Grupo de derechos humanos recoge testimonios de víctimas // “El fin es destruir la dignidad y la seguridad”
Domingo 12 de abril de 2026, p. 17
Testimonios palestinos revelaron cómo la violencia sexual, incluida la violación con objetos y perros militares adiestrados, es aprobada y respaldada por las “máximas autoridades políticas, militares y judiciales” de Israel, reportó Middle East Eye, con base en un nuevo informe de la organización de derechos humanos Euro-Mediterranean Human Rights Monitor.
Ex prisioneros palestinos relataron el dolor de la tortura sexual que sufrieron. Algunos rompieron a llorar por miedo a las represalias y al estigma social en torno al abuso, lo que les impidió hablar con libertad.
Una mujer gazatí de 42 años que estuvo recluida en el centro de detención de Sde Teiman, declaró que fue desnudada, encadenada por dos días a una mesa de metal y violada repetidamente hasta sangrar por dos soldados enmascarados que grabaron. “Deseaba morir”, exclamó.
Otro ex prisionero, Wajdi, de 43 años, relató: “Sentí un dolor intenso en el ano. Cada vez que gritaba, me golpeaban... los soldados me filmaban y se burlaban de mí… uno se marchó después de eyacular dentro de mí. Quería morirme. Estaba sangrando... más tarde, otro soldado me introdujo el pene en la boca y orinó sobre mi”.
Amir, un palestino de 35 años también detenido en Sde Teiman, describió cómo los uniformados lo obligaron a desvertirse antes de que los perros adiestrados orinaran sobre él y lo violaran, mientras lo golpeaban. “Me sentí profundamente humillado”.
El abogado de un reo palestino narró cómo un soldado introdujo la boquilla de un extintor en el ano de su defendido, luego vació el contenido dentro de su cuerpo, lo que le provocó graves lesiones internas y un dolor intenso.
“El resultado no es un sólo acto de abuso, sino un patrón prolongado de crueldad elaborado para destruir la dignidad, la integridad corporal y cualquier sensación de seguridad”, declaró Khaled Ahmed, investigador de campo de Euro-Med.
La organización concluyó que el sistema penitenciario israelí, en conjunto con las instituciones, constituye una “política de Estado organizada”. Tel Aviv utiliza la tortura sexual como “método de guerra... para desestabilizar, dominar, oprimir y destruir al pueblo palestino”.
Los testimonios no son incidentes aislados. Los abusos fueron posibles debido a las legislaciones israelíes que permiten la detención sin supervisión judicial privan a los encarcelados de cualquier protección legal y generan “un clima de impunidad”; así como la complicidad del personal médico al ocultar la identidad de los perpetradores y disimular las lesiones de las víctimas en sus historiales médicos.











