Lunes 13 de abril de 2026, p. 6
Una “carta de amor” a su abuelita materna y un homenaje a la cultura hñätho que representa. Así le gusta referirse a la realizadora Iris Esmeralda Martínez Morales a Francisca, ká di neki (Francisca, te quiero), cinta con la que debuta como directora. Se trata del testimonio de una nieta que desea conocer a su pariente que falleció “muy joven, alrededor de los 45 años”, y no vivió lo suficiente para ver a la segunda generación de su descendencia. El documental fue uno de los 19 proyectos seleccionados de la octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes, organizada por el Instituto Mexicano del Cine (Imcine).
Martínez Morales es egresada de la licenciatura en cinematografía del Centro de Capacitación Cinematográfica con especialización en cine de fotografía. La mayor parte de su trabajo en el medio ha consistido en fotografiar proyectos de otras personas. Doña Francisca era oriunda de Rincón de Guadalupe, municipio de Amanalco, en el estado de México, hablante del hñätho, una de los variantes del otomí en la entidad. La temprana muerte de su abuelita despertó en la joven la curiosidad por “conocerla, saber cómo había sido su vida y la razón de su fallecimiento”.
Esta carta de amor conlleva un reconocimiento a la cultura de doña Francisca: “Pienso que a toda mi familia le hubiera gustado que ella nos transmitiera su cultura y su idioma, porque conocemos algunas palabras; sin embargo, no lo hablamos y siempre lamentamos este hecho. Debido a las circunstancias de la época era mal visto hablar un idioma indígena y obviamente a mi abuelita la discriminaron. Por eso no la dejaron transmitir su cultura, sobre todo mi abuelito, porque no quería que eso le pasara a su familia. En este homenaje ofrezco una resistencia hacia esa actitud violenta que tuvo la sociedad hacia todas las culturas indígenas a las que no dejaron heredar el idioma”.
Preservación lingüística
Francisca, ká di neki es un proyecto “muy personal”, que ha constituido un “gran reto” porque “no es sencillo hablar de tu propia familia y luego pensar cómo le hubiera gustado a mi abuelita ser retratada”. Martínez Morales decidió narrar el documental con la voz precisamente de una niña que quiere conocer a su abuelita. Su primera línea de investigación fue su propia familia, sus recuerdos, aunque en paralelo buscó personas de su comunidad que fueron más o menos contemporáneas para saber cómo se vivía en ese entonces y sobre la transmisión del idioma. También se acercó a los cronistas del municipio para saber cómo había sido la llegada de la cultura hñätho allí.
La realizadora quiso aprender el hñätho, lengua que tiene pocos hablantes y “la única manera de compartirlo es mediante la oralidad”. Son “las personas mayores de la comunidad quienes lo hablan y que lo pueden enseñar porque muchos lo guardan para sí. Hasta el momento sólo he podido aprender palabras sueltas, construir una frase se me dificulta, a menos de que sean expresiones. Quiero que el documental sea un bilingüe, utilizar las palabras y todo lo que he aprendido del otomí, con sus respectivas limitaciones”.
La filmación del documental comenzará en estos días en Rincón de Guadalupe. La idea es que la cinta dure entre 15 y 20 minutos. Con el argumento de la nieta que desea conocer a su abuelita, Martínez Morales planea comenzar con los recuerdos que tiene de su pueblo, como la vez que “asistimos a un funeral de mi familia y, como no teníamos lámparas, utilizamos la luz de la Luna para iluminarnos”. Hay veces que “empiezo a hablar con mi abuelita como si hablara al viento, a la tierra, a la lluvia. Para mí esa es mi abuelita, una esencia más que una persona”.
En la cinta, la realizadora dejará de estar detrás de la cámara para colocarse al frente de ésta con su familia. “De algún modo es una manera de despedirme (aunque realmente no quisiera) de mi abuelita con este homenaje que le hago, de decirle: ‘gracias por todo, aquí estamos, te quiero mucho’.
Sin dejar su trabajo de cinefotógrafa, a Martínez Morales le gustaría explorar otros temas, como el de realizadora. “El género del cuento me gusta mucho no sólo como directora, sino como fotógrafa, porque me gusta estar en contacto con las personas, hablar con ellas. Uno crece mucho en lo personal cuando hace documentales y eso me encanta. Quiero sacar proyectos a los que les ponga todo el alma”.
En cuanto a sus influencias cinematográficas, señala: “hay una documentalista chilena, Maite Alberdi, cuya forma de tratar a sus personajes me encanta. Si se trata de clásicos del cine está Agnes Varda. Siento que son realizadoras que tienen mucha humanidad cuando hacen sus películas, que no las hacen por querer demostrar algo, sino que trabajan desde una honestidad o algo humano que quieren demostrar. A nivel estilístico me gusta cómo son las películas de la realizadora italiana Alice Rohrwacher. Después de ver una cinta suya sientes una alegría por la vida”.












