ara avanzar en la construcción de un país en el que haya prosperidad y bienestar es necesario que la economía crezca a tasas de por lo menos 4 por ciento. Para tratar de lograr este propósito, el gobierno federal propuso a empresarios el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar. En este plan el gobierno destinará 5.5 billones de pesos en cinco años, de 2026 a 2030; en el actual se invertirán 722 mil millones adicionales a lo presupuestado. Junto a estos recursos públicos, es necesario que los empresarios también inviertan y lo hagan comprometidos con conseguir bienestar.
Para lograr crecer más y distribuir mejor los frutos de ese crecimiento, es indispensable que haya crédito. Los bancos tienen que incrementar los recursos que prestan a empresas y familias. Este año, el crédito total en México como proporción del PIB llegó a 38 por ciento y, de acuerdo con las estimaciones del gobierno, hace falta que alcance 45 por ciento. La proporción es baja si se compara con economías como Canadá, que llega a 124 por ciento, o Brasil, Chile e incluso Ecuador, con proporciones superiores a 50 por ciento. La comparación muestra que los bancos privados en México otorgan muy selectivamente el crédito.
Por eso la Presidenta dijo a los banqueros en su reciente convención que nos hace falta crecer con bienestar y sustentabilidad y para ello se requiere expandir el crédito productivo y que las mipymes tengan acceso al financiamiento. Se requiere, añadió el secretario de Hacienda, inclusión financiera para elevar la productividad, ampliar la inversión y consolidar cadenas productivas robustas. Si el financiamiento llega verdaderamente a la micro y pequeñas empresas no sólo logramos un objetivo social: generamos también condiciones para que aumente la productividad.
En la misma convención, el presidente de la Asociación de Bancos de México aceptó que estas instituciones pueden otorgar más crédito a la población, ya que, comparados con otros sectores de la economía, tienen una rentabilidad “razonable”. Sabemos que la rentabilidad de los bancos privados que operan en México es superior a la de otras filiales en cada uno de los grupos financieros de los que son parte. Su rentabilidad es más que razonable, es extraordinaria y rompe récord casi cada año. Queda claro que esta rentabilidad no se consigue por la amplitud de la derrama crediticia, ya que están muy por debajo de lo que otros bancos prestan en el mundo.
Su rentabilidad se debe, en primer lugar, al enorme diferencial entre los intereses que pagan a sus ahorradores y lo que cobran a sus acreditados. De acuerdo con una nota de Julio Gutiérrez ( La Jornada, 18/3/26, p. 19), entre 2011 y 2025 el promedio de las tasas de interés de las tarjetas de crédito, instrumento crediticio estrella de los bancos, fue de 34.61 por ciento. Indicadores producidos por el FMI y el Banco Mundial señalan que entre 2011 y 2024 los bancos que operan en México pagaron a sus ahorradores en promedio 2 ciento por sus depósitos. Una segunda razón que explica su rentabilidad son las comisiones que cobran, las que nunca han disminuido. Su extraordinaria rentabilidad no se debe a su eficiencia, sino a que lucran con el ahorro de otros y cobran mucho por sus servicios.
La situación actual en México exige a los banqueros que cumplan verdaderamente con su cometido: intermediar entre el ahorro y la inversión y hacerlo de manera que reciban lo que corresponde justamente a su función. Hoy se plantea a los banqueros ampliar el crédito, y hacerlo con inclusión financiera, para que la propuesta gubernamental de lograr el desarrollo con bienestar pueda cumplirse. Se pide que financien los proyectos de inversión mixta que están planteados en el Plan de Inversión en Infraestructura.
Los sectores que el gobierno ha abierto a estas inversiones mixtas en infraestructura son energía, trenes, carreteras, puertos, aeropuertos, salud, agua y educación. Para que se concreten inversiones mixtas en estos sectores hacen falta nuevos vehículos de inversión con esquemas especializados en infraestructura y una base de datos que permita la planeación de nuevos proyectos con indicadores apropiados. La novedad del planteamiento presidencial radica en que se busca la prosperidad compartida con crecimiento, bienestar, empleos nuevos bien remunerados, desarrollo regional y soberanía.
En esta importante meta nacional, el sector financiero debe responder a la solicitud gubernamental ampliando el crédito, profundizando la inclusión financiera y apoyando a las empresas, sobre todo a las micro y pequeñas, con lo que contribuirá a la modernización del país. Los directores de los bancos privados han declarado que están listos, que el dinero está disponible. La estafeta está en sus manos. Veremos si efectivamente los bancos cumplen.












