a agencia calificadora Fitch Ratings confirmó la calificación de la deuda pública mexicana dentro del llamado “grado de inversión”, lo que facilita al país financiarse a tasas razonables y buscar a los prestamistas que le ofrezcan mejores condiciones. La calificación crediticia es básicamente una “nota” que empresas especializadas en medir riesgos asignan a estados y a otras firmas a fin de indicar qué tan confiable es para cumplir con sus deudas; esta evaluación sirve como guía para que los inversionistas decidan dónde poner su dinero, y a qué precio. De acuerdo con la compañía estadunidense-británica, la calificación de México “se sustenta en un marco de política macroeconómica prudente, unas finanzas externas sólidas y una economía amplia y diversificada”.
Debe recordarse que las calificadoras no son jueces imparciales y sus notas no necesariamente se basan en criterios objetivos. Países con situaciones económicas desastrosas gobernados por neoliberales a ultranza pueden obtener mejores puntajes que países con fundamentos sólidos cuyos gobiernos buscan una mejor distribución de la riqueza y la realización de los derechos sociales. Además, las notas de estas empresas son profecías de autocumplimiento automático: si una calificadora rebaja la puntuación de un país, éste sufrirá un aumento inmediato de las tasas de interés a las que se financia y, por lo tanto, caerá en las dificultades pronosticadas. Además, sólo tres firmas –la propia Fitch, Moody’s y S&P– operan con la “bendición” de la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos para hacer evaluaciones de riesgo, lo cual les da un poder desmesurado para decidir la suerte de gobiernos y empresas.
Con todo, el hecho es que una buena nota simplifica mucho el trabajo de los hacedores de políticas públicas y es clave cuando se impulsan ambiciosos programas de desarrollo como el del gobierno federal. En este sentido, mantener el grado de inversión de la deuda mexicana es fundamental para las operaciones diarias del Estado y para echar a andar los 15 Polos de Desarrollo para el Bienestar, donde se busca generar cientos de miles de empleos en sectores como semiconductores, energía y electromovilidad; consolidar la red ferroviaria de pasajeros y carga; implementar el Plan Hídrico Nacional, proseguir la construcción de vivienda para trabajadores, entre muchos otros puntos del Plan México.
En un plano más amplio, el grado de inversión cimenta la confianza necesaria para el dinamismo de la actividad económica, un factor de gran importancia a fin de superar la carrera de obstáculos que nuestro país ha debido enfrentar a partir de la irrupción de la pandemia de covid-19. Después de que la emergencia sanitaria indujera una parálisis económica global y una ruptura sin precedente de las cadenas de suministro –que, a su vez, provocó un ciclo inflacionario que persiste hasta hoy–, México parecía listo para alzarse como principal beneficiario de la relocalización ( nearshoring) industrial, pues países y empresas querían cadenas de suministro más cortas y resilientes. Las inversiones en naves industriales y en vivienda alrededor de ellas se dispararon. Todo estaba encaminado para un repunte histórico de la actividad manufacturera que no sería sólo de magnitud, sino también de calidad: con obras como el Corredor Interoceánico, México se posicionó tanto para atraer industrias como para corregir las asimetrías territoriales, con un norte beneficiado por la cercanía con la frontera estadunidense y un sur olvidado por todas las oleadas de desarrollo. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca con su delirio arancelario descarriló o puso en pausa los proyectos asociados al nearshoring, y en estos momentos el mundo intenta alistarse para absorber el impacto de la fallida guerra contra Irán, cuyas manifestaciones más anticipadas son precios altos de hidrocarburos y alimentos que podrían extenderse por años.
En conclusión, es de saludarse que el manejo fiscal de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público sea un factor de estabilidad reconocido a nivel internacional y un motivo de tranquilidad para millones de mexicanos ante un panorama mundial marcado por la incertidumbre y los bandazos de Washington.











