Aún se evoca el rugido de la locomotora
Por 100 años la parada del ferrocarril a Cuernavaca fue un símbolo del lugar al que ahora sus habitantes rinden homenaje con sus recuerdos
Domingo 12 de abril de 2026, p. 25
Los alrededores de la estación Contreras del tren, que formaba parte de la antigua ruta por donde corría el ferrocarril que partía de Buenavista rumbo a Cuernavaca, son los terrenos donde cientos de familias se asentaron para dar vida a lo que ahora es la colonia Barranca Seca, en La Magdalena Contreras
La parada de la ruta ferroviaria que dio servicio durante 100 años –de 1897a 1997– es un referente del nacimiento de la colonia, que surgió entre pueblos originarios, parajes rurales, una red de barrancas y ríos, relatan los viejos moradores de las familias fundadoras: Matías, Camacho, Reyes y Nava.
Rodrigo Matías, originario de la colonia, platica las anécdotas que vivió de pequeño, justo en este punto de La Magdalena Contreras, transformado por el paso del tiempo en el parque La Estación, que alberga un museo de sitio donde se conservan diversos objetos férreos.
“A la estación llegaba mucha gente de diferentes lugares, por trabajo en las textileras o en busca de hogar. Mis abuelos provenientes de Santo Tomás Ajusco arribaron a Barranca Seca, pero a mi abuelo lo mataron en la Revolución, porque nosotros somos descendientes del general Agustín Camacho.”
El hombre de 65 años, hijo de una de las mujeres de mayor presencia en Barranca Seca, Ángela Camacho Valdés, rememora su niñez con el rugido profundo de la locomotora, un sonido grave y potente que arrastraba todo su peso sobre los rieles y que lo hacía correr en busca del pitido agudo y penetrante que era el silbato del tren: “ensordecedor, impresionante, que se escuchaba a larga distancia”.
También reconoce que, en bola, con sus amigos, les divertían los viajes de palomita, de las 17 estaciones de la ruta México-Cuernavaca, sólo llegaban al Ajusco y de regreso.
En este punto que marcaba el kilómetro 29, ya nada más queda el parque La Estación, que don Fortino Parra resguarda celosamente y donde se conserva el baño que usaban los ferrocarrileros, la máquina registradora para el cobro de boletos, un armón (carro para transportar municiones), la sala de espera que dirigió Margarita Castro, la última jefa de la estación que se mantuvo en el puesto por 35 años.
Don Fortino platica un poco sobre el mural Viaje por el siglo XX, del artista Ariosto Otero Reyes, al que le pusieron durmientes, rieles y señalización de la vía original. “También le dije que si quería que su tren sacara vapor, le pedí que hiciera una tubería para engancharla a las máquinas de una tintorería que está a la vuelta y al momento de planchar la ropa, el humo saliera como el de la locomotora”, narra el fiel protector de esta área cultural.
La zona que se veía desde la calle Fortín, ubicada en los más alto de la pendiente, como cerros de tierra seca, con la llegada de la gente se convirtió en la colonia, de ahí proviene el nombre de Barranca Seca la cual cuenta con todos los servicios y cuyo código postal es 10580,
Con el crecimiento de su población, relatan los moradores, la colonia se convirtió en el centro de toda La Magdalena Contreras, justo ahí está la sede del gobierno de la alcaldía desde 1943. Muy cerca está el campo Primero de Mayo, que ha sido un punto de encuentro familiar, porque a tan sólo unos metros pasaba la corriente del río Eslava, donde “las señoras iban a lavar”, recuerda Rodrigo Matías.
Un símbolo de unidad para los habitantes de Barranca Seca, por la participación de familias, es la construcción de la iglesia la Sagrada Familia. Hecha de piedra volcánica, se construyó justo en la calle Fortín. Tardaron más de 40 años en levantarla y fueron los hombres quienes “acarrearon la piedra desde la estación Contreras, que llegaba en ferrocarril”.
El gran evento fue la colocación del reloj en la fachada de la iglesia, de estilo neoclásico, donado por La Güerita, como se conocía a la señora Ángela Camacho Valdés, recuerda su hijo Rodrigo.
Cerca de la calle Álvaro Obregón, en lo que era el Callejón de la Alcantarilla, se hacía una romería donde se vendía de todo. Era el punto de abasto popular que dio origen al mercado de La Loma desde hace 65 años y donde sigue Felipe Reyes Rodríguez, integrante de las viejas familias fundadoras, ahora de locatario.
El centro de abasto fue inaugurado por el presidente Adolfo López Mateos, pero impulsado por el entonces jefe del Departamento del Distrito Federal, Ernesto P. Uruchurtu, quien también construyó la primera secundaria y jardín de niños María de los Ángeles Lizárraga, que siguen en operación.
“La secundaria diurna número 27, Alfredo E. Uruchurtu, fue la primera en toda la alcaldía. Llegaban de todas partes. Aquí estudiaron todos los meros meros: Genaro Bermúdez, jugador de Pumas, que vivía en la Guadalupe; Adrián Chávez, famoso portero del América, que se fue a la selección mexicana, y Octavio El Centavo Muciño, de las Chivas”.
Como en todo progreso hay diversión. Barranca Seca también tuvo cine, el dueño era Víctor Manuel Mendoza, actor de la época de oro (Luis Antonio, de los Tres García), y es el nombre que actualmente mantiene la sala de proyección donde se exhiben películas gratis.
El cine data de la década de los 30; el proyector llegó por un vecino a quien se le conocía como Pantaleón Becerril y “la trajo a bordo del tren hasta la estación Contreras”.











