Martes 6 de enero de 2026, p. 6
Bogotá. Improperios e insultos, con expulsión de colombianos residentes en el norte, así como explícitas amenazas de invasión han caracterizado las relaciones Colombia-Estados Unidos en el primer año del segundo mandato de Donald Trump.
La última versión de la confrontación entre el republicano y el mandatario de Colombia, Gustavo Petro, corrió por cuenta del estadunidense, quien amenazó al país sudamericano con invadirlo tras el cruento secuestro del presidente Nicolás Maduro el pasado fin de semana, en una clara violación del derecho internacional que ratificó el bombardeo a Caracas.
“Que se cuide”, espetó Trump a una pregunta de un reportero sobre el futuro de Petro.
“Si he de volver a las armas, lo haré para defender la soberanía de mi país”, respondió Petro en un mensaje en la red social X, en el que recordó su pasado guerrillero y su defensa de los principios bolivarianos, que son los mismos del gobierno chavista. Al mismo tiempo, destacó su compromiso con la democracia luego de pactar un acuerdo de paz y contribuir a diseñar la Constitución Política que rige en Colombia desde 1991.
“Sé perfectamente que lo hecho por Donald Trump es aberrante. Han destruido el estado de derecho a escala mundial. Se han orinado sangrientamente sobre la soberanía sagrada de toda Latinoamérica y el Caribe”, sentenció.
Nunca antes en más de 200 años de relaciones Colombia-Estados Unidos se había llegado tan lejos en una crisis que ya pone sobre la mesa acciones como las tomadas por el mandatario colombiano, tras advertir a los miembros de la fuerza pública –Ejército, Armada Naval, Fuerza Aérea y Policía– que quien “no esté con la bandera tricolor” será excluido.
Estos hechos ocurren en medio de una campaña electoral que define este año la nueva composición del Congreso y elige al sucesor de Petro. Campaña que, según el mismo presidente colombiano, Estados Unidos intenta operar con “acciones orquestadas” por el secretario de Estado, Marco Rubio, al manipular inversiones onerosas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar a la extrema derecha.
La derecha calla, pero al mismo tiempo respalda, sin eufemismos, la invasión a Venezuela. “Apoyamos lo hecho por el presidente Trump contra el tirano y dictador narcotraficante Nicolás Maduro”, dijo el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, líder de la extrema derecha, sin contar que su hermano Santiago fue condenado recientemente a 28 años de cárcel por narcoparamilitarismo.
“Rechazo profundamente que Trump hable sin conocer; en 50 años, mi nombre no aparece en los archivos judiciales sobre narcotráfico, ni de antes ni del presente. Deje de calumniarme, señor Trump. Así no se amenaza a un presidente latinoamericano surgido de la lucha armada por la paz de Colombia.
“Yo fui de la organización clandestina que combatió por la democracia en Colombia contra la dictadura civil del estado de sitio, la organización que en 1974, mucho antes que (el fallecido ex presidete venezolano Hugo) Chávez realizara la operación para levantar la espada de Bolívar, quien dijo que jamás la envainaría, sino cuando acabara la injusticia en la gran Colombia.
“Yo fui del M-19, que hizo la primera paz en la América Latina contemporánea”, dijo Petro, quien invitó a toda la región, desde la Patagonia hasta México, a emanciparse de nuevo. Convocó a movilizaciones este miércoles en todas las plazas del país, y él hablará en la Plaza Bolívar de esta capital.
Para Colombia no ha sido ni será indiferente una invasión como la perpetrada contra el país vecino, pues se comparte una frontera común de 2 mil 220 kilómetros de extensión, la cual es habitada por aproximadamente 6 millones de colombo-venezolanos; es un “camino verde” que lo hace extremadamente poroso, es decir, frágil; fragilidad que es aprovechada por la delincuencia común, organizaciones del narcotráfico y grupos guerrilleros, como el Ejército de Liberación Nacional.












