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La maizada revive un mito ancestral y explica el nacimiento lúdico del grano
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▲ En la obra, que se presenta en el teatro El Milagro, la mazorca aparece como sustento, pero también como disputa.Foto Ed Quezada
 
Periódico La Jornada
Lunes 13 de abril de 2026, p. 4

En escena, el maíz no nace de la tierra, sino de un cuerpo que juega, se rebela y se ofrece hasta volverse alimento.

La maizada, con dramaturgia de David Olguín y dirección de Lucio Giménez Cacho Goded y Sheyla Carolina, retoma el mito del Niño Santo del Maíz y construye un recorrido entre la infancia, la risa y la tensión de lo que se comparte frente a lo que se acumula.

Esta figura, conocida como Homshuk en la tradición zoque-popoluca del sureste de Veracruz, se aleja de la solemnidad. “Quise hacer una historia de crecimiento, un retrato chocarrero, juguetón, de la infancia a la adolescencia, hasta ese acto de generosidad”, contó Olguín en entrevista con La Jornada.

El montaje se presenta en el teatro El Milagro. En esta versión, el protagonista se aleja de la rigidez: “Es un travieso radical, rebelde, alguien que termina por afincarse en la tierra para dar de comer a todos”.

El texto tiene origen en un relato oral. “Leopoldo Novoa puso en mis manos un libro con la narración de Benjamín Pascual, un campesino zoque-popoluca que contaba cómo llegó el maíz a esta tierra”, recordó el dramaturgo.

A partir de ese hallazgo, el proceso tomó distancia de su punto de partida. “Se volvió una obra original, en un diálogo libre que integró elementos míticos de pueblos originarios con otros de tradición occidental”. En ese cruce aparece una grieta que sostiene el conflicto. Olguín lo sitúa con claridad. “El problema está en la aparición de la avaricia, de la codicia, del acaparamiento”. Esa oscuridad se enfrenta a la idea del bien común y a la posibilidad de compartir lo que sostiene a todos.

El humor recorre la historia sin suavizar su filo. “Hay animales con rasgos humanos, una mirada cáustica, irónica. Es una fábula que juega, pero también refleja”, dijo el autor. La música acompaña ese pulso y lo ancla en la memoria concreta de Veracruz. “Quise que apareciera la jarana”, agregó.

Desde la dirección, el punto de partida fue claro: “respetar y transmitir el mito”, señalaron los directores. “Trabajamos desde el ritual, la escucha y la espontaneidad”. Esa decisión se traduce en un espacio donde el mundo se construye a partir de la presencia de quienes lo habitan. “Nombramos escenografía corporal a nuestro eje: los intérpretes se transforman y estimulan la imaginación del espectador.

“Queríamos una experiencia estética desde la imaginación, algo lúdico y llamativo. La infancia ocupa un lugar central. Es primordial reconocer a las infancias como sujetos capaces y críticos, hablarles desde su inteligencia y sensibilidad.”

La música en vivo funciona como vía narrativa. “El son jarocho no se altera, se incorpora al desarrollo escénico”, puntualizaron los directores. El trabajo con el ensamble implicó laboratorio y afinación colectiva. “Estar en la misma sintonía permitió que todo encontrara su lugar”.

El proceso no fue inmediato. Antes de llegar a escena, el equipo pasó por un laboratorio de dos años. “Tuvimos que cuestionar nuestras formas de hacer teatro, desaprender y reconstruir desde lo colectivo. Ese recorrido permitió articular un lenguaje común entre trayectorias”.

Para Olguín, ese tránsito se refleja en el resultado. “Se dieron el tiempo de investigar, sin prisa, con autonomía creativa”. Reconoció la manera en que el grupo abordó el texto: “Lo resuelven a su manera, con una estética sencilla, pero verdaderamente hermosa”.

En escena, la risa convive con la tensión y el juego con la advertencia. El maíz aparece como sustento, pero también como disputa. “Es una historia que llama la atención sobre un país fundado en mitos donde el maíz es alimento sagrado”, explicó el dramaturgo.

“Hay alegría de vivir, pero también la necesidad de desprenderse, porque detrás de la carnada siempre hay un anzuelo que apunta al corazón del espectador.”

La maizada, producida por Por Ejemplo: Teatro, reúne a Felipe Alfaza, Santiago Alfaro, Inés Buxadé, Diego Güitrón, Matteo Leonetti, David Juan Olguín Almela y Abril Ramos Xochiteotzin.

Las funciones serán sábados y domingos a las 13 horas y lunes a las 20 horas en el teatro El Milagro (Milán 24, colonia Juárez). El costo del boleto es de 350 pesos y la temporada concluirá el 3 de mayo.