La sinrazón
ada vez son más los críticos de la aventura en la que el presidente de Estados Unidos ha involucrado a esa nación. Desde los más diversos sectores abundan quienes no entienden ni aprueban haber iniciado una guerra con Irán sin estrategia aparente ni meta precisa.Uno de los más autorizados críticos esel general retirado Stanley McChrys-tal, ex comandante de operaciones especiales en la guerra con Irak y diseñador de la contrainsurgencia enla ocupación estadunidense en Afga-nistán. Autor de textos militares, es ahora profesor de relaciones interna-cionales en la Universidad de Yale. Enuna entrevista reciente con el periodista David French, del New York Times, expuso las razones por las que, con base en su experiencia, considera que la guerra contra Irán pudiera tener consecuencias adversas a largo plazo para aquella región del mundo y, en especial, para Estados Unidos. Por venir de un general de alto rango, quien conoce a fondo y es respetado en el ejército estadunidense, resultan ilustradoras sus opiniones.
Hay tres grandes seducciones,mitos, en la administración y el ejér-cito estadunidense, dice McChrystal: la primera se refiere a las acciones encubiertas: se cree que es la soluciónrápida a problemas intrincados; la segunda tiene que ver con la forma en que se capturó al ex presidente Maduro, pero no cree que se demostrara la habilidad necesaria para cambiar el estatus en ese país; la tercera es pensar que con bombas y el poderío aéreo se puede cambiar la cultura y el compromiso de una nación con su derecho a determinar su propio rumbo. No se ha entendido que al margen del descontento que los ciudadanos decualquier nación tengan con el régimen que los gobierna, no están conformes con la idea de que otra imponga sus valores y cultura.
La historia de Irán con Estados Unidos es complicada y ríspida. En 1953, junto con el Reino Unido, apoyó un golpe militar para derribar el gobierno democráticamente electo del primer ministro Mossadegh por nacionalizar el petróleo. Apoyaron el establecimiento de un régimen militar que consolidó la dinastía imperial del Sha Reza Palhevi, derrocado por un golpe de Estado que instituyó la República Islámica de Irán. En 1987 Irán atacó una embarcación militar en la que murieron 37 marinos; en 1988, por error, un misil estadunidense derribó un avión comercial iraní matando a sus 290 pasajeros.
Este año, motu proprio, Trump inició una guerra sin consultar al Con-greso ni a sus aliados, sin una estrategia clara. Entre sus problemas están el desgaste económico y la pérdida de confianza en la comunidad internacional. La salida posible serán negociacio-nes, ahora rotas, en las que, aparente-mente, no habrá perdedor ni ganador.
Para colmo, debido a sus cambios de humor, nadie puede prever lo que sucederá al día siguiente.












