l ataque con 150 aviones, ejecutado y celebrado como una maniobra limpia y quirúrgica para secuestrar al presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, en realidad no se sostiene como tal salvo por los medios corporativos.
Hubo muchas víctimas militares, pero sobre todo civiles, y 32 cubanos del círculo de protección presidencial que se suman a las más de 100 personas asesinadas extrajudicialmente, además de la guerra sicológica con el despliegue de una flota tan poderosa para amenazar e intimidar a un país latinoamericano acosando a su presidente con acusaciones a cual más delirantes.
Con tanta parafernalia y arrogancia no se logró concretar el cambio de régimen, instrumento de política exterior al margen de la legalidad que en combinación con golpes de Estado e imposición de dictaduras militares o gobiernos afines ha resultado tan efectivo para derrocar gobiernos legítimos, ni se pudo imponer a la señora Machado como gobernante, ella que ha sido leal hasta la ignominia a Trump, quien la descartó. Asumió en su lugar la presidencia Delcy Rodríguez para garantizar la continuidad del poder político, la paz y el funcionamiento del gobierno como quedó definido no por Trump, sino por el presidente Maduro, al tiempo que la mandataria encargada calificaba la acción de “violación flagrante, descarada, bárbara y salvaje de la ley internacional. Ellos quieren imponer la ley de la selva con poderío militar y robarse nuestro petróleo”.
Como opina el coronel Douglas Macgregor, en entrevista con Glenn Diesen, además de ilegal, en este operativo “no había ningún marco estratégico coherente ninguna Grand estrategia, sino un improvisado ¿y ahora qué? Por su parte, el analista Jorge Luis Sierra señaló que Trump demostró fuerza abrumadora y miopía estratégica: La historia militar demuestra que Estados Unidos suele retirarse de conflictos que no puede resolver cuando enfrenta movilización popular, guerra irregular y escenarios geográficos que favorecen emboscadas y desgaste continuo (Diario Red, 07/01/26, Sinsonte).
Trump improvisó y señaló a quien estaba en su espalda, Marco Rubio, como Virrey encargado, “vamos a dirigir un tiempo a este país”. Un país “del tamaño de Alemania, Francia y Austria juntos y con entre 28 y 30 millones de habitantes”, señaló con ironía Macgregor. “Todo se mueve por impulsos”. Y es que en medio del cuestionamiento sobre la legalidad de tal ataque contra Venezuela, Trump y su coordinador de gabinete, Stephen Miller, y su esposa, quien publicó un mapa de Groenlandia con la bandera estadunidense, al parecer han tomado la batuta en este nuevo frente de conflicto con Europa.
Como señaló el analista Pepe Escobar, el pasado lunes marcó un momento de inflexión geopolítica sin precedente cuando Nicolás Maduro compareció ante el Tribunal Federal de Manhattan declarándose inocente. Y manteniendo que seguía siendo el presidente de su país, mientras simultáneamente emergía una nueva crisis hemisférica con las amenazas de Trump hacia Groenlandia, que revelan la verdadera extensión del proyecto imperial estadunidense pos-Venezuela, y como esta crisis muestra las fracturas que atraviesan la Alianza Atlántica, después de que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, declarara que cualquier ataque estadunidense contra Groenlandia significaría el fin de la OTAN, la pregunta es ¿hasta donde estaría Europa dispuesta a responderle Trump la amenaza de tomar Groenlandia, si es necesario por la fuerza?
El caso contra el presidente Maduro se está desmoronando en la Corte de Estados Unidos (el Departamento de Justicia tuvo que excluir de las acusaciones al cártel de los Soles que lideraría Maduro, porque no se puede probar su existencia), donde se ha pasado de preguntarse si la acción fue legal o ilegal a sentarse también en el banquillo de los acusados: ¿hasta donde van a permitir que Trump siga violando con tanto descaro el derecho internacional, aunque es cierto que siempre lo han hecho, pero llegando a un momento de crisis por la violación constante a la legalidad interna que prohíbe acciones de guerra sin la autorización del Congreso.
En su comparecencia frente al Consejo de Seguridad Nacional de las Naciones Unidas sobre la agresión a Venezuela, Jeffrey Sachs preguntó ¿hasta dónde un Estado miembro puede por fuerza, coerción o estrangulamiento económico, determinar el futuro político de otro y amenazar su integridad territorial e independencia política? Las operaciones encubiertas y el cambio de régimen tienen una larga trayectoria en Estados Unidos, durante la guerra fría y después en Irak, 2003; Libia, 2011; Siria, desde 2011; Honduras, 2009; Ucrania, 2014, y Venezuela, desde 2002.
Sólo el año pasado, Estados Unidos bombardeo siete países, incluyendo a Irán, Siria y Yemen, y ahora Venezuela, amenazando a otros países como Colombia, Dinamarca, Canadá, Panamá, Nigeria y México, llevando estas políticas a una situación límite. Como lo ha advertido John Mearsheimer, la anarquía en las relaciones exteriores ha sido y es una tragedia entre la política de las grandes potencias.












