ecientemente, durante una sesión de trabajo de su gabinete, el presidente Lula ha condenado la complicidad de la ONU, la cual, se supone, debe dirigir todo su esfuerzo a mantener la paz mundial. Pero no lo ha hecho. Entonces ¿para qué sirve una organización que, lejos de evitar las guerras, su omisión las fomenta? En este mismo espacio de La Jornada hemos denunciado el ominoso papel de la organización a favor de la paz.
Estamos a favor de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, quien ha declarado en la cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia, realizada en Barcelona, en forma de denuncia y con plena autoridad, sobre la intervención de los países poderosos que abusan de aquellos vulnerables.
Esta reunión debió llevarse a cabo en forma urgente, por lo menos, hace algunos años. Pero este es el momento, esta es la oportunidad para proponer un alto a las múltiples e ilegales amenazas a la libertad y la paz de nuestros países de América y, en general, del mundo. La propuesta clara en contra de la intervención militar en Cuba, posterior a las décadas de sometimiento económico que ha empobrecido materialmente al pueblo cubano, es una clara postura de paz ante el mundo y frente a los gobiernos progresistas.
Sin la monserga de la ONU de por medio, los estadistas han presentado sus discursos esperanzadores para terminar con esta etapa de horror por el peligro que representa el gobierno republicano y su presidente abyecto, ya que esta organización no ha tomado ninguna decisión severa contra el principal agresor de aquellos países que no se someten a su política de intervencionismo, saqueo y abuso comercial y político.
Una propuesta de Sheinbaum difícil de asumir, pero importante por el peso ético, es su planteamiento de preservación de la paz y el rechazo abierto a cualquier agresión bélica como método de disuasión. Ante las enormes pérdidas en vidas, el sometimiento de la población afectada a situaciones extremas y la destrucción de ciudades completas, es la aportación de 10 por ciento del gasto mundial de armamento para reforestar aquellos países que han sido perjudicados por los abusos, no sólo por la invasión del agresor o la irracional extracción de sus recursos naturales. Es, apenas, un porcentaje justo.
Esperamos que los encuentros subsecuentes tomen el valor diplomático que permita independizarse cada vez más de la burocratización de la ONU, además de restarle fuerza en su apoyo a los gobiernos estadunidenses, o pro imperialistas, como lo ha hecho abiertamente en favor de Donald Trump.
La Presidenta, ante los asistentes a la reunión en España, propuso a México como la próxima sede del encuentro en 2027. Por supuesto, será impugnado por ya sabemos quiénes, pero es importante realizarlo en nuestro país. Será una señal de soberanía e independencia.
“Soy una mujer de paz y represento a una nación que ama la libertad, la justicia, la fraternidad, y que entiende como democracia lo que diría el gran Benito Juárez: ‘Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”. Y tiene razón. El peligro que en los últimos meses hemos vivido en todo el mundo no tiene precedente. La Segunda Guerra Mundial no sirvió de lección, al contrario. Parece que desde entonces inició una carrera armamentista impulsada por las oligarquías de los países dominantes capitalistas, todas en contra de la clase obrera, en resumen, en contra del desarrollo de la izquierda revolucionaria del mundo.
La postura del gobierno de la presidenta Sheinbaum en la cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia reafirma la avanzada de la 4T por seguir el rumbo hacia la revolución de las conciencias, el humanismo mexicano y la consolidación de un país que cuenta con el respaldo de un pueblo decidido a transformarse en una sociedad digna, libre y soberana. Y en este pensamiento está involucrado nuestro continente entero, por eso conservamos el sueño bolivariano por unirnos en una sola Patria Grande. Coincidimos con la Presidenta en que, para hablar de una defensa de la democracia verdadera, es imprescindible reconocer a las mujeres como entes centrales de la transformación y la vida pública. Coincidimos también con el presidente Lula, quien ha criticado duramente a la ONU, afirmando que ha ido perdiendo credibilidad y ha fracasado en su intento por cumplir la carta fundacional de 1945, ya que no logró frenar las masacres en Oriente Medio ni evitado los conflictos actuales contra Cuba, Venezuela, Colombia, Groenlandia, o cualquier gobierno que no le sea favorable, cediendo ante los “señores de la guerra” y mostrando pasividad ante las crisis globales.
Y así, hemos llegado hasta nuestros días bajo las amenazas constantes de los países imperialistas. Pero lo que estamos experimentando actualmente ante un país como Estados Unidos, que tomó fuerza y dominio sobre los países más vulnerables, es insólito.
Ya no queremos más museos en el mundo que muestren los horrores de la guerra y la miseria que ha causado el capitalismo en el mundo. Ya no queremos más Topografía del Terror, ubicado en el edificio de la Luftwaffe, en Alemania, donde fueron torturados y asesinados cientos, o miles de adversarios de Hitler. Ya no queremos más Campanas de la Paz ni Cúpulas de Genbaku mostrando lo irracional que puede ser un gobierno agresor al lanzar, sin conciencia alguna, una bomba atómica. Queremos la paz.
(Colaboró Ruxi Mendieta)
“Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará”











