s el título de la revista-libro número 14 de Artes de México, que se va a presentar el próximo miércoles 15, a las 19 horas, en el Centro de la Imagen. La prestigiada editorial, cuya historia se remonta a 1953, tuvo una pausa en 1980 y renació en 1988 gracias a la pasión y entrega de Alberto Ruy-Sánchez y Margarita de Orellana. Su historia a partir de esa fecha sería otra crónica, o varias, pero hoy vamos a hablar de la obra que se presenta el miércoles.
Interesados en comprometerse como revista con el tema ambiental, se acercaron con Patricio Robles Gil, el notable fotógrafo y conservacionista mexicano, que ha dedicado las últimas décadas de su vida a documentar especies y espacios amenazados en todo el planeta y acercarnos a su extraordinaria trayectoria.
Hay que decir que Robles Gil es un artista nato cuya creatividad lo ha llevado a expresarse en muy diversos ámbitos: pintura, grabado, performance, fotografía, dibujo, escultura, hasta intervenir cuerpos con el pincel y el color.
Para poder contar su historia desde tantos ángulos: conservacionista, editor, artista y fotógrafo, invitaron a participar a varios autores y afirma Robles Gil que el resultado es un documento preciso que resume décadas de esfuerzo por integrar la estética con la ética ambiental.
Los brillantes colaboradores conforman un rico abanico de visiones; hay artículos de Alberto Ruy-Sánchez, Vance Martin, Jorge Comensal, Jesús Silva-Herzog Márquez y Juan Domingo Argüelles, además de fotos y un texto de Robles Gil.
En sus imágenes nos revela a la naturaleza no sólo como escenario, sino protagonista silente de una historia. Más que un archivo visual, sus fotografías son manifiesto poético que entrelaza belleza y compromiso, luz y territorio, arte y conciencia.
En una interesante entrevista que le hizo Vicente Gutiérrez en Milenio, expresa que “no basta con capturar la belleza, hay que garantizar que siga existiendo”, y añade: “Me volví un vendedor de la naturaleza, en el sentido de promover su protección y asegurar su permanencia. No por un interés de lucro, sino por una preocupación real”.
Uno de sus proyectos más emblemáticos, y que ocupa un lugar central en el libro, es la serie fotográfica sobre jaguares en Sudamérica. Explica Robles Gil la enorme dificultad de obtener imágenes de esos felinos en libertad; era una tarea titánica; casi todo el material existente provenía de zoológicos o en condiciones controladas.
Aquí, nos cuenta del viaje a Brasil que realizó con su esposa y, tras jornadas de navegación por el río Pantanal, lograron integrarse en el entorno del jaguar. Platica: “Durante cinco meses tuve 180 encuentros con 40 ejemplares diferentes. Verlos cazar, dormir y socializar en total libertad fue una experiencia fundamental para entender su importancia como especie paraguas. Si el jaguar sobrevive, el ecosistema completo respira”.
La cercanía, casi intimidad, que logró con los portentosos felinos –el más grande de América–, la plasmó en impresionantes fotografías, varias de las cuales aparecen en la publicación y la mayoría provocan una gran emoción. La foto de la portada, en que un hermoso jaguar ruge con fuerza, inspiró el título “El grito salvaje” y en verdad se siente que en cualquier momento lo vamos a escuchar.
Su labor como editor comenzó en 1984 con el proyecto Ecosistemas de México, patrocinado por el sector bancario, que se convirtió en el primer libro de arte sobre naturaleza producido en nuestro país.
A partir de ahí, vinieron otros, hasta alcanzar un total de 39 realizados en colaboración con Cemex, en los que abordó temas complejos como los países megadiversos o las regiones con mayor biodiversidad del planeta. “Eran conceptos científicos difíciles de digerir para el gran público, pero el uso del arte y la fotografía logró que esos libros circularan ampliamente y tradujeran la ciencia en un lenguaje visual comprensible y emocionante”, explica Robles Gil.
En la presentación van a participar Alberto Ruy-Sánchez, Lourdes Almeida y el autor. Después habrá que ir a brindar y saborear una buena cenita. Les propongo Taverna, en General Prim 34, en la misma colonia Juárez. Ocupa una hermosa casona centenaria a medio restaurar, decorada con gran gusto y buena comida. Sugerencias interesantes: dátiles rellenos de chorizo, festín de pescado salvaje o el sándwich de costillla con encurtidos de la casa. Postre ligero para la noche: helado de jocoque con moras salvajes y miel de tomillo.











