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Trump aprobó la guerra contra Irán tras llamada con Netanyahu

El premier israelí indicó al republicano que una reunión en Teherán era la mejor oportunidad para matar al ayatollah Ali Jamenei: fuentes

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▲ Rescatistas revisan los escombros dejados por los bombardeos iraníes en la localidad israelí de Dimona, el domingo.Foto Xinhua
 
Periódico La Jornada
Martes 24 de marzo de 2026, p. 17

Washington y Jerusalén., Menos de 48 horas antes de que comenzara el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el primer ministro y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamin Netanyahu, conversó por teléfono con el presidente Donald Trump sobre los motivos para comenzar la guerra “compleja y lejana”, como la que el jefe de la Casa Blanca prometió evitar durante su campaña.

Tanto Trump como Netanyahu sabían, gracias a los informes de inteligencia recibidos a principios de semana, que el líder supremo iraní, el ayatollah Ali Jamenei, y sus principales colaboradores se reunirían pronto en su complejo de Teherán, lo que los hacía vulnerables a un “ataque de decapitación”, ofensiva contra los máximos dirigentes de un país que suelen perpetrar los israelíes, pero que no ha sido habitual para los estadunidenses.

Nuevos datos de inteligencia sugerían que la reunión se adelantó al sábado por la mañana en lugar de celebrarse ese día por la noche, según tres personas informadas sobre la llamada.

El diálogo telefónico no se había informado anteriormente.

Netanyahu, decidido a seguir adelante con una operación que impulsó durante décadas, argumentó que quizá nunca hubiera una oportunidad mejor para matar a Jamenei y vengar los anteriores intentos iraníes de abatir a Trump. Entre ellos se incluía un complot de asesinato por encargo presuntamente orquestado por Teherán en 2024, cuando el republicano era candidato presidencial.

El Departamento de Justicia acusó a un ciudadano paquistaní de intentar reclutar personas en Estados Unidos para el plan, concebido en represalia por el asesinato por parte de Washington del comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Qassem Soleimani.

EU no tenía fecha para una ofensiva

Cuando se produjo la llamada, Trump ya había aprobado la idea de que Estados Unidos llevara a cabo una operación militar contra Irán, pero aún no había decidido cuándo ni en qué circunstancias.

El ejército estadunidense llevaba semanas reforzando su presencia en la región, lo que llevó a muchos dentro de la administración a concluir que era cuestión de tiempo para que el presidente decidiera seguir adelante. Una posible fecha, apenas unos días antes, se descartó debido al mal tiempo.

Reuters no pudo determinar cómo influyó el argumento de Netanyahu a Trump mientras éste contemplaba dar la orden de atacar, pero la llamada supuso el argumento final del líder israelí ante el magnate. Las tres fuentes informadas sobre la llamada afirmaron que creían que ésta –junto con la información de inteligencia que indicaba que se estaba cerrando la ventana de oportunidad para eliminar al líder iraní– fue un catalizador para la decisión final de Trump de ordenar al ejército, el 27 de febrero, que siguiera adelante con la operación furia épica.

Trump podría hacer historia al ayudar a eliminar a una dirección iraní largamente denostada por Occidente y por muchos iraníes, argumentó Netanyahu. Los iraníes podrían incluso salir a las calles, previó, para derrocar un sistema teocrático en el poder desde 1979.

Las primeras bombas cayeron la mañana del sábado 28 de febrero. Trump anunció esa misma noche que Jamenei murió.

En respuesta a una solicitud de comentarios, la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, no se refirió directamente a la llamada entre Trump y Netanyahu, pero declaró a Reuters que la operación militar tenía el objetivo de “destruir los misiles balísticos y la capacidad de producción del régimen iraní, aniquilar la armada, acabar con su capacidad para armar a sus aliados y garantizar que Irán nunca pueda obtener un arma nuclear".

Ni la oficina de Netanyahu ni el representante de Irán ante Naciones Unidas respondieron a las solicitudes de comentarios.

Netanyahu, en una rueda de prensa celebrada el jueves, desestimó como “noticias falsas” las afirmaciones de que “Israel, de alguna manera, arrastró a Estados Unidos a un conflicto con Irán. ¿De verdad creen que alguien puede decirle al presidente Trump lo que tiene que hacer? Vamos”.

El mandatario estadunidense ha declarado en público que la decisión de atacar fue exclusivamente suya.

Los reportes de Reuters, en los que funcionarios y otras personas cercanas a ambos líderes hablan en su mayoría bajo condición de anonimato, no sugieren que Netanyahu obligara a Trump a ir a la guerra. Pero muestran que el líder israelí fue un defensor eficaz y que su planteamiento de la decisión –incluida la oportunidad de matar a un líder iraní– resultó persuasivo para el presidente estadunidense.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, sugirió a principios de marzo que la venganza fue uno de los motivos de la operación, y declaró a los periodistas: “Irán intentó matar al presidente Trump, y el mandatario expresó la última palabra”.

Los bombardeos de junio

Trump basó su campaña de 2024 en la política exterior de su primera administración: “America primero”, y declaró que quería evitar la guerra con Irán, al preferir la vía diplomática.

Pero, dado que las conversaciones sobre el programa nuclear iraní no lograron un acuerdo la primavera pasada, Trump comenzó a plantear un ataque.

El primer bombardeo se produjo en junio pasado, cuando Israel arrojó bombas sobre las instalaciones nucleares y las bases de misiles de Irán y mató a varios líderes. Las fuerzas estadunidenses se unieron posteriormente. Cuando esa operación conjunta terminó tras 12 días, Trump se regodeó públicamente del éxito, al asegurar que Estados Unidos había “destruido” las instalaciones atómicas de la república islámica.

Meses después, se reanudaron las conversaciones entre Estados Unidos e Israel sobre un segundo ataque aéreo destinado a golpear nuevas instalaciones de misiles e impedir que Irán adquiriera la capacidad de fabricar un arma nuclear.

Los israelíes comenzaron a planificar su ataque contra Irán partiendo de la premisa de que actuarían en solitario, según declaró el ministro de Defensa, Israel Katz, el 5 de marzo. Pero durante una visita en diciembre a la finca Mar-a-Lago de Trump en Florida, Netanyahu le expresó que no estaba del todo satisfecho con el resultado de la ofensiva de junio.

El magnate indicó que estaba abierto a otra campaña de bombardeos, pero también quería intentar otra ronda de conversaciones.

Los detonantes de la campaña

Dos acontecimientos empujaron al presidente estadunidense a atacar de nuevo a Irán.

La operación del 3 de enero en la que fue secuestrado el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en Caracas, demostró la posibilidad de que operaciones militares ambiciosas pudieran tener pocas consecuencias colaterales para las fuerzas estadunidenses.

Más tarde, ese mismo mes, estallaron masivas protestas contra el gobierno en Irán, las cuales fueron reprimidas, por lo que Trump prometió ayudar a los manifestantes, pero hizo poco de forma inmediata que fuera público.

A finales de febrero, muchos funcionarios estadunidenses y diplomáticos de la región consideraban muy probable que se llevara a cabo un ataque de Estados Unidos contra Irán, aunque los detalles seguían siendo inciertos.

Trump fue informado por funcionarios del Pentágono y de inteligencia sobre las posibles ventajas que se obtendrían de un ataque exitoso, incluida la destrucción del programa de misiles de Irán.

Antes de la llamada telefónica entre Netanyahu y Trump, el secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, comunicó a un pequeño grupo de altos dirigentes del Congreso el 24 de febrero que era probable que Israel atacara Irán, independientemente de si Estados Unidos participaba o no, y que Teherán probablemente tomaría represalias contra objetivos estadunidenses, según tres personas informadas sobre la reunión, de acuerdo con una evaluación de la inteligencia estadunidenses.

Esta predicción resultó acertada. Los bombardeos dieron lugar a contrataques iraníes hacia activos militares estadunidenses, la muerte de más de 2 mil 300 civiles iraníes y al menos 13 militares estadunidenses, ofensivas dirigidas a aliados de Washington en el golfo Pérsico, el cierre de del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más vitales del mundo, y un repunte histórico en los precios del petróleo, que ya golpea a los consumidores en Estados Unidos y más allá.

Trump pidió repetidamente un levantamiento tras la muerte de Jamenei. Con la guerra en su cuarta semana y la región sumida en el conflicto, la Guardia Revolucionaria de Irán sigue patrullando las calles del país. Millones de iraníes permanecen refugiados en sus hogares.