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No Other Choice, sátira coreana que pone al capitalismo en la mira
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▲ Fotogramas de No Other Choice, del realizador Park Chan-wook.Foto cortesía MUBI
 
Periódico La Jornada
Jueves 8 de enero de 2026, p. 8

Los Ángeles. Hojas y cuerpos caen en No Other Choice, la sátira magistralmente diabólica de Park Chan-wook, atravesada por un gélido viento otoñal. “¡Vamos, cae!”, insta You Man-su (Lee Byung-hun) mientras asa una anguila para la cena familiar en los primeros momentos de la película de Park. Ansía que comience la temporada, pero no está preparado para el colapso cíclico –familiar, económico e incluso existencial– que Park le aguarda. Man-su pronuncia justo lo que ningún protagonista de película debería decir: “Lo tengo todo”. Vive con su esposa, Miri (Son Ye-jin), y sus dos hijos (Kim Woo Seung, Choi So Yul) en una elegante casa modernista en el bosque, con dos golden retrievers. Pero casi en cuanto dice eso, la suerte de Man-su cambia. Tras 25 años en una fábrica de papel, es despedido, como muchos otros, sin apenas fanfarrias ni disculpas. La desesperación empieza a apoderarse de él. Se ve obligado a vender la casa que tanto ama, incluyendo el invernadero anexo donde cuida plantas y bonsáis. Incluso tienen que, ¡horror de los horrores!, cancelar Netflix. La película del coreano se estrena en México la próxima semana.

Otra película podría haber hundido a Man-su en la bancarrota y la lucha por la mediana edad, tras su búsqueda de un nuevo trabajo y reiniciar su vida. Ésta no es esa película. Man-su, considerando sus perspectivas, decide que necesita mejorar sus posibilidades de conseguir un nuevo empleo. Tras publicar una oferta de trabajo falsa y comparar todos los currículos que recibe, decide que es la quinta mejor opción para cualquier nuevo puesto directivo en una fábrica de papel. Decide descartar a los que tienen mejores credenciales.

Candidata al Oscar

El concepto, una idea cinematográfica de primera, no es nuevo. No Other Choice, la candidata surcoreana al Oscar, está basada en la novela negra de Donald Westlake de 1997, The Ax, que Costa-Gavras también llevó al cine en 2005. Pero Park, el creador de películas tan diabólicas como Oldboy, The Handmaiden y Decision to Leave, encaja a la perfección con el material. Este es un director capaz de conjurar una brutalidad amenazante con sólo un pasillo y un martillo.

Y en No Other Choice, se mantiene en la cima de su talento, tejiendo con picardía y elegancia una historia sobre una masacre que acumula cada vez más repercusiones. Hitchcockiano es un término que, comprensiblemente, se suele encontrar en Park. Es, como Hitch, un hombre aparentemente educado y erudito con una imaginación latentemente oscura. Pero durante más de dos décadas, Park ha forjado su propio camino sangriento e inflexiblemente meticuloso en películas rara vez predecibles, muy divertidas y disimuladamente reveladoras.

Gran parte del encanto de No Other Choice, que Park coescribió con Lee Kyoung-mi, Don McKellar y Jahye Lee, no reside sólo en ver cómo se desarrolla el plan de Man-su, sino en cómo Park lo enmarca. Probablemente sea el cineasta por excelencia en plasmar sucesos descabellados y escandalosos en imágenes ingeniosamente formales y elegantes. Mientras Man-su va de un objetivo a otro, cada posible asesinato es una ventana a otra familia que lidia con el desempleo. La forma en que Man-su los espía (o algo peor) añade deliciosas dosis de sátira. Disfruten, sobre todo, de cómo Park usa los reflejos y los árboles.

La forma en que No Other Choice pone al capitalismo en la mira, con una hermosa casa en el centro, sin duda evocará otra sátira coreana: Parásitos, de Bong Joon Ho. Park llevaba casi dos décadas queriendo hacer su película. En cualquier caso, ambas cintas formarían una doble función desestabilizadora.

Si Parásitos fue la proeza de un reparto, No Other Choice pertenece a Lee. Su Man-su no es un asesino en el fondo, y sus intentos por convertirse en uno son tan cómicos como dostoievskianos. El tono es tan burlesco que la crudeza de algunos de los actos de Man-su resulta disimulada. ¿Cuántas películas hemos visto sobre un padre llevado, heroicamente, a los extremos para defender a su familia? La situación de Man-su es terriblemente comprensible. “Nuestra familia está en guerra», dice. Para mantenerlos felices, en particular a Miri, Man-su cree que es necesario hacer lo que sea necesario. Pero lo que hace brillante a No Other Choice es cómo muestra ese dilema percibido como un error omnipresente de la vida moderna. No revelaré los increíbles minutos finales de la película de Park, pero amplían la noción de la terminación necesaria –de un trabajo, de una vida– a la automatización, la IA y más allá. Las hojas que caen en No Other Choice no volverán en primavera.