Ante una sala Covarrubias de la UNAM abarrotada, la escritora ofreció la conferencia magistral Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel
Martes 14 de abril de 2026, p. 2
“La impunidad trastoca el principio de realidad: una vez que su mano feroz te roza la piel o se mete en tus entrañas, la impunidad quita el velo de normalidad a la vida de todos los días. Sabes, y lo sabes a ciencia cierta, que la relación entre el Estado y el ciudadano se ha roto para siempre”, dijo Cristina Rivera Garza durante la conferencia magistral Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel.
“A pesar de que un cúmulo de documentos confirman tu vinculación con el Estado –el acta de nacimiento, los certificados de la educación pública, tu número de Seguro Social, actas de matrimonio–, sabes que el Estado no te quiere. Que tu seguridad y la de los tuyos no importan. Que no formas parte ya de esa relación”, agregó durante la presentación de su ensayo.
El público que acudió a la conferencia de Rivera Garza, que forma parte de la cátedra extraordinaria Nelson Mandela de Derechos Humanos en las Artes de la Universidad Nacional Autónoma de México, comenzó a formarse desde las 10 horas. Los 700 lugares de la sala Miguel Covarrubias, en el Centro Cultural Universitario, se agotaron a las 15:30 horas. Para entonces, la fila llegaba hasta la sala Nezahualcóyotl.
Frente al silencio atento de los asistentes, sobre todo mujeres, la escritora agregó que la impunidad transforma al ciudadano en paria. “Las leyes que protegen y dan sentido a la vida de otros no te competen. La legalidad que en apariencia rige toda forma de convivencia social no te compete. La justicia que en principio previene o restaura disparidades del poder no te compete”.
En su ensayo, la también colaboradora de este diario reflexiona, además de la impunidad del Estado, sobre el papel de la sociedad frente a los crímenes, que permanece indiferente ante a la violencia hasta cobijar a los perpetradores. También, sobre alternativas para enfrentar la impunidad desde el lenguaje: marchas, obras de teatro, performances, ofrendas, murales o cartas.
Entre silencios y aplausos
Mencionó que escribir el libro El invencible verano de Viviana no sólo tuvo un objetivo literario, sino político: “quería que supieran que Liliana había sobrevivido tanto al silenciamiento forzado del Estado, como al acallamiento cobarde del genocida y su círculo; incluso, a la mudez perpleja de sus deudos. No me amparaban las leyes ni los ministerios públicos, ni las sentencias judiciales, pero tenía el lenguaje.
“No podía (al asesino) obligarlo a entregarse a la acción de la justicia, pero me animaba la posibilidad de obligarlos a ellos a encontrarse ahí en las palabras de Liliana, y en las mías propias, expuestos. Esta es la verdadera maldición para ellos: encontrarse dentro de la narrativa de la víctima.”
El silencio que dominó el auditorio para escuchar a la escritora sólo se rompió con aplausos cuando Rivera Garza informó que siguiendo el consejo de la periodista Daniela Rea acudió a la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Azcapotzalco, para requerir que la institución otorgara el grado de licenciatura a su hermana Liliana Rivera Garza, asesinada el 16 de julio de 1990.
“Hemos solicitado para ella y otras dos estudiantes víctimas de feminicidio, Edna Reyes Gutiérrez y Carmen García Alemán. Ellas estaban inscritas en las carreras de arquitectura, sociología, ingeniería, respectivamente, antes de que sus vidas nos fueran arrebatadas con tanta violencia y con la consecuente impunidad. Hay precedentes, por supuesto, y es importante decirlo aquí, en la UNAM.”
Tras la conferencia, la escritora sostuvo un conversatorio guiado por Rosa Beltrán, en el que retomaron algunos de los puntos centrales de su ensayo, así como el proceso creativo de su libro El invencible verano de Liliana.
Aunque la mayor parte de la disertación de Rivera Garza fue solemne, también tuvo un toque cálido. Cuando la escritora apareció en el escenario, el recinto vibró en aplausos: “¡Qué maravilla, ya ni les pregunto cómo están. Se escuchan rebién. Se siente muy bien estar en casa, regresar a la UNAM”.
“¡Te queremos Cristina!”, gritó una joven desde las butacas, y la escritora respondió enseguida: “Y yo también”. Después, todo el auditorio se unió en un grito: “¡Liliana presente, justicia para Liliana y para todas. Justicia, justicia!”











