Miércoles 1º de abril de 2026, p. 6
Este miércoles, cuando el reloj marque las 18:24 horas del Este (16:24 en México), en el Centro Espacial Kennedy se abrirá una ventana de lanzamiento de dos horas parala misión Artemis II. Se trata de la mayor apuesta por el regreso dela humanidad al entorno lunar desde las misiones de Apolo, hace más de medio siglo.
“Vamos a ver con ojos humanos la parte posterior de la Luna, hacer observaciones directas de sus cráteres y materiales”, afirma Luis Saucedo, director interino de la integración del vehículo Orión.
En entrevista con La Jornada desde el mismo centro espacial, explicó que los astronautas han sido entrenados por científicos para realizar estas observaciones, registrarlas y traer esa información de vuelta a la Tierra.
El desafío, sin embargo, es eminentemente técnico. Durante el vuelo de Artemis II, la nave Orión pondrá a prueba, en el hostil entorno espacial, los sistemas críticos –desde el soporte vital hasta el escudo térmico– y enfrentará un reingreso a la atmósfera a velocidades de hasta 40 mil kilómetros por hora.
“Todos los sistemas tienen que funcionar”, resume Saucedo.
El lanzamiento se realizará a bordo del cohete Space Launch System (SLS) que impulsará a la nave Orión, donde viaja la tripulación, fuera de la órbita terrestre. Mientras el cohete proporciona el empuje inicial, Orión está diseñada para mantener con vida a los astronautas durante el viaje y traerlos de regreso a la Tierra.
Con una duración aproximada de 10 días, la misión despegará desde el Complejo de Lanzamientos 39B del Centro Espacial Kennedy. Su trayectoria, con un patrón similar a un ocho, la llevará hasta 7 mil 400 kilómetros más allá de la Luna.
“Esta es la primera vez que vamos a tener humanos en la nave Orión con los sistemas de sustento vital. Lo más importante es probar que están listos”, añade Saucedo.
Artemis II está en manos de los astronautas de la NASA: Reid Wiseman, al mando; Victor Glover, piloto; Christina Koch y Jeremy Hansen, encargados de la evaluación de objetivos y sistemas de la nave.
“Su entrenamiento empezó hace dos años, cuando fueron designados como tripulación. Han pasado muchas horas en simuladores de vuelo, donde operan los sistemas y practican protocolos de actuación en caso de alguna falla o emergencia”, explica.
A más de 50 años de Apolo, Artemis II incorpora una nave de mayor tamaño –el espacio habitable de los astronautas equivale al de dos minibuses juntos– y una mayor capacidad de cómputo.
“La nave es completamente autónoma, puede operar sin intervención de los astronautas y cuenta con mayor fidelidad de comunicación, lo que permite enviar comandos y controlarla desde Houston”.
Otra diferencia es que, mientras Apolo era un proyecto exclusivamente estadunidense, Artemis involucra a unos 60 países. “Esto es un esfuerzo mundial, no sólo de un país”, subraya.
Para Saucedo, Artemis II es un paso clave hacia una presencia sostenida en la Luna. Tras esta misión, las siguientes fases contemplan pruebas de acoplamiento y, eventualmente, el alunizaje.
“Entre 10 y 15 años nos tomará contar con la tecnología necesaria para una presencia sostenida en la Luna. Es una meta alta, compleja, pero son esos desafíos los que impulsan a los equipos a alcanzarlas”.











