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Tras meses de trabajos, reabrirán las renovadas Catacumbas de París

La modernización técnica busca “sumergir a los visitantes en una experiencia sensorial singular”

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▲ Cráneos y huesos humanos alineados contra una pared de las Catacumbas de París. El recinto, de mil 500 metros de longitud, reabrirá el 8 de abril, con una escenografía rediseñada destinada a atraer a un nuevo público.Foto Afp
 
Periódico La Jornada
Viernes 3 de abril de 2026, p. 2

Luego de cinco meses de trabajos de conservación y para modernizar la experiencia, el acceso público a las Catacumbas de París se reiniciará el próximo miércoles. Ese entorno subterráneo integra osamentas de más de 6 millones de personas que por siglos han sido depositadas en el sitio, con obras de arte creadas en distintas eras. Se espera que asistan cada día 2 mil turistas y la vuelta de los catáfilos (amantes del misterio que aún guarda).

Museos de París desarrolló en el sitio patrimonial la mejora de las instalaciones técnicas, para recibir a más de 600 mil visitantes anuales. Se informó que una nueva “escenografía realzará las paredes de hueso y revelará detalles hasta ahora desconocidos, mientras una experiencia de audio inmersiva de alta calidad, mediante auriculares, enriquecerá el recorrido”.

Isabelle Knafou, administradora del recinto, explicó a la agencia Afp que se pretende “sumergir a los visitantes en una experiencia sensorial singular, como la que se vive aquí, en las entrañas de París”.

La visita se divide en el recorrido por las antiguas canteras de donde se extrajo la piedra caliza para construir la capital y el periplo por el osario municipal, que alberga los restos de millones de parisinos fallecidos entre los siglos X y XVIII, trasladados allí a partir de 1780. El sitio está abierto al público desde 1809.

Knafou destacó que también se busca proteger espacios que se han convertido en parte de la identidad del sitio, como galerías cubiertas de grafitis.

El espacio oficial conocido como las Catacumbas de París, considerado el osario subterráneo más grande del mundo, se extiende por mil 500 metros de longitud a 20 metros de profundidad, con acceso controlado. Existe una aún más extensa red de galerías en las canteras de donde se extrajo el material para construir la ciudad, que también contienen un tesoro de creaciones artísticas.

Ciudad paralela

Debido a que el subsuelo de París se debilitó por los túneles, en el siglo XVIII se derrumbaron tramos de calles. Se realizó entonces una labor de consolidación, encargada a la Inspección General de Canteras. Esto dio origen a una especie de ciudad paralela con la colocación de placas con los nombres de las vialidades que más o menos corresponden en la superficie: rue Vercingétorix, rue d’Alésia, boulevard Jourdan...

Según diversas investigaciones periodísticas, esta parte superaría cientos de kilómetros. El acceso está prohibido y la dificultad de recorrerla se reserva a los apasionados de las catacumbas, conocidos como catáfilos.

Las imágenes muestran las oquedades, oscuridades, largos pasillos o accesos estrechos y terrosos, aquellos de suelos de roca y corrientes de agua, toda una variación de formaciones. Los sonidos se escuchan reverberantes o apagados, una manera particular en espacios cerrados. En ocasiones, rodeados de huesos arrojados sin orden ni concierto en pozos profundos.

Patrick Baud realizó un recorrido por esos recintos estrechos de muros cerrados, algunos inundados por agua cristalina, que pueden llegar a ser riesgosos y acarrear multas. Transmitido por el canal de la firma francesa Brut, muestra la cultura y los tesoros históricos, artísticos e incluso geológicos que conserva.

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▲ Las imágenes muestran aspectos de los muros tapizados con cráneos y huesos humanos. A la izquierda, arriba y abajo, un trabajador levanta una pared con restos, un restaurador de arte labora en una pintura y un electricista colabora en la la mejora de las instalaciones técnicas.Foto Afp

Entrevistada para ese documento, la catáfila Louise relata que se pueden encontrar búnkeres de la Segunda Guerra Mundial, hechos por la resistencia, colaboracionistas y alemanes. En otros recovecos, desde el siglo XVIII yacen gran parte de los restos originalmente inhumados en los entonces desbordados cementerios de la ciudad. Hay también paredes donde se pueden observar pequeños caracoles fosilizados de cuando este territorio era fondo marino, hace millones de años.

Añadió: “Cuando estoy bajo tierra, me siento serena, en paz, me siento bien. Para mí, también es el lugar natural más grande de París. Estamos rodeados de piedras... Así que quizá no parezca naturaleza para todo el mundo, pero lo es”.

Otro catáfilo anónimo explica que “se puede venir aquí en busca de tranquilidad, pero también para divertirse, ver a los amigos. Todo esto crea una gran comunidad, con gente muy diferente, todos unidos por esta pasión. Estamos aislados del mundo exterior, no tenemos nuestros teléfonos y dejamos de estar conectados”.

Las catacumbas muestran las huellas de quienes las visitan hace siglos. En alguna se puede ver un dibujo al carboncillo hecho durante la revolución de 1848. Este inusual museo de arte contiene esculturas, como un gólem que sostiene el techo en el lugar conocido como El Cielo, frescos y pinturas de variadas épocas.

Dos de las obras más famosas son una magnífica reproducción de La gran ola de Kanagawa, de Katsushika Hokusai, y una de La isla de los muertos, de Arnold Böcklin. Al pie de ésta existe una placa con un verso y palíndromo de Virgilio: “In girum imus nocte et consumimur igni” (Damos vueltas y vueltas en la noche y somos consumidos por el fuego).

Aparte, en el video Bajo los adoquines de París, un mundo secreto, que Jean-François Bélanger realizó para Radio Canadá Internacional, se visita ese espacio entre la aventura, el encuentro con personas con la misma afición y el goce de la belleza semioculta por la oscuridad que existe en el subsuelo bajo la capital francesa.

En cámara se ve a Gaspard Duval, enamorado de estos espacios subterráneos desde hace casi dos décadas. “Me sedujeron la calma y la belleza del lugar. Para mí, es el monumento más grande y más bello de París”.

Ha documentado con la cámara muchos de los rincones subterráneos, con decenas miles de imágenes de los pasillos, galerías y salas decoradas. “Poco a poco acabé creando una inmensa fototeca. Es un testimonio actual de lo que hay bajo París y que quizá algún día desaparezca”.

Su interés excede las catacumbas oficiales, para las cuales hay que hacer fila durante horas y que, bajo la plaza Denfert-Rochereau, constituyen menos de uno por ciento del conjunto de túneles, la mayoría inaccesibles y prohibidos. El conocimiento de las entradas es mantenido en secreto por los catáfilos.

A pesar de la reserva, se ha incrementado la presencia de turistas que faltos de cuidado se adentran en las catacumbas para desafiar lo prohibido, celebrar fiestas y buscar emociones fuertes. Cada vez es mayor el número de personas que bajan viernes o sábado.