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Disquero
El bosque y el algoritmo
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▲ El álbum thomas morgan, around you is a forest incluye nueve piezas en donde se produce un diálogo entre el ser humano y las máquinas.Foto Archivo
 
Periódico La Jornada
Sábado 28 de marzo de 2026, p. a12

He aquí un disco fascinante: thomas morgan, around you is a forest, título que aparece en la portada en minúsculas y escrito a mano como un contraste a su contenido impulsado por la tecnología aplicada a la música.Este álbum inaugural en la carrera solista de Thomas Morgan es muchas cosas, entre ellas, el diálogo del ser humano con el algoritmo.

A los 45 años de edad, el contrabajista estadunidense Thomas Morgan corona una carrera caracterizada crasamente en corolarios: sus grabaciones con eminencias como Jakob Bro (con quien grabó el álbum Time), Paul Motian (el disco The Windmills of Your Mind) y Returnings, un clásico de la mejor disquera del orbe: ECM.

Hijo de un científico, especializado en matemáticas y en física, integrante de una familia de músicos (todos tocan varios instrumentos), Thomas Morgan (homónimo de un científico genetista estadunidense del siglo pasado), aprendió de su familia el amor por la música y, de su padre, la pasión por la ciencia. Su papá lo educó desde niño en el arte de la creación de programas de computadora. Como consecuencia, Morgan creó un instrumento virtual que bautizó como WOODS, a partir del lenguaje de programación llamado SuperCollider, para generar timbres y patrones rítmicos y melódicos que suenan como si fueran naturales a pesar de su origen algorítmico. El resultado es un álbum de nueve obras donde él y otros músicos, uno por pieza, hacen música a dúo con la computadora, que a su vez genera sonidos como estímulo y respuesta a los que producen los distintos músicos, uno a uno. Un diálogo entre el ser humano y las máquinas.

Al escuchar este disco, de inmediato pensamos en el compositor mexicano de origen estadunidense Conlon Nancarrow (1912-1997), creador de pianolas movidas por energía eléctrica y neumática a partir de tarjetas perforadas, antecedente profético de las computadoras, las primeras de las cuales funcionaban así, a partir de la perforación de cartoncitos, y de donde surgieron los programas de computación.

Esa granulación de notas a velocidades vertiginosas, esa sensación entre onírica y real, esas cascadas de notas como pelotas de ping pong de colores flotando en un frasco gigante, esa algarabía granulada, todo eso proporciona un ambiente de irrealidad real, de tacto intangible, de paredes de sonidos formadas por hoyos que no existen, porque el entramado es tan apretado y al mismo tiempo tan holgado que vuelve y envuelve el todo en sinestesia.

La relación hombre-máquina en música tiene muchos episodios cercanos. Han habido discos grabados en ausencia del intérprete, antes de que existiera la inteligencia artificial, y han existido obras creadas mediante mecanismos electromecánicos, como el fabuloso Orchestrion que inventó Pat Metheny, en las que instrumentos de cuerda y percusión se activan mediante pedales a distancia.

En el caso de Thomas Morgan, estamos frente al poder del algoritmo, gobernado por entero por el gran programador cibernético en el que se convirtió Morgan, a partir de las enseñanzas de su padre y de su mentor espiritual, Steven Levy, autor del libro Hackers: Heroes of the Computer Revolution.

Es el reino del software libre, todo un movimiento mundial que ha producido buenos frutos desde la década de los 70 del siglo pasado, cuyo sustento consiste en dotar a los usuarios de la libertad para leer, modificar y redistribuir códigos y fuentes de programas computacionales. El objetivo es garantizar los intereses personales del usuario, en sentido contrario a los intereses comerciales de los programas en boga. Estos valores son tan importantes, que esa industria poderosa ha atribuido un sentido negativo al vocablo hacker, cuando en realidad se trata de un movimiento progresista y liberador bajo una ética ejemplar.

Al mismo tiempo que Morgan perfeccionó sus habilidades para crear software, creció su pasión por la música. Sus primeros héroes contrabajistas fueron Milt Hinton, Charlie Haden y Ray Brown. No tardó en encontrar el símil ético: “Para mí, los músicos de jazz pertenecemos también a la cultura hacker”. Y ahí incluye a artistas legendarios con quienes realizó conciertos y giras: Dave Binney, Steve Coleman, John Abercrombie, Masabumi Kikuchi y Paul Motian. Semidioses.

Para crear su instrumento virtual WOODS, se enganchó con el algoritmo Karplus Strong, “que simula puntear cuerdas de los instrumentos africanos ngoni y kora, y asumen también el vibrato que nos trae a la mente el sonido del cordófono coreano gayageum y el koto japonés. Pero mi interés no era emular estos instrumentos en específico, sino sonar de manera real, como un instrumento de cuerda acústico que alcanza niveles de lo fantástico”, describe Thomas Morgan.

WOODS, explica su creador, “es un acrónimo recursivo que significa Often Oscillates Droning Strings. En el argot de la programación de sistemas computacionales y en matemáticas, el término “recursivo” se refiere a procesos, funciones o estructuras que se repiten a sí mismos o que se definen en función de pasos anteriores. Mientras el término droning refiere las repeticiones y mutaciones de frases cortas en periodos extendidos de tiempo. Así es como suena WOODS, el instrumento inventado por Thomas Morgan, quien encabeza los nueve diálogos hombre-máquina que conforman el disco que hoy nos ocupa.

La primera pieza es un largo, conmovedor, estrujante y magistral discurso en contrabajo, con sus resonancias estremecedoras, sus vibraciones profundas, sus invenciones al instante, primero solo, y en cuanto aparece la magia de las pelotitas de colores saltarinas, todo se convierte en una forma de placer muy intensa.

A esa pieza, que da título al disco precisamente: around you is a forest, le sigue un episodio igualmente hermoso titulado Eddies, con el maestro Dan Weiss, con una disquisición magistral en tabla, ese instrumento de percusión propio de la música clásica de la India. El llamado y respuesta ocurre aquí como una danza ritual y al mismo tiempo cibernética, dados los contrastes entre el sonido del algoritmo, que se aproxima a la música africana y la profundidad de los parches del instrumento tradicional de la India. Una exquisitez.

La siguiente pieza, Dream Sequence, ocurre precisamente como el transcurso de un sueño, con la intervención del músico Craig Taborn, quien aporta teclados y sonidos de aves nocturnas, insectos y otras criaturas del bosque, en honor al nombre del instrumento virtual, WOODS, y al título del disco.

La pieza 8, Murmuration, es un enjambre funky con líneas de sax alto a cargo de otro místico, Immanuel Wilkins. Para dar paso a otro maestro de la música espiritual, Ambrose Akinmusire, viejo amigo del Disquero, en la obra de título budista: Assembly of All Beings, mientras su trompeta se desplaza a través de los intersticios de la luz, en un acto epifánico que en japonés se describe con el vocablo Komorebi, que se refiere a la luz solar que se filtra a través de las hojas y las ramas de los árboles creando patrones cambiantes de luz y sombra en el suelo. Describe un momento efímero de tranquilidad y belleza natural.

Otro momento hermoso del disco es la pieza de 11 minutos titulada Risinig from the West, con el genio de la guitarra mágica don Bill Frisell, otro de los héroes del Disquero. La culminación ocurre, no podía ser de otra manera, con poesía. Escuchamos la voz del poeta beatnik y budista Gary Snyder, Premio Pulitzer, recitando su poema Here: In the dark / (The new moon long set). / A soft grumble in the breeze / Is the sound of a jet so high/ It´s already long gone by/ Some planet/ Rising from the east shines/ Through the trees/ It´s been years since I thought/ Why are we here?

He aquí un disco fascinante: Un bosque te circunda, del maestro matemático y soberbio contrabajista acústico Thomas Morgan. Un momento efímero de tranquilidad y belleza natural.

X: @PabloEspinosaB

disquerolajornada@gmail.com