulas, la Nascar o la Supercopa, que son coches bastante rápidos, adquieres visibilidad. Pasas en televisión, compites en eventos a los que asiste mucha gente. Uno en México es el Speed Fest, en ese compite en muchísimas categorías, en el Autódromo Hermanos Rodríguez va mucho público. A las empresas les interesa estar ahí para que la gente vea sus marcas y por eso patrocinan los pilotos en las carreras. Ya metido en los karts hay que tocar puertas o conocer a alguien que te quiera apoyar.

–¿Cuánto cuesta un cochecito así?

–Unos 10 mil o 20 mil, que sí es algo significativo, pero conforme más grande es la categoría, más caro se vuelve todo. Dentro de los karts, conforme a la edad, van siendo coches más rápidos y más sofisticados. Un kart es muy sencillo, lo más importante es el chasis que es de metal; sus llantas, un eje trasero, disco de freno muy simple, y es algo que hace muy bonito ese deporte. Sí hay mucha competencia. En categorías más altas hay mucha más tecnología, el cómo se construyen los autos y eso hace desigual la competencia. Un go kart en sí mismo es muy simple.

–El deporte del pueblo es el futbol, ¿verdad? Hasta en los pueblos más pobres hay una cancha. La gente hace equipos. Es casi como de religión, porque tiene algo de devoción ya que reúne a tanta gente en torno a un solo objetivo: el gol.

–Es el deporte más visto en el mundo. Reúne a los amigos, a las familias. En las regiones con menos recursos del país, es muy probable que haya niños que juegan futbol. Sería muy bueno que los gobiernos apoyaran al deporte.

–¿Y con los go karts aprendiste de mecánica?

–Principalmente del chasis, porque como es muy sencillo es fácil entenderlo y hacer ligeros cambios que te ayuden a tener ventajas por mínimas que sean. En karts se pelean décimas de segundos, dos o tres décimas puede ser bastante significativo en una carrera porque influyen en el lugar que sales en tu próxima competencia: el que hace el mejor tiempo sale primero; luego, el segundo mejor tiempo y así, sucesivamente. A veces, entre un primer y un décimo lugar hay hasta tres décimas de diferencia, es casi nada. Para conseguir esas décimas de ventaja, hay que ajustar tu chasis; hay marcas, sobre todo italianas y francesas. En México había una muy buena, pero la descontinuaron. Todo lo del motor de un go kart lo revisa un motorista para que puedan competir. Sólo hay una pieza del motor con la que sí se tienen que involucrar mucho el piloto y esa es el carburador porque regula la cantidad de aire y de gasolina que le entra al motor. El carburador se puede ajustar durante la carrera y te puede dar una ventaja sobre los demás competidores.

–¿Desde un principio aspirabas a la victoria?

–A la victoria sí, porque el objetivo de los go karts es ganar carreras. Actualmente entreno a niños que corren karts y otros que no son tan niños apasionados por correr. Una de las primeras lecciones que doy es que el objetivo es ganar. En surf, el objetivo es surfear la ola, superarla; en los go karts, es ganarle a otro humano.

–¿Qué le dices a un niño que tiene la aspiración de llegar en primer lugar y no lo logra porque otros fueron más veloces? ¿Cómo lidias como coach con esa sensación de fracaso y ese llanto a moco tendido?

–Pues es horrible y pasa en todas las carreras, pero hay días de preparación y entrenamientos. Esas prácticas deben aprovecharse al máximo para que el piloto aprenda a tener carácter, porque cada uno tiene procesos y mentalidades diferentes.

–¿Tienes que calcular cómo tomar la curva, en qué momento pisar más el acelerador o qué riesgo corres si manejas mal?

–Sí, claro, es algo que se tiene dentro, porque el cuerpo sabe qué hacer cuando manejas en la calle y ves el semáforo, sabes cuándo frenar, cuándo acelerar. Lo mismo pasa con los coches de carreras: tu cuerpo sabe cuándo frenar antes de llegar a una curva y cómo tomarla. Mientras manejas, analizas tu estrategia para llegar a la meta y debes poner mucha atención a la pista, vas viendo en qué momento es mejor rebasar a los otros competidores, prever riesgos, esperar un poco o ser más agresivo al pisar el acelerador.

–Así como en otros deportes o en el mismo futbol, ¿existen becas para niños aficionados a los go karts, al automovilismo?

–En México no, en ciertos países europeos el automovilismo sí tiene apoyo económico. No existen becas, pero cuando un piloto es muy bueno se consiguen patrocinios.

–¿Tú sigues corriendo?

–No, ya no, ahora entreno a niños y jóvenes. La sensación de correr es superadictiva y muy divertida, el coaching también tiene una parte muy padre, la de influir en la vida de alguien. Pienso que a mis 22 años no soy tan grande como un señor ni tan chiquito como niño, y eso me ayuda a orientar a los pilotos que entreno. Afortunadamente, he tenido muy buenos resultados, dos de mis pilotos ganaron el pase al mundial, ya fui a uno con otro piloto; hasta ahorita llevo como cuatro campeonatos en dos años. Es bonito que los pilotos me busquen aun fuera de la pista, que los papás se muestren agradecidos por el resultado y desarrollo de sus hijos. El kart da una habilidad muy única, la resiliencia porque por más perfecto que tengas todo, puede fallar cualquier cosa y ahí te quedas, se terminó tu carrera. Esa probabilidad le pasa a todos los pilotos, ninguno está exento de una falla mecánica o un accidente.

–Pero, ¿qué sentido tiene jugarse la vida por una carrera?

–En mi opinión, ningún deporte vale la vida de nadie, por más grandioso que sea el logro, porque después te vas a tener que ir a dormir a tu casa solo o con tu pareja o tus papás, y al día siguiente te vas a tener que levantar siendo la misma persona. Tu vida sigue después de cualquier logro que tengas; siento que es una tontería sacrificarla por 10 minutos de gloria.