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Enaltecen el legado de Margarita Maza, primera embajadora histórica de México

“No sólo defendió la causa republicana; la encarnó con una convicción que trascendía fronteras”: Claudia Sheinbaum

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▲ Guardia de honor encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum en el Panteón de San Fernando.Foto Jorge Ángel Pablo García
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▲ Placa que se develó en la ceremonia por el bicentenario del natalicio de Margarita Maza.Foto Jorge Ángel Pablo García
 
Periódico La Jornada
Lunes 30 de marzo de 2026, p. 2

La “resistencia cotidiana” de Margarita Maza (1826-1871) “permitió que el proyecto republicano tuviera continuidad emocional y moral”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la ceremonia que ayer conmemoró a la heroína que fue “la voz de un país herido que se negaba a rendirse” en tiempos sombríos.

En el Panteón de San Fernando, en el día exacto en que se cumplieron 200 años de su nacimiento, se realizó una guardia en honor a Margarita Eustaquia Maza Parada. También se develó una placa que la reconoce como la primera embajadora histórica de la República Mexicana por sus servicios prestados en 1866, de conformidad con el decreto firmado el pasado 21 de marzo por Sheinbaum.

La mandataria mencionó que en los “años más duros del exilio de Benito Juárez, de la Reforma y de la intervención extranjera, Margarita no sólo sostuvo a su familia en condiciones adversas, sino que enfrentó la distancia, la incertidumbre y la pérdida de algunos de sus hijos con una entereza excepcional”.

El homenaje contó con la presencia de Sofía Gamio Sánchez Juárez, descendiente de sexta generación de la familia Juárez Maza, y Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, así como titulares de las secretarías federales Rosa Icela Rodríguez (Gobernación), Citlalli Hernández (de las Mujeres), Claudia Curiel (Cultura) y Juan Ramón de la Fuente (Relaciones Exteriores), entre otros funcionarios.

La Presidenta comentó que la participación histórica de mujeres como ella ha sido reducida a una mención subordinada al protagonismo masculino, “no sólo injusta, sino que empobrece nuestra comprensión del pasado al ignorar la complejidad y la dimensión colectiva de los procesos históricos. Casos como el de Josefa Ortiz, Leona Vicario y Margarita Maza evidencian esta deuda. Todas encarnan la fortaleza, la lealtad y el compromiso en circunstancias adversas”.

Añadió que Margarita Maza “entre 1864 y 1867 desde Nueva York no sólo defendió la causa republicana; la encarnó con una convicción que trascendía fronteras. Sin título oficial, pero con una autoridad moral incuestionable (….) logró que en tierras extranjeras se comprendiera que México no libraba una simple disputa interna, sino una lucha digna y legítima por su libertad frente al poder europeo”.

Aseveró que mientras la patria parecía desmoronarse por la intervención extranjera, Maza, “con una voluntad indomable, tejió una red de apoyo que movilizó conciencias y recursos. Bazares, encuentros culturales y actos públicos se transformaron en trincheras de resistencia, donde cada gesto solidario se convertía en esperanza para quienes combatían en suelo mexicano”.

Aún con la pérdida de dos de sus hijos pequeños, por enfermedad en condiciones adversas, y ese dolor inconmensurable, Maza “rechazó toda ayuda destinada a su propio bienestar, sosteniendo con una dignidad inquebrantable que cada recurso debía servir únicamente a la República. En ese gesto profundamente humano y, a la vez, heroico se reveló la grandeza de su carácter y el amor absoluto que sentía por su patria”.

Guardiana de la esperanza nacional

Cuando Margarita Maza regresó a México en 1867, continuó la jefa del Ejecutivo, se convirtió en un símbolo y fue recibida como tal por el pueblo en Veracruz y en la Ciudad de México. Se le reconocía no sólo como esposa del presidente Juárez, sino como “la guardiana de la esperanza nacional en los momentos más sombríos”.

La Presidenta exaltó que revisar la historia con una mirada más justa requiere el rescate de trayectorias como la de Maza y “nombrarlas con la misma dignidad y profundidad que a sus contrapartes masculinas”.

Lo anterior, añadió la mandataria, no significa desplazar “a unos para colocar a otras, sino comprender que los grandes momentos de la historia rara vez son obra de una sola figura: son el resultado de redes de apoyo, de resistencias compartidas y de sacrificios que, no siempre visibles, fueron indispensables y también heroicos.

“Reconocer a estas mujeres es un acto de justicia en el presente. Es admitir que la libertad, el coraje y la inteligencia no tienen género y que muchas de las victorias que hoy se celebran no habrían sido posibles sin aquellas que, posiblemente desde entonces llamadas la sombra, sostuvieron el peso de la historia sin doblegarse.”

Sheinbaum Pardo concluyó: “Margarita, primera embajadora histórica de México, como la primera mujer presidenta, te nombro y, con ello, enaltecemos tu legado que resuena con más fuerza que nunca. Con admiración infinita te rendimos tributo y ofrecemos un reconocimiento que no conoce el paso del tiempo”.

Extendió el reconocimiento a la actualidad, para las mujeres “que han dado forma a nuestra patria con sus manos, su inteligencia y su amor. Desde los hogares hasta las aulas, desde los campos hasta las ciudades, e incluso más allá de nuestras fronteras, las mujeres han sostenido y transformado este país que tanto amamos”.

En su alocución, Clara Brugada destacó que se da el homenaje a Margarita Eustaquia Maza Parada por su papel fundamental en la formación del Estado mexicano, quien más que una figura acompañante del presidente Benito Juárez fue diplomática y patriota, quien organizó redes de apoyo y estuvo al lado de una generación que defendió ideales que están vigentes.