Puesta a cargo de La Siniestra Théâtre // Se monta en El Milagro
Sábado 11 de abril de 2026, p. 3
En La Siniestra Théâtre el cuerpo aparece primero. Desde ahí investigan y llevan al límite lo que todavía no toma forma.
“Lo importante para nosotros es partir de la realidad y después ir hacia la ficción”, explicaron en entrevista con La Jornada Telmo Arévalo, dramaturgo, director y actor peruano, y Lucía Alonso, actriz y coreógrafa española.
El trabajo no arranca de una historia cerrada: nace de una pregunta en proceso. Ese principio sostiene una búsqueda donde lo íntimo, lo político y lo científico conviven en un mismo plano.
Fundada en Francia, la compañía llegó a la Ciudad de México con La bruma de Atacama, montaje que entrelaza la esclerosis lateral amiotrófica, la astrofísica y la búsqueda de desaparecidos políticos. Ofrecerá sus últimas funciones este fin de semana en el teatro El Milagro.
Tras presentarse en Europa y Latinoamérica, con escalas en el Instituto Cervantes de París y festivales en España y Lima, se pone a prueba ante otro público.
Cada lugar modifica la obra. “En cada sitio la recepción es distinta y eso nos hace redescubrirla”. El encuentro no cierra la pieza, la empuja. “Esperamos que nos cuestione, que nos siga moviendo”, añadieron.
El proceso no parte de una ocurrencia aislada. La creación se sostuvo en más de un año y medio de investigación que incluyó entrevistas con pacientes, asociaciones y especialistas. “Tomarnos ese tiempo fue la única forma de hacerlo con honestidad”, apuntó el dramaturgo Telmo Arévalo, quien subrayó una ética de trabajo que cruza la escritura y la escena.
El primer acercamiento llegó desde la esclerosis lateral amiotrófica. A partir de las voces que la viven, Lucía Alonso recordó las conversaciones con pacientes donde se repetía una negativa común: nadie quiso ser visto desde la victimización. Con ese material, la enfermedad dejó de pensarse como destino cerrado y surgió otra fuerza, más insistente, casi vital: qué hacer con el tiempo que resta.
La historia se sitúa en el desierto de Atacama, donde confluyen los caminos de Ludivine, científica obsesionada con el universo, y Evaristo, rescatista de alta montaña en zonas extremas.
En ese territorio se entrelazan las piezas de un telescopio y la huella de una persona desaparecida, mientras se activan dos búsquedas paralelas: la observación del cosmos y la búsqueda de personas ausentes.
La exploración escénica mantuvo al cuerpo como eje. Formados en la pedagogía de Jacques Lecoq, Arévalo y Alonso trabajaron desde el movimiento como lenguaje principal.
La enfermedad que afecta las neuronas motoras impuso un desafío directo. “Nos interesaba ese camino del cuerpo que empieza a apagarse”, puntualizó la actriz. La escenografía digital, a cargo de Laurent Vérité, funcionó como un campo abierto. No fijó imágenes, propuso capas de sentido y permitió pasar de lo concreto a lo abstracto sin una lectura única.
La música original de Andrés Hernández acompañó ese principio de apertura. Telmo Arévalo planteó la decisión como una base del trabajo: mantener el significado en movimiento, no cerrarlo.
Se estableció una correspondencia insistente entre redes neuronales y constelaciones. Dos sistemas que parecieron responder a una misma lógica de conexión. Entre lo microscópico y lo infinito, el cuerpo dejó de ser frontera y se volvió puente.
Arévalo y Alonso destacaron el momento que vive la compañía tras su paso por distintos países. “Venimos de Perú; fue un rencuentro muy fuerte con el público. Ahora México nos confronta de otra manera”.
Cada sede modifica la lectura de la obra: “la recepción nunca cierra la obra, la vuelve a mover, la vuelve a abrir”.
Las últimas funciones de La bruma de Atacama serán hoy y mañana a las 19 y 18 horas, respectivamente, en el teatro El Milagro (Milán 24, colonia Juárez, alcaldía Cuauhtémoc). El boleto cuesta 350 pesos.











