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Búsqueda se fortalece en colectivo: familiares

Existen más de 300 grupos de rastreo en el país

 
Periódico La Jornada
Lunes 13 de abril de 2026, p. 9

Unidas por el dolor y el coraje frente a la indolencia de las autoridades, sus omisiones y falta de resultados, miles de familias depersonas desaparecidas salen día a día a buscar a sus seres queridos.Se estima que más de 300 colectivos se dedican a rastrear. Los integran sobre todo mujeres (ma-dres, hermanas y esposas), que no sólo increpan a las fiscalías y cuestionan a los gobernantes, sino también suben a las zonas serranas, agarran palas para escarbar y desenterrar restos.

Su forma de organizarse tiene más de medio siglo, si se parte de las desapariciones forzadas perpetradas por el Estado durante la guerra sucia (1965-1990), por lo que en muchos casos en las familias se ha llegado al relevo generacional: los hijos y nietos están en las calles haciendo la labor. Además, han especializado sus acciones con las nuevas tecnologías, pero también por las formas que utilizan los criminales para desaparecer personas, como la incineración.

En la búsqueda, las familias han hallado fosas clandestinas, centros de exterminio y de reclutamiento forzado, crematorios clandestinos y restos óseos dispersos.

Aunado a su lucha, han tenido que romper con el estigma que –afirman– se ha difundido desde los gobiernos respecto a que muchos de los desaparecidos eran guerrilleros o miembros de la delincuencia organizada. Además, lamentan, se trata de “minimizar” la dimensión de la crisis, con un total de 133 mil casos desde 1952 a la fecha, según el registro nacional.

Rosario Ibarra, precursora

Una de las fundadoras de las primeras organizaciones de familiares de personas desaparecidas fue Rosario Ibarra de Piedra, quien tras la desaparición de su hijo Jesús en Nuevo León, junto con otras madres conformó en 1977 el Comité ¡Eureka!, como se conoce hoy.

Ella “fue la figura que le dio un rostro al movimiento” a escala nacional, recuerda Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.

Sin embargo, destaca que en Guerrero –donde se dio la agresión del Estado más severa– localmente se tuvieron dinámicas que llevaron a la conformación, por ejemplo, de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México, en 1978.

A más de cinco décadas, las familias siguen la búsqueda. “Hablamos ya como de tres generaciones: ahora son los nietos o sobrinos los que están en estas luchas”, menciona Barrera.

Complicidad

Ellos se suman a las familias que tienen seres queridos desaparecidos por la llamada guerra contra el narcotráfico que inició el ex presidente Felipe Calderón, así como a los casos más recientes en los que, sobre todo, se ha reportado que está involucrado el crimen organizado en presunta colusión con autoridades locales y federales.

Los colectivos se han multiplicado, reconoce Barrera. En Guerrero se estiman más de 30 las agrupaciones. Pero hay familias que aún se ven obligadas a guardar silencio, entre otras razones, porque los ministerios públicos “siguen con sus vicios añejos de corrupción, falta de personal y vínculos con grupos delincuenciales”, asevera.

Búscame y el Contingente contra las Desapariciones LGBT+, entre otras agrupaciones, refieren que su presencia en los estados depende de la dimensión de los casos. En Veracruz, una de las entidades con más reportes, se estiman más de 50 colectivos; mientras en Coahuila son alrededor de 10. No todos permanecen con el tiempo y algunos son pequeños, de dos o tres familias; en tanto que las grandes plataformas aglutinan a más de un centenar.

El narco, otro factor

María Herrera, madre de cuatro hijos desaparecidos: Raúl y Jesús Trujillo en 2008, y Gustavo y Luis en 2010; y Grace Fernández, quien busca a su hermano Dan Jeremeel, desaparecido en Coahuila, en 2008, coincidieron en que el movimiento más amplio de familiares que visibilizaron la problemática se dio como resultado de la guerra contra el narcotráfico, que disparó las desapariciones.

Recuerdan que antes de sumarse a algún colectivo, pasaron un tiempo en busca de sus seres queridos con sus propios medios, pero las autoridades “nos ignoraban”.

Sólo “nos fortalecimos con el Movimiento por la Paz y la Justicia con Dignidad”, dice Herrera, quien reconoce que debido a la falta de avances, decidieron no continuar con ellos.

Así se conformó Familiares en Búsqueda María Herrera y en 2014 fundaron la Red de Enlaces Nacionales, que hoy aglutina 200 colectivos en 28 estados.

De la Red, menciona, nació la Brigada Nacional de Búsqueda “con la que empezamos a subir a los cerros”. Resalta que debieron aprender a identificar las zonas donde podría haber restos óseos: “hay cambios en la tierra y hundimientos, con los que incluso puedes estimar el tiempo que llevan enterrados”.

Grace Fernández refiere que en 2008, cuando desapareció su hermano, toda la búsqueda “quedaba en manos de las familias” y “no teníamos nada, ni tipificación del delito ni instituciones, y había una política de negar las desapariciones. Decían que todas estaban vinculadas al crimen organizado”.

Destaca que otro de los momentos clave que ayudó a la unión de los colectivos fue la Marcha de la Dignidad Nacional Madres Buscando a sus Hijos, llevada a cabo el 10 de mayo de 2012 en la Ciudad de México. “Nos permitió comunicarnos y tener estrategias conjuntas”.

Para 2015, refiere Fernández, empujamos la creación de una ley en la materia, publicada en 2017. Además, 40 colectivos y otras organizaciones constituyeron hace 11 años el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México, que suma 96 agrupaciones.