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Electra lleva a escena sin solemnidad las inquietudes eternas de la humanidad

La CNT estrenó el clásico en la sala Héctor Mendoza // Además de la justicia y el rencor, toca el patriarcado // La protagonista, modelo de la misoginia de la época, apunta Esther André

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▲ La tragedia de Sófocles invita a reflexionar sobre el respeto a las normas de convivencia y el abandono de los compromisos en las comunidades.Foto Yazmín Ortega Cortés
 
Periódico La Jornada
Sábado 11 de abril de 2026, p. 2

Los vórtices del dolor al que sucede el prodigio de la felicidad; la desesperanza enloquecedora y el amor; la valentía y locura; fidelidad y traición y justicia y maldad son binomios que marcan la obra Electra, que estrenó este fin de semana la Compañía Nacional de Teatro (CNT) en su sede de Coyoacán, en la sala Héctor Mendoza.

El montaje, dirigido por Esther André, retoma la pieza de Sófocles para destacar en 60 minutos las razones enfrentadas que quebrantan vínculos, hogares, sociedades o que, al contrario, permanecen como soportes esenciales contra el rencor, la destrucción y el deshonor.

Protagonizada por Nara Pech, en el papel de Electra, esta pieza del clásico griego propone la reflexión sobre el respeto a las normas que rigen la convivencia y el abandono de los compromisos en las comunidades, representado en el asesinato del rey Agamenón a manos de su esposa Clitemnestra.

En entrevista con La Jornada, la directora compartió que se trata de una nueva versión, ya que la tradujo del griego moderno y la cotejó con el griego antiguo. “Me interesaba mucho subrayar lo cerca que estamos de las cuestiones en las que se anima Sófocles y que se sigue preguntando el ser humano desde hace 2 mil 500 años”.

Para lograr esto, André trabajó en una traducción con palabras sencillas, ya que “el griego es muy concreto”. Contó que le quitó la parte solemne, obtusa y pomposa, que muchas veces tienen algunas traducciones.

La temática de la justicia y la venganza es central en la puesta en escena y se plantean preguntas concretas y actuales, pero no ofrece respuestas, sino que invita al público a pensar y completar la reflexión sobre lo propuesto por Sófocles.

También se abordan temas como la familia, la herencia y la relación de las mujeres con el patriarcado. La descendencia a menudo paga los crímenes de los antepasados, y se plantea la pregunta de qué hacen los hijos con la herencia que reciben. La relación de las mujeres con el patriarcado es otro eje importante que se explora en escena.

La directora agregó que el discurso es a menudo misógino, y son las mismas mujeres quienes lo sostienen, incluyendo al coro, Electra y Clitemnestra.

Electra, según Esther André, es casi el modelo de la misoginia de la época, en la que el teatro era un órgano de ideología muy poderoso. “Se estaban cambiando los patrones, digamos, de lo que debía de ser una mujer, y Electra es totalmente fiel a su padre, a su hermano y al patriarcado, y a la lógica de que la mujer está ahí nada más como herramienta para el hombre”. Explicó que el personaje principal lucha por lo que cree que es correcto, “pero considero que se equivoca, porque lucha por un padre que nunca conoció.

“Algo que me emociona mucho de ella es que es muy marginal, nadie la cuidó, ni la amó, creció como pudo en una casa llena de duelo. Tiene un agujero en el corazón y se debate pensando en que si hace justicia y mata al amante de su madre podrá calmar ese dolor y llenar ese agujero que tiene, pero se equivoca, como se equivoca tanta gente que necesita amor y cuidado.”

André se mostró sorprendida de que en muchas puestas en escena de esta pieza se normaliza el matricidio como una forma tolerada de hacer justicia. “Se justifica la muerte de la madre porque era una tal por cual que se acostó con otro hombre y mató al padre, por lo que merece morir. De alguna manera se considera que el matricidio es aceptable, a pesar de que la obra en sí misma no lo justifica de manera explícita”.

Durante el ensayo general del tercer capítulo del Proyecto Espiral, realizado la tarde del miércoles, se vio a una Electra que, desde el inicio, desafía la inercia de quienes se avienen al regicidio y se instala como una memoria desamparada y doliente por el sinsentido que ensombreció su casa y la ciudad griega Micenas.

La protagonista ignora que su hermano, Orestes (interpretado por Emilio Bastré), planea la restitución del reino, pero con el vaticinio de un oráculo: será “sólo, sin armas, sin ejércitos y sí con engaños”. Se abandera con la idea de que reconstruirá la casa paterna al ser “puro, justo, el elegido por los dioses”.

El escenario es prolijo y oscuro, tachonado de ramos de flores blancas. Un espacio de luto en la noche. Como una forma de sugerir el desorden, es una plataforma inclinada hacia el público, donde se halla un micrófono y el retrato de Agamenón, como un adusto general cuyo pecho está cubierto de medallas.

El vestuario de los intérpretes es contemporáneo: Electra usa ropas negras harapientas y sucias, botas descuidadas y tiene la piel manchada, mientras su hermano se enfunda en un vestido oscuro y sus acompañantes tienen atuendos que evocan la guerra. Más adelante, los blancos ropajes marcan el contraste y denotan la conducta de los otros personajes.

Las funciones de Electra se llevarán a cabo durante lo que resta de abril y hasta el 3 de mayo en la sala Héctor Mendoza (Francisco Sosa 159, Coyoacán), los jueves y viernes a las 20 horas; sábados a las 19 horas y domingos a las 18 horas. Acceso libre.