Lunes 6 de abril de 2026, p. 3
John Fante, sin proponérselo, fue maestro de escritores de generaciones posteriores, en especial de Charles Bukowski, quien rescató su obra tras descubrirlo; no obstante, el autor de la tetralogía de Bandini también dialoga con algunos de sus antecesores.
Uno de ellos es William Faulkner, considerado por muchos una de las plumas más representativas de la literatura estadunidense. Al respecto, el crítico literario Héctor Iván González señaló, durante una conferencia en 2017, que se trata del autor más influyente de la literatura estadunidense de la última mitad del siglo XX y que sus personajes, historias y ambientes, junto con una serie de recursos que incorporó a la narrativa contemporánea, le dieron un lugar primordial en el mundo de las letras.
“Influyó en autores como Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Toni Morrison, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez o más contemporáneos como Pierre Michon, Ricardo Piglia y Juan Gabriel Vásquez”, acotó.
Además, la editorial Anagrama señaló –en la biografía del autor que forma parte de su catálogo– que supera la obra de O. Henry y Mark Twain, debido a su capacidad para “pintar un ambiente desgarrador, violento o bochornosamente ridículo”.
John Fante, al ser considerado el fundador de un género literario: el realismo sucio, conocido por el empleo de lenguaje directo para retratar la crudeza de la vida urbana y personajes marginales, funge también de ejemplo para otros escritores que se interesan por los mismos temas.
Por estas razones Anagrama agregó que su obra “ha evocado comparaciones con escritores como Knut Hamsun, Dostoievski, Nathanael West, Raymond Carver”, además del ya citado Bukowski.
Sin embargo, la similitud en las creaciones de diversos autores no es una mera coincidencia, pues a pesar de la amplitud de temáticas, algunos artistas se ven atraídos por las mismas obsesiones, sobre todo quienes hablan la misma lengua.
Salvador Calva Carrasco, experto en letras y docente de la Universidad Autónoma Metropolitana, explicó en entrevista con La Jornada que esto se debe a la tradición literaria –ya sea hispánica, anglosajona o alemana–, a partir de la cual se pueden explicar las fijaciones y la forma de escribir de las personas.
Agregó que “cada escritor adopta la tradición literaria como una herencia, pero al mismo tiempo la puede adaptar a su estilo particular”. Puede tratarse de un problema o una cuestión filosófica milenaria al que trata de responder.
Es por ello que algunas veces identificamos semejanzas entre los textos de un autor u otro, pues la literatura siempre retoma aspectos de la realidad que perduran en el tiempo.











