La cineasta argentina presentó su documental Nuestra tierra tras recibir la Medalla Cineteca Nacional por su contribución a la memoria latinoamericana
Domingo 12 de abril de 2026, p. 7
La Cineteca Nacional se engalanó con la presencia de la directora argentina Lucrecia Martel, la noche de viernes, donde la institución la condecoró con la Medalla Cineteca y aprovechando que Martel presenta su más reciente película y debut en el largometraje documental, Nuestra tierra, que forma parte de la actual Muestra Internacional de Cine de la Cineteca. Al recibir la presea la directora declaró: “Me siento conmovida por este reconocimiento y agradezco a la Cineteca Nacional –donde se han presentado todas mis películas– esta bonita medalla”.
La Cineteca Nacional recalcó que se decantó por Martel como un reconocimiento a su “importante contribución a la memoria cinematográfica latinoamericana y a la renovación del lenguaje audiovisual en el cine contemporáneo”.
Además, porque Lucracia Martel es “una de las voces más influyentes del llamado Nuevo Cine Argentino, pues ha construido una filmografía rigurosa y profundamente sensorial que ha redefinido las posibilidades narrativas del cine en las últimas décadas. Su obra se distingue por una exploración continua del sonido, la fragmentación del punto de vista y una mirada crítica hacia las estructuras sociales, particularmente en relación con la clase, el género y las realidades coloniales en América Latina”.
Su ópera prima, La ciénaga (2001), marcó un punto de inflexión en el cine de la región, al presentar un retrato inquietante de la decadencia burguesa en el noroeste argentino. A ésta le siguieron títulos fundamentales como La niña santa (2004) y La mujer sin cabeza (2008), obras que consolidaron su prestigio internacional por su complejidad formal y simbólica.
En Zama (2017), la directora llevó su poética a un nuevo territorio, al adaptar la novela de Antonio Di Benedetto y construir una poderosa reflexión sobre el tiempo, la espera y la maquinaria colonial. La película fue ampliamente celebrada por la crítica internacional y reafirmó su lugar como una autora indispensable del cine mundial.
A lo largo de su trayectoria, Lucrecia Martel ha mantenido un compromiso constante con la exploración de las tensiones sociales y políticas de América Latina, así como con la experimentación formal. Su incursión más reciente en el cine documental, con el filme Nuestra tierra (2025), amplía su campo de investigación estética y ética, abordando de manera directa las problemáticas de los pueblos originarios y la justicia social en Argentina.
La Medalla Cineteca Nacional reconoce a figuras cuya obra no sólo ha ampliado las posibilidades del lenguaje cinematográfico, sino que ha incidido de manera crítica en la forma en que las imágenes construyen memoria, territorio y experiencia sensible.
En ese horizonte, la entrega del galardón a Lucrecia Martel no constituye únicamente un reconocimiento a su trayectoria, sino la inscripción de su cine en un archivo vivo de pensamiento.
Esta distinción adquiere una resonancia particular al otorgarse, por segundo año consecutivo, a una mujer cineasta, subrayando la necesidad de visibilizar y reconocer las aportaciones fundamentales de las creadoras en la configuración de la historia, el presente y el futuro del cine.
Despojo histórico
Además del reconocimineto, la cineasta vino a la promoción de su reciente obra, el documental Nuestra tierra. En la función especial de la cinta, Martel planteó una reflexión sobre el despojo histórico de los pueblos originarios en Latinoamérica, para ello, retomó el proceso judicial tras el asesinato de Javier Chocobar, integrante de la comunidad Chuschagasta, en Tucumán, Argentina; a partir lo anterior, articula una mirada crítica sobre la violencia estructural y los conflictos por la tierra.
Tras un proceso de investigación de 14 años, el documental articula documentos, registros judiciales y testimonios comunitarios. Se incorpora el juicio oral de 2018 como eje narrativo, junto con registros audiovisuales que contextualizan y evidencian las condiciones de violencia que enfrentan las comunidades indígenas.
En el acto, celebró la trayectoria de directores y directoras de cine internacionales; la han recibido, entre otros, Costa-Gavras, Atom Egoyan, Adolfo Aristarain, Miguel Littin, Jan Švankmajer, Fernando Solanas y la polaca Agnieszka Holland.
Al hacer uso de la voz, Martel, acompañada del director general de la empresa productora Piano en México, Julio Chavezmontes, habló sobre el proceso creativo y de producción: “Me acerqué a la comunidad después de ver ese video en YouTube (el del asesinato de Javier Chocobar ocurrido el 12 de octubre de 2009 en la zona de El Chorro, Trancas) y comencé a investigar… Después de unos meses concluí que yo tenía que hacer un archivo para ayudar a la comunidad”.
La directora, al involucrar a colegas y amigos en el seguimiento histórico, se convenció de hacer el documental. Agregó: “Comprendí que esto se trataba del mito de la nación argentina, cómo Argentina se había inventado a sí misma y para desarmar ese mito, las herramientas de la ficción me venían muy bien para realizar una película y ser útil para la comunidad indígena y los ciudadanos argentinos”.
El hilo conductor de Nuestra tierra surgió en donde se termina la cinta, en la edición: “Que sea didáctica, que los niños de 12 años lo entiendan, que la película se muestre en las escuelas, eso nunca me había pasado que encontrara en la revisión del pietaje el tema de la película”.
Con la presencia de Lucrecia Martel en México y la proyección de su nuevo proyecto en la Cineteca Nacional, se abre un espacio de encuentro en el que el cine propicia el diálogo y la reflexión en torno a la memoria, el territorio y la justicia con los pueblos indígenas.
Además, con Nuestra tierra, Lucrecia Martel profundiza en una dimensión política del cine como ejercicio de memoria y análisis crítico, y a su vez, se consolida como una de las voces del cine contemporáneo, con obras que exploran las tensiones sociales y culturales en América Latina.
Nuestra tierra avanza en su recorrido internacional, tras su paso en 2025 en el Festival Internacional de Cine de Venecia, el Festival de San Sebastián e inaugurar el Cinéma du Réel, en París.











