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Médicos Sin Fronteras estrena clínica-remolque en Chalco
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▲ La clínica de MSF atiende sobre todo a migrantes.Foto Jorge Ángel Pablo García
 
Periódico La Jornada
Lunes 13 de abril de 2026, p. 11

Cada semana ingresan por la frontera sur del país alrededor de 700 migrantes, a pesar de la reducción del flujo de personas registrado desde el año pasado, pero con una nueva característica: 80 por ciento de quienes llegan tienen como objetivo quedarse en territorio mexicano y descartan Estados Unidos.

Esto aumenta la necesidad de atención médica por enfermedades comunes o crónicas, a la vez que se elevó la cantidad de extranjeras que requieren atención tras sufrir violencia sexual, explicó Jorge Martín, coordinador del proyecto de Médico Sin Fronteras (MSF) en la capital y el estado de México.

Varios municipios mexiquenses, incluidos Chalco, Ecatepec y Nezahualcóyotl, se han convertido en nuevos puntos de recepción de personas en situación de movilidad, y son la opción más cercana para encontrar vivienda a un precio que puedan pagar.

Para atender a esta población, MSF inauguró una clínica en el municipio de Chalco.

En un remolque donado que fue instalado en un pequeño predio en los límites de la colonia Margarita Morán, MSF brinda atención gratuita las mañanas de los martes, miércoles y jueves. Aunque está enfocada a la comunidad migrante, también dará servicio a los habitantes de esta localidad.

El proyecto inició después de la pandemia con un puesto en el tianguis, pero ahora tendrá un espacio más adecuado.

Hasta inicios del año pasado, los extranjeros que llegaban al país se instalaban en campamentos en la Ciudad de México. Con el gobierno de Donald Trump, muchos se quedaron sin posibilidad de solicitar refugio en Estados Unidos y obligados a una estancia indefinida en territorio mexicano, explicó Jorge Martín ante un grupo de asistentes a la apertura de la clínica.

Jaqueline, una haitiana de 37 años que acudió con su hija de dos, fue de las primeras pacientes.

Lleva dos años en México junto con su esposo. Ambos con educación universitaria; él es contador y ella auxiliar de enfermería, pero sin documentación, no pueden ejercer. Su esposo se traslada cada día por dos horas hasta la central de abastos de la Ciudad de México, donde carga cajas pesadas de verduras y frutas por un pago que apenas alcanza para lo elemental.

Al no contar con trabajo formal, tampoco tienen seguridad social, por lo que al enterarse de la clínica de MSF, Jaqueline no dudó en buscar una cita, ya que padece de presión alta. En ocasiones vende cosas en los tianguis, pero no gana lo suficiente, dice.

El alto costo de la vivienda la hizo salir de la Ciudad de México con su familia. Una amiga le contó de Chalco, donde rentan un cuarto por mil pesos al mes; ahí tienen una cama y una pequeña cocina.

También acudió a la clínica Yokarina, una joven haitiana de 18 años que vive en Tláhuac. “Trabajo todo el día, pero me siento muy cansada, muy débil”, relató.

El coordinador del proyecto de MSF sostuvo que la migrante es “una comunidad con muchas necesidades de atención médica y sicológica. Vemos muchos casos de violencia, incluida la sexual y un nú-mero creciente de casos vinculadosal consumo problemático de sustan-cias, que es una realidad que no sóloafecta a este sector o a la ciudad o al país, sino que es un tema global”.

Y es un desafío porque las mujeres violentadas “vienen a la consulta con la persona que ejerce esa violencia”. Además, indicó, llegan casos oncológicos, insuficiencias renales o cardiopatía severa, que requieren tratamiento especializado y ameritan una respuesta institucional.