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México y Venezuela: los otros vínculos
L

a hermandad entre pueblos no se limita a los intercambios formales entre instituciones. Antes bien, las modalidades adquieren fisonomías culturales, literarias, políticas y hasta culinarias. No es la excepción lo que acontece entre México y Venezuela, cuya historia más allá de los estados apenas comienza a ser explorada.

No hace mucho, en su Ningún revolucionario es extranjero, el investigador Sebastián Rivera Mira evocaba la figura de Salvador de la Plaza, militante venezolano que pasó en varias ocasiones por México y que, en su momento, llegó a fundar junto a otros el Partido Revolucionario Venezolano, de inspiración antimperialista y marxista, mismo que diseñó y coordinó acciones de oposición a la dictadura de Juan Vicente Gómez.

La presencia de otros militantes asociados al PRV se dejó sentir en esfuerzos como la Liga Antimperialista de las Américas, cuyo órgano tomó el venezolano nombre de El Libertador, pero también en la iniciativa Manos Fuera de Nicaragua, al inicio de la gesta de Sandino. Mención especial tiene la participación de Carlos Augusto León, poeta venezolano que participó activamente en la Sociedad de Amigos de la URSS, que a la mitad de la década de 1930 propugnó por que la Revolución Mexicana restableciera relaciones con la URSS e impulsó sendas campañas de solidaridad, simbólica y material, ante el escenario del conflicto bélico mundial. La obra poética de Augusto León fue publicada, entre otras, por la editorial Morelos de la SAURSS bajo el título Los pasos vivientes. También en esos años fue parte activa de la sección mexicana del Socorro Rojo Internacional, destacando su participación en los mítines de homenaje a Julio Antonio Mella. Años más tarde, con dedicatoria al pueblo de Guatemala y con citas de Mao como epígrafe, se publicó en La Voz de México (órgano del PCM) su “Verso ante el mural de La gloriosa victoria” y en 1957, México sería el lugar de edición de su “Yo canto a Lenin”.

En esa línea, otro exiliado poco conocido y de paso fugaz fue Miguel Otero Silva, un importante escritor de izquierda a quien El Machete (legendario periódico del comunismo mexicano) le publicó su “Canción de Otero Silva a García Lorca”. Su prolífica y relativamente olvidada obra (al menos fuera de Venezuela) incluye una conferencia titulada “México y la Revolución Mexicana: un escritor venezolano en la Unión Soviética (1966)”, alocución dedicada a Mariano Picón Salas (amigo de Alfonso Reyes y embajador venezolano en México), donde expone los derroteros e importancia de la Revolución Mexicana, de sus líderes populares y sus principales reformas, destacando la obra cardenista respecto al petróleo.

Otro personaje del que poco se sabe sobre su paso por México es el importante historiador Germán Carrera Damas. Intelectual de obra kilométrica, provenía de una familia ilustrada con importantes vínculos en el comunismo venezolano. En el CEMOS se resguarda su ficha de afiliación al PCM siendo estudiante de la Escuela Nacional de Economía. Su tesis de maestría en historia fue: “Contribución al estudio del pensamiento intervencionista en México en el siglo XIX”. México sería también lugar de edición de su “La renovación de los estudios históricos: el caso de Venezuela”. Después de su estadía en México, se considera que Carrera Damas generó una verdadera revolución en la disciplina en su país.

Si bien la revolución cubana atrajo buena parte del vínculo que anteriormente sostenían con México militantes revolucionarios o marxistas, figuras progresistas encontraron en nuestro país un espacio para desarrollar sus ideas o darlas a conocer. Fue así que en las décadas de 1970 y 1980, bajo el abrigo de la figura de Alonso Aguilar Monteverde y de la Editorial Nuestro Tiempo, algunos intelectuales venezolanos visitaron México (especialmente el Seminario de Teoría del Desarrollo del Instituto de Investigaciones Económicas) o fueron publicados. Este núcleo académico participó activamente de simposios sobre la teoría del imperialismo y del subdesarrollo. Nombres como Faustino Maza Zavala, Héctor Malave Mata, Armando Córdova y José Agustín Silva Michelena fueron especialmente productivos. Libros como Venezuela, crecimiento sin desarrollo o Venezuela, dominación y disidencia aparecieron bajo el sello de Nuestro Tiempo en la capital mexicana. En el prólogo a alguno de estos libros, Alonso Aguilar decía: “El estudio del proceso venezolano exhibe la explicable preocupación en torno al petróleo”. Además, el hermano de Silva Michelena, el filósofo y poeta Ludovico Silva, conoció el éxito editorial cuando sus libros Teoría y práctica de la ideología y especialmente El estilo literario de Marx aparecieron en editoriales mexicanas. Silva quizás es hoy día el marxista latinoamericano más citado por los cerrados y provincianos círculos intelectuales del “norte global”.

Estas pinceladas apenas dan cuenta de algunos derroteros de vínculos persistentes, aunque muchas veces fragmentarios. La vida de los pueblos muestra que los gestos de genuina solidaridad también implican conocer un poco más de aquellos de los que se habla y opina hasta la saciedad.