i el gobierno de Estados Unidos quiere apropiarse a la mala de recursos naturales y territorios de los países de América Latina y el Caribe violando su soberanía y las normas del derecho internacional, ¿quiénes tienen razón? ¿Aquellos que apoyan sus pretensiones o los que las combaten?
Si esas pretensiones hubieran dado buenos frutos en Guatemala (1954), Argentina (1955), Brasil (1964), República Dominicana (1965), Chile (1973), Nicaragua (1980), Honduras (2009), Bolivia (2019), quienes han elogiado la invasión delictuosa de Estados Unidos en Venezuela tendrían razón. No la tienen si nos atenemos a lo que han dejado los golpes de Estado o la desestabilización anidados en Washington: violencia, desolación y muerte.
Así terminó 2025 y se inicia 2026, si bien con una peor realidad: la guerra de agresión y el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa por tropas estadunidenses.
México supo de noticias referentes a sus grandes problemas nacionales a fines de 2025, entre ellas la generada por Marx Arriaga, titular de Materiales Educativos de la SEP. Arriaga advirtió que esta dependencia registra intentos de retrotraer la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM) al anterior modelo neoliberal y privatizar sus procesos bajo presiones políticas y empresariales. Llamó, en este sentido, a defender el modelo resultante de la reforma educativa de 2019, en el que hubo una participación colectiva del magisterio nacional, así como de pedagogos expertos en la materia y representantes de diversas instituciones educativas del país. En su planteamiento convocó a la creación de comités para la defensa de la NEM y los libros de texto gratuitos. Puso, además, un énfasis insoslayable en algo que no ocurría desde hace un siglo: la refundación de ese paquidermo en la sala que es la SEP.
Como era previsible, la oposición prianista se lanzó a la yugular de Arriaga y pidió su destitución. Carolina Viggiano, secretaria general del PRI, afirmó que lo planteado por él es una locura y lo tachó de un “peligro para el sistema educativo”. Negó, además, que tuviera solidez intelectual y cultural. En una valoración instantánea y dando cuenta de sus fuentes, agregó que ella “ha escuchado decir” que el modelo educativo vigente “no es tan avanzado”. Lo que se requiere –dijo– es tener una educación orientada a la ciencia, sin “filias ni fobias”, sin ideología y con valores nacionalistas.
La coherencia acompañó a la dirigente priísta por boca de Alejandro Moreno, el presidente de su partido. A la voz virgen de fobias de “¿quién carajos se cree este pendejo para andar llamando a militarizar la educación con un discurso lleno de fanatismo y estupidez?”, agregó una verdad trumpista en modo interrogativo: “¿Enseñarles a los niños que abrazar al crimen organizado está bien? ¿Hacerles creer que el narcodictador Nicolás Maduro es un ejemplo a seguir?” Y en cuanto a los “valores nacionalistas”, Moreno ya se había adelantado a pedir para México lo que luego ha aplaudido en la invasión ordenada por Trump a suelo venezolano.
La descalificación profesional de Arriaga, con argucias hechizas, se la tenían guardada los priístas: sus ideas pedagógicas dieron impulso sustancial a la reforma educativa y las ha expuesto en muy diferentes foros y ocasiones, una de éstas, la polémica que sostuvo en el programa conducido por López Dóriga con Aurelio Nuño, el ex secretario de la SEP. No hay necesidad de festejar la contundencia de Arriaga frente al malvavisco de Nuño.
Me llama la atención la crítica de algunos opinantes desde posiciones de izquierda a la postura de Arriaga (“berrinche”, la llamó uno de ellos). Se brincaron los argumentos del funcionario de la SEP y se centraron básicamente en el personaje. Una luenga inercia le ha puesto nudo ciego a la convicción de que en los funcionarios toda disidencia es execrable. Esos argumentos, ¿no son objetivos? El pedagogo Lev M. Velázquez Barriga, profundo conocedor del sistema educativo mexicano, los ha expuesto puntualmente ( La Jornada, 30/12/25):
La tendencia de la educación hacia la dependencia tecnológica, el uso de la escuela pública para la formación gratuita de maquiladores y empleados de bajo costo, prioridad presupuestal para los consorcios editoriales cuyos contenidos han dado pie al ascenso de las derechas y el fascismo en los países latinoamericanos mediante la estandarización del aprendizaje y el desarme cultural, acceso a programas de corte empresarial filtrados por las cámaras empresariales, apertura y promoción oficial de una bisutería presuntamente educativa cuyo mercado lo constituyen estudiantes y maestros, pérdida de la autonomía profesional del maestro a partir de una capacitación tercerizada para emplear cuadernillos, materiales didácticos con enfoques gerenciales; evasión de impuestos a través de medidas filantrocapitalistas, como los programas de lentes de Coppel y BBVA; subrogación a evaluadoras para el ingreso y promoción docente, y bancarización de la nómina educativa para la especulación con el salario docente.
Indicios más amplios que los expuestos por Arriaga. ¿Tienen razón sus detractores? La tendrían si nos dieran mejores alternativas educativas que las que ofrece la NEM y no sólo la crítica a un funcionario.
Lo que sí nos han deparado sus críticos partidarios ha sido, oh, sorpresa, la constancia de que son los mismos que aplauden la ruptura del orden internacional e indican reproducirlo en México, como antes ya lo han difundido.












