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La derecha en la universidad
M

ás que sólo un grupo de personas, la derecha es una tendencia que anida en las instituciones. Está hecha de pequeñas y grandes decisiones que van concentrando el poder en un sector de la institución, que vienen a crear y fortalecer rasgos conservadores, excluyentes, machistas, discriminatorios, de privilegio y secretismo. Es una tendencia que se opone a la creación y ampliación de derechos y procesos de participación horizontal y al fortalecimiento de iniciativas, además de las de democracia interna, en favor de comunidades, organizaciones de defensa del territorio y los intereses de clases excluidas y subordinadas.

La UAM nació como un proyecto de vitalidad y democracia impulsado por académicos jóvenes del 68 que acababan de rebelarse frente al Estado, pero también frente a una educación superior porfirista, rígida, que éste había creado. Con ese ánimo diseñaron carreras, posgrados, grupos de investigación y de aplicación del conocimiento en la periferia de la Ciudad de México y hasta Chiapas. Pero ese proyecto comenzó a ser destruido, desde fuera, con el apoyo de una reforma constitucional. Y, desde dentro, con el Reglamento Orgánico que trajo una estructura distinta a la fundacional y se hizo posible a los funcionarios controlar prácticamente todo en la institución.

Hoy destaca en ese proceso el tema de la contratación del personal académico (incluyendo las evaluaciones para becas y estímulos) y en él resalta de manera especial y concreta el propósito que hoy aparece como propuesta de una comisión de Colegio Académico de cancelar el derecho que por reglamentación institucional y contrato colectivo tienen las y los jóvenes ayudantes temporales –una de las áreas más vitales por juvenil– a un concurso preferencial para optar por la definitividad como profesores asistentes (https://www.uam.mx/consultas/ripppa/propuesta.html).

Eso es algo que les permite continuar con su carrera académica dentro de la institución, con una plaza definitiva. Y para lograr eso optan por proponer acabar de plano, eliminar, toda una categoría de profesor UAM. Y proponen hacer que la UAM tenga un ingreso exclusivo para los aspirantes que cuentan “con una formación de alto nivel”, es decir ya formados y madurados en otras instituciones (pág. 2). Esto tiene inconvenientes radicales. Se fortalece la tendencia a una planta académica de mayor edad y se robustece el perfil de profesores ajenos al proyecto UAM. Y el enfatizar la contratación de todo el personal formado en otros ambientes ha tenido sus inocultables consecuencias para la visión y la conducción de la institución: de 13 rectores generales que en su historia de medio siglo ha tenido la Metropolitana, sólo uno, el actual, cursó la licenciatura en ella. Y no es casualidad que algunos de los conflictos más fuertes hayan sido generados desde esa tendencia, la que impidió generar una conducción que refleje el origen propio e identidad de la UAM. De paso, pero no casualmente, la propuesta de la Comisión de Carrera Académica también cancela otras formas de ingreso a la institución que podrían beneficiar a académicos que tienen hasta 10 o 15 años como trabajadores académicos temporales, como los incluidos en un acuerdo del pasado rector general (De los Reyes) con el Situam.

Otro problema es que si las autoridades deciden avanzar por esta ruta, ni las y los jóvenes ayudantes, ni los temporales, tendrán una oportunidad real de defenderse. Y la joven madre que hoy todavía tiene derecho a que se le evalúe preferencialmente, terminará su contrato de ayudante y junto con ella, Elías su joven niño de ocho meses concluirá su breve carrera académica. Y no hay defensa posible en el actual diseño institucional: primero, porque el número de representantes estudiantiles en el Colegio es mínimo, y solos como suelen estar, su postura será inútil. Segundo, porque hace tiempo una autoridad decidió que las votaciones en Colegio sean secretas y nada evita que, de ser el caso, los representantes no acaten el parecer de sus representados. Tercero, porque ha cambiado el diseño mismo de las sesiones de Colegio Académico: antes, éstas se desarrollaban en torno a una mesa redonda donde todos –estudiantes, profesores y autoridades– aparecían como iguales; ahora se utiliza el modelo de salón de clase tradicional, dirigido por el rector general detrás de un enorme escritorio.

Y así, y en nombre de la mejoría de la institución, se fortalece aún más la universidad vertical, autoritaria y cerrada a procesos y derechos que son fundamentales para todos los mexicanos. La lógica de la derecha. Y ahora que son ex alumnos de la UAM los actores del nuevo sendero de un poder que despide arbitrariamente y que va y viene desde Xochimilco a rectoría general (de Leonel Pérez a Angélica Buendía y a Esthela Sotelo) podrán mostrarnos en los hechos si hoy ser de la UAM en efecto distancia de la derecha.

* UAM-X