omodus Cali-Gula Neronus Trumpiano el Primero, Único y Último, ha perdido la guerra en Irán y ha acelerado el despeño del imperio estadunidense, cuyo declive, como el del imperio otomano, puede llevar algunos siglos. Así es: todavía no descorchen la champaña.
El genocida Netanyahu y sus dos criminales socios, Itamar Ben Gvir y Besalel Smotrich, del régimen teocrático que han impuesto en Israel, han demostrado su insaciable y criminal expansionismo imperialista en la perspectiva de la estrategia del Gran Israel (entre el río Nilo y el río Éufrates).
El ayatollah Jamenei, asesinado por Estados Unidos e Israel, junto con altos mandos y familiares, ha sido sustituido directamente por el ala más radical del régimen criminal y fanático que domina Irán. Este país ha sobrevivido a dos de las potencias militares mayores del mundo encontrando su verdadera bomba nuclear: el estrecho de Ormuz.
El aparente silencio de las otras dos potencias nucleares, Rusia y China, ganadoras de estos reacomodos geopolíticos y geoeconómicos, han sido conspicuos pero eficaces en el apoyo de inteligencia militar a su aliado Irán. Más importante, han analizado y registrado las enormes capacidades militares estadunidenses y también sus puntos ciegos.
John Gray nos recuerda en un artículo publicado en el New Statesman del 8 de abril (“El fin del imperio americano”) a la gran Barbara Tuchman y su libro La marcha de la locura: de Troya a Vietnam. Es un libro histórico que analiza la persistencia de la insensatez y la irracionalidad de gobiernos cuyos líderes actúan contra sus propios intereses a pesar de la evidencia. La autora, ganadora del Pulitzer, argumenta que la “locura” es un componente recurrente en el arte de gobernar. “Escogiendo espectáculo sobre prudencia, los troyanos metieron a su ciudad el caballo de madera sin saber que iba lleno de soldados enemigos. Exceso de confianza y gastos extravagantes de los papas del Renacimiento desataron la escisión y la violenta reforma protestante. El terco orgullo del gobierno de Jorge III provocó la rebelión y pérdida de algunas de las colonias inglesas en América. El rechazo a aceptar que la guerra en Vietnam no podía ser ganada llevó a la muy humillante derrota. Arrogancia, autoengaño y corrupción llevan inexorablemente a la ruina”, remata Gray.
La clave de los ayatollahs. Lo que ni los estrategas estadunidenses ni los israelíes entendieron fue el grado de arraigo en la sociedad de un régimen que asesina masivamente, que genera terror, pero también genera adhesión de un sector de la población. Como señala John Gray: “La Guardia Revolucionaria Islámica maneja un emporio empresarial que abarca desde el petróleo, las telecomunicaciones y la construcción hasta el sistema bancario. Las milicias Basij, fuerzas paramilitares voluntarias utilizadas para aplastar la resistencia interna, reciben beneficios sociales y empleos de las empresas manejadas por la Guardia. Fundaciones religiosas y élites clericales controlan billones de dólares en activos expropiados a los disidentes y a las minorías. Perder la guerra significa perder sus propiedades, sus formas de vida y su vida misma. Pelearán por eso hasta la muerte. Algunos buscarán morir como mártires, lo que es un potente y perdurable componente del islamismo chiíta.
Aunque los comportamientos de Trump podrían seguir el guion que planteó Richard Nixon a Henry Kissinger para negociar con Ho Chi Minh, la denominada Teoría del loco, consistente en amenazar a los enemigos con la locura temporal (o persistente) del presidente y su capacidad de usar bombas nucleares, no funcionó en Vietnam, ni en el Irak de Hussein ni en la Libia de Kadafi. Para Gray, la guerra actual de Trump se parece más a lo que Freud describió como compulsión repetitiva, un proceso inconsciente en el cual la mente actúa sin que se acuerde bien de lo que ha ocurrido previamente.
Para concluir este ciclo, quisiera avanzar en los rasgos de la narrativa en la cual se apoya Trump y en sus creadores.











