Martes 24 de marzo de 2026, p. 3
Madrid. La escritora francesa Annie Ernaux escribe desde muy joven un diario de trabajo en el que esculpe sus propias ideas, les da forma, se regodea en sus propias obsesiones y reflexiona consigo misma. La editorial Cabaret Voltaire publica en español esa herramienta fundamental de la Nobel de Literatura 2022 bajo el título El taller negro, en el cual se registran sus pensamientos, muchos proyectos inacabados y las interminables preguntas que le inspira la vida cotidiana, los temores de un mundo a la deriva, el futuro de la mujer, la forma de ayudar a su propia “raza”, que para ella es la clase obrera, el pueblo de abajo, al que ha pertenecido siempre y del que se siente orgullosa.
La obra literaria de Ernaux (1940, Normandía) contiene una serie de trazos de su biografía. Su escritura habla sobre todo de su experiencia vital y de la clase obrera que se ha enfrentado a un mundo hostil, severo, violento, pero en ocasiones repleto de ternura y belleza. De ahí que su estilo es directo, sin florituras, pues, como ha dicho en numerosas entrevistas, sus libros son en conjunto un “relato autosociobiográfico” en el que, a partir de sus vivencias, construye un relato social, una trama que describe un momento histórico, una generación perdida, de la historia de una mujer de la Francia rural que vive ahora en un país que ya no es ni plácido ni austero y desde donde se aferra a la memoria para hablar del amor, de la enfermedad, del aborto, de la educación, de su hermana muerta…
Ese “taller negro”, donde va dando forma a sus libros, representa su introspección, su forma de dialogar consigo misma, sin tregua y sin filtros, sin pausa y sin complacencias. Porque en paralelo a sus novelas, Ernaux ha llevado un diario de trabajo, una suerte de nota de apuntes que permite asomarse a la parte secreta de su obra y que da testimonio de ese diálogo.
Ernaux ha explicado: “todos los libros que he escrito vienen precedidos de una fase, a menudo muy larga, de reflexiones y de preguntas, de incertidumbres y de direcciones abandonadas. A partir de 1982, tomé la costumbre de anotar ese trabajo de exploración en hojas con fechas y he seguido haciéndolo hasta el presente. Es un diario de esfuerzos, de la perpetua irresolución entre proyectos, entre deseos. Una especie de taller sin luz y sin salida, en el que doy vueltas en torno a la búsqueda de las herramientas que más convengan al libro que vislumbro, a lo lejos, en la claridad”.
La inconsolable pesadumbre de vivir
Al concederle el Premio Formentor, en 2019, se explicó algo que coincide con el espíritu y los entresijos de El taller negro: “la renuncia de Annie Ernaux a los recursos que hermosean las imposturas de orden familiar y social es una de las más notables contribuciones a la cultura literaria de nuestro tiempo. Con férrea voluntad desarma el modelo convencional del relato y prescinde de la lógica secuencial de los hechos para hacer de su propia vida el objeto de una descarnada investigación etnológica.
“Los libros de Ernaux se sitúan en la encrucijada de la literatura, las ciencias sociales y la documentación fotográfica para desbrozar la naturaleza de un yo atravesado por la cotidianeidad y sometido a la inconsolable pesadumbre de vivir. Ernaux desvela sin pudor la condición femenina, comparte con el lector la intimidad de la vergüenza y refleja con un estilo despojado la desordenada fragmentación de la vivencia contemporánea. Sin dejar de acoger el entumecimiento que padecen los humillados y los ofendidos, sin ceder a la tentación ornamental de la egolatría mundana y oponiendo resistencia a la coacción de la fama.”
La escritora ha dedicado una buena parte de su vida a la enseñanza como profesora de literatura francesa. Además del Nobel, ha recibido muchos galardones, entre los que destaca el Premio de la Lengua Francesa 2008. Es autora de una obra esencialmente autobiográfica e intimista, con títulos como Los armarios vacíos (1974), Lo que ellos dicen o nada (1977), La mujer helada (1981), Una mujer (1987), Diario del afuera (1993), No he salido de mi noche (1997), Perderse (2001), La ocupación (2002), La escritura como un cuchillo (2003), El uso de la foto (2005), Los años (2008), La otra hija (2011), Mira las luces, amor mío (2014), Memoria de chica (2016) y El hombre joven (2022).
La Jornada publica en exclusiva un adelanto de El taller negro, con autorización de la editorial Cabaret Voltaire, a unos días de que se distribuya en España.
(1982)
4 de marzo
Impresión de que siempre me apoyo en el «complejo», la familia, etc., por falta de audacia, por seguridad. Pero cuando empiece en esta dirección, me aburriré. Solo una técnica diferente –una mezcla de tonos, épocas y puntos de vista– podría evitarme esa trampa. Si el sueño, según André Breton, y yo lo creo, es capaz de aportar la solución a los problemas diurnos: soñé que Claude Duneton me enviaba el segundo volumen de sus memorias. Pues bien, creo que su método no es el adecuado y su lirismo burlón me suena a falso. Señal, pues, de que hay que hacer otra cosa en cuestión de «memoria».
Ayer pensé que tendría tiempo de escribir dos libros.
26 de abril
Difícil, todo, y no sé qué relación puede haber en este momento entre lo que escribo y el horror que me produce la sensación de mi situación real. Y, tal vez, lo que hago no sea «justo» ni bueno. Una comparación atroz: se sufre tanto por un libro criticado por no ser bueno, y que quizá no lo sea, como por una obra maestra. Y, del mismo modo, sufro por un hombre que, como ha demostrado sobradamente, sin duda no lo merece.
(1985)
domingo, 6 de octubre
Pensado que era yo mucho más audaz al comenzar Los armarios vacíos en 1972, un proyecto ambicioso desde el principio. El problema es que ahora ya no tengo tiempo para equivocarme.
(1990)
29 de junio
De regreso de Éragny, siempre con esa violenta emoción particular al escuchar una melodía ligada a recuerdos amorosos, circulando por la autopista, pensaba que solo el amor y la muerte son verdaderamente el fondo de la existencia, el fondo de la escritura, cualquiera que sea el relato. Una vez más se unían en mi mente P., mi madre, la infancia («52»), el verano del 54, del descubrimiento sexual.
(1993) 9 de noviembre
Quizá trabajar sin red, al menos al principio.
¿Qué es una vida? ¿Qué es el yo? Responder a eso.
(1997)
sábado, 4 de abril
Clasificadas, revisadas rápidamente todas las notas acumuladas. Todo ello constituye un material de pura autobiografía. Difícil de conciliar con un enfoque objetivo (pero no estoy obligada a utilizarlas).
Por otro lado, me doy cuenta de que la memoria se organiza por periodos y no, evidentemente, por años. Los «anales» son imposibles. La relación entre la memoria y el tiempo personal con la historia aún está por aclarar.











