o me refiero al arte y la salud, aunque definitivamente el arte sí tiene un efecto sanador, porque la felicidad que nos provoca hace que el cerebro libere una cascada de hormonas como dopamina, serotonina, endorfinas y oxitocina. Les menciono algunos efectos: mejoran la motivación, el placer y el aprendizaje, regulan el estado de ánimo, el sueño y el apetito, reducen el dolor, generan bienestar y fortalecen los lazos sociales. ¿Qué tal?
En conclusión, la felicidad es una medicina natural y a pesar de todos los problemas, los que vivimos en esta ciudad, aunque estamos en invierno y hay días muy fríos, la tenemos a mano; prácticamente siempre tenemos sol, follaje por doquier y ¡hasta flores! En una corta caminata sabatina conté 12 especies diferentes: agapantos, malvones, lirios, bugambilias, ojo de poeta, rosas, plumbagos, clivias, copas de oro, floripondios, banderitas españolas, que son unas florecita de tres colores, primorosas y, por supuesto, nochebuenas.
Me salí de tema, porque el motivo de esta crónica es hablarles de la exposición que muestra el resultado de la octava edición de la Bienal Arte/Sano ÷ Artistas, uno de los proyectos más relevantes del Museo de Arte Popular (MAP) que busca promover el diálogo creativo entre la artesanía tradicional mexicana y las expresiones del arte contemporáneo.
La bienal tiene como fin romper las fronteras entre lo artesanal y lo artístico, propiciando un encuentro entre artesanas, artesanos (en metalistería, alfarería, talla en madera y hueso, marquetería, textiles, cartonería, lapidaria, talavera, papel picado) y artistas (diseñadores, arquitectos, artistas plásticos y visuales) entre algunas de las disciplinas participantes. El objetivo es crear obras únicas que revaloran las técnicas tradicionales a través de una mirada innovadora.
Después de siete ediciones, se puede atestiguar la merecida continuidad de este proyecto que refuerza la certeza que le dio origen: mostrar que el quehacer de artesanos y el de artistas no son actividades disociadas, producto de lo popular uno y de lo culto el otro, sino campos de creación humana donde la imaginación y el talento se unen.
El MAP considera que ha logrado a través de esta bienal un notable y enriquecedor ejercicio de articulación entre dos campos creativos, reafirmando la importancia del arte popular como un lenguaje vivo, en constante transformación, que sigue inspirando a las nuevas generaciones de creadores.
En la exposición de esta octava edición se puede apreciar el trabajo paralelo de 11 equipos de mujeres, 12 equipos de hombres y 27 equipos mixtos, de diferentes estados del país. Es muy interesante ver obras contemporáneas realizadas con materiales y técnicas tradicionales y que en algún aspecto, no dejan de mostrar su herencia ancestral.
Esta muestra temporal ocupa una sala, así es que estando aquí, es imposible no darse una vuelta por el resto del museo que en sus distintos espacios muestra el arte popular relacionado a la vida cotidiana, lo sagrado y lo fantástico. La enorme riqueza que guardan nos revela cómo es parte integral de la cultura y es dinámico. Podemos disfrutar el uso de las mejores muestras de: hilados y tejidos, bordados, papel picado, talabartería, alfarería, orfebrería, madera, cartonería, cestería, juguetería, pirotécnia, pintura, figuras de azúcar, laca, vidrio, hierro forjado, plata, hojalata y cuanto se pueda imaginar. Son objetos que pueden verse muchas veces y siempre brindan felicidad porque en su perfección y belleza llevan el alma de los artesanos.
El inolvidable Miguel León Portilla escribió sobre los objetos de arte popular: “son el espejo del rostro y el corazón de un pueblo que, a pesar de todos los pesares, sabe sonreír y transmitir alegría a aquellos que lo rodean”.
Para comer, en la cercana calle de artículo 123, en ese número y con ese mismo nombre, en una antigua casona se encuentra un restaurante que ofrece una deliciosa fusión de comida mexicana y thai en un ambiente rústico y retro, con música tranquila, buen servicio y buenos precios. Tiene una tienda de artesanías mexicanas y galería de arte.
Algunos de mis platillos preferidos: tiradito de tilapia, tostada de pulpo, hamburguesa de camarón y pollo thai. La estrella es el cordero al comino, que lleva cebollino, cebolleta de ajo, cilantro y chile de árbol. Balancea extraordinariamente el sabor fuerte del cordero con la mezcla del chile y el cilantro y como complemento perfecto, un arroz blanco al vapor.











