Política
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Ataque sobre Caracas
Diplomacias obreras y brigadas bolivarianas
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mediados del mes de diciembre se desarrolló el Primer Congreso Latinoamericano, Caribeño y Mundial de la Clase Obrera en Defensa de la Paz en Caracas, a pesar de que varias representaciones se quedaran en el camino y de que otras se vieran obligadas a realizar largos tránsitos hasta lograr llegar por fronteras terrestres de países aliados, esto debido al bloqueo norteamericano marítimo y satelital al espacio aéreo venezolano y al contubernio con aerolíneas comerciales. Se realizó en medio de varios procesos que contextualizan el conflicto en Venezuela, de los cuales me permito exponer algunas apreciaciones.

La guerra cognitiva y comunicacional, coordinada desde los centros informativos imperialistas, ha sido fundamental para implantar la idea de una dictadura narcoterrorista, gobernando contra la voluntad popular y en la miseria de un pueblo sometido, con el propósito de manipular la opinión pública en la idea de justificar los asaltos de corsarios norteamericanos para robar hidrocarburos y la apropiación posterior del total de plantas petroleras venezolanas, como si éstos fueran actos de justicia. En el mismo sentido, presentar la intervención militar perpetrada la madrugada del 3 de enero y el secuestro del presidente Nicolás Maduro (en el que 30 personas, aproximadamente, que organizaron la resistencia fueron asesinadas) como un mal necesario para garantizar las supuestas libertades económicas y políticas de la población.

En contraposición, Venezuela se encuentra en franco camino de recuperación económica, reorganización de las bases productivas hacia la sustitución de importaciones y la soberanía tecnológica, impulso a un modelo de producción comunal y de emprendimiento cooperativo para mover la economía desde abajo. No es casualidad que la Cepal la posicionara como el país de mayor crecimiento en toda la región latinoamericana. Lo anterior era notorio en la normalidad con la que se hacía la vida cotidiana en las plazas y calles, gasolineras, centros comerciales, lugares vacacionales y de esparcimiento nocturno, evidenciando la ausencia de una crisis profunda, de desabasto, zozobra e inconformidad generalizada.

Se venía empujando una ruta de restructuración democrática y coordinación de órganos institucionales de gobierno, formas de participación y consulta activa de la ciudadanía, de vinculación con las centrales sindicales, organizaciones sociales y comunas, para la consolidación del poder popular y un modelo socialista renovado, cuyo proceso culminaría en los primeros meses de 2026 con un Congreso Constituyente y de refundación constitucional, precedido, tan solo en el sector obrero, por 22 mil asambleas de base hasta el momento. Tal acontecimiento resulta abominable para el imperialismo norcontinental que acusa de dictadura, pero declara de facto guerras ilegales de forma unipersonal, ignorando la obligada consulta al parlamento y la opinión de su población.

Simultáneamente, ya se había puesto en marcha la estrategia de seguridad integral, en la que no sólo se preparaban las condiciones estratégicas militares para contener la inminente invasión estadunidense, los acuerdos de cohesión y protección desde las policías y gobiernos provinciales; también, para afrontar una guerra asimétrica desde condiciones de desigualdad tecnológica, cibernética y digital que ya tuvo su primer gran impacto en el secuestro presidencial y la masacre en el asalto al Palacio de Miraflores; por las anteriores razones, la defensa popular en cada pedazo de territorio es una posibilidad latente motivada por el patriotismo encarnado en el anhelo bolivariano de una América libre.

Para hacer efectiva la estrategia defensiva territorial y popular, las centrales obreras propusieron al gobierno de la república, presente en el Congreso internacional y en los consensos de la ruta asamblearia constituyente, su adhesión a la conformación de milicias desde cada centro de trabajo y de un comando encabezado por los líderes de las agrupaciones gremiales; hasta el cierre del año, se habían enlistado casi 5 millones de trabajadores del campo y la ciudad. Aunque nada está definido, sostener la invasión para el despojo de los activos caribeños o la imposición ya declarada de un gobierno de representación neocolonial sería más que difícil en estas condiciones.

A este complejo panorama se suman las titubeantes e insuficientes medidas de los gobiernos nacionales del mundo y de los organismos multilaterales para garantizar la paz; por ello, desde el Congreso de Caracas resulta trascendente el llamado a la solidaridad activa y de unidad internacional de la clase obrera contra la guerra de ocupación global desatada por la cúpula terrorista a la cabeza del gobierno estadunidense.

La propuesta de diplomacias obreras convoca a la coordinación para la defensa de la autodeterminación de las naciones, a la cooperación y solidaridad de las organizaciones nacionales e internacionales de trabajadores por el respeto entre países. Sin embargo, la conclusión es que se requieren, al mismo tiempo, medidas ofensivas de movilizaciones sincronizadas y de presión para trascender las declaraciones condenatorias de los estados a las sanciones, rompimientos comerciales y diplomáticos, la conformación de brigadas bolivarianas informativas y organizativas para dar la batalla cultural contra el neocolonialismo.

El desafío es recuperar la centralidad, la unidad y el protagonismo de la clase trabajadora; esto implica interpelar la relativa pasividad de las organizaciones como la Federación Sindical Mundial, filiales y adherentes, también a las que se han declarado antimperialistas, pero que en la diversidad de las izquierdas no confluyen en un solo esfuerzo de movimientos sociales, obreros y de trabajadores de la educación.

*Doctor en Pedagogía Crítica