Los problemas del campo // La transformación que no llega // Incongruencia de diputados locales
a situación en el campo es cada vez más grave. El crimen organizado, la corrupción y el terrible miedo de perder las elecciones son los factores con que se tejió el inmenso manto de impunidad que impide que la cosas cambien de fondo en el país.
La idea de que en el discurso y en algunos hechos muy señalados las cosas han cambiado ha sido una muy poderosa arma que usa el gobierno para crear su identidad, pero para mucha gente la transformación no ha llegado a sus lugares; por el contrario, los problemas, como la migración del campesino a la ciudad, se ahondaron y se transformaron en actos delincuenciales que afectan a todo el país.
El abandono a la problemática del campo es cada vez más notorio y preocupante. La desaparición de hecho de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y el fracaso de los movimientos que pretendían reivindicar la labor en la tierra acabaron por defraudar la confianza de la gente del campo que no tiene muchas alternativas de subsistencia.
Datos recientes aseguran que en una década más de 2.2 millones de hectáreas se quedaron sin cultivar por problemas que van desde la violencia, el clima y hasta los problemas económicos, aunque las cifras oficiales revelan que en 2025 el campo daba empleo a 6.44 millones de personas. Los campesinos, hay que tenerlo en cuenta, representan 28.2 por ciento de la población, poco más de 14 millones.
Una muestra de la crisis son las importaciones. El año pasado se rompieron los récords de importación de maíz, las compras al extranjero alcanzaron 24.5 millones de toneladas, un incremento de 4 por ciento respecto del año anterior.
En cuanto al frijol, aunque la producción es muy importante, fue necesario importar algo así como 230 mil toneladas para satisfacer la demanda interna. El país no ha sido capaz de hacerlo y parece que no hay una política certera para evitar que los jóvenes, sobre todo, se arraiguen al campo.
Más vale echarle un ojo a lo que sucede con la tierra de cultivo en el país antes de que se dé un capítulo violento. Es de la gente del campo, principalmente, de donde se surte el crimen organizado para crear sus ejércitos, así que no sólo por soberanía alimentaria, sino que también por seguridad y paz, es hora de incluir en la lista de urgentes al campo y sus trabajadores. De verdad urge.
De pasadita
¿Qué les pasa a los legisladores de esta ciudad? ¿Cómo es que prohíben y sancionan el consumo y la venta de cigarros de tabaco y de los aceites que se consumen en los cigarrillos electrónicos, pero dejan pasar cajas y cajas –por cientos, por miles–, de las cajetillas de cigarros de contrabando que, además, se fabrican con mezclas muy dañinas como aserrín y otros elementos que se venden sin ninguna preocupación en las calles, uno por uno o por paquetes, en puestos semifijos de Tepito a la luz del día sin que nadie diga nada.
Bueno, hay que tener consideración. Ninguno de nuestros diputados locales iría al barrio a manchar el atuendo del día, y aunque parece imperdonable no estar cerca de la gente, lo cierto es que es más redituable hacerse de la vista gorda y dejar que el contrabando, del que está lleno el barrio, fluya con tranquilidad, aunque se dañen los votantes.
Alguien tiene que parar este problema que cada día crece más y que cuando se le quiera frenar tendrá tantos intereses, incluyendo los políticos, que será más que difícil erradicarlo. Aguas.











