Trump y sus encontronazos con líderes mundiales // No está hecho para negociar, sino para imponer // La renuncia de Joe Kent
al vez recuerden ustedes que hace tiempo, la columneta planteó la posibilidad de convertirse en una especie de ventana permanentemente abierta, que nos permitiera conocer el estado de ánimo con el que se levantara de su lecho imperial el señor presidente de Estados Unidos. ¿Durmió el suficiente tiempo?, ¿la incontinencia lo obligó a dejar el lecho más de cinco ocasiones?, ¿salió vencedor en todas las pesadillas en las que enfrentó al senador demócrata Bernie Sanders, con quien personalmente, jamás se atrevió a polemizar?
En su encuentro con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, Trump se vio empequeñecido e intentó humillarlo sacando a relucir todo lo que este país le debía a Estados Unidos. El canadiense le reviró con una tajante afirmación: son las acciones realizadas por el pueblo canadiense, por nadie más. Pero el agravio ya estaba hecho y, si Mark Carney lo pasaba de largo, unificaría sin duda a los ciudadanos canadienses, exigiendo su inmediata remoción. De lo que sí no hay duda, es que si nos propusiéramos hacer el listado diario de las torpezas, bravuconerías, sinrazones del presidente Trump (las de él solito), nunca podríamos darle alcance. La única posibilidad de igualarlo sería dar lectura a su testamento (asegurándonos que en verdad fuera el último), y conocer cuáles fueron sus últimas instrucciones para los terrícolas que no tuvieron la suerte de ser gobernados por él. Por lo pronto, mencionemos más de su comportamiento con dos líderes mundiales. Primero fue su encontronazo con Emmanuel Macron, con quien las relaciones nunca han sido cordiales. Lo ideal hubiera sido el acercamiento, la buena disposición, el recuento de los momentos en los que se ha militado en la misma trinchera, las referencias históricas de los prohombres de cada nación y, por supuesto, en los actuales momentos poner sobre la mesa los objetivos que los acercan y no las diferencias que los separan. Pero Trump no está hecho para negociar, sino para imponer. En las decisiones colectivas, aunque haya múltiples opciones, basta que Trump exprese su preferencia por alguna, para que mágicamente surja un consenso en torno de esa brillante propuesta. Vamos a ver, por ejemplo, la elección sobre el himno que se elija como el oficial de éste, casi mundial evento. Ya Trump ha comenzado a presionar en sus canales televisivos y redes sociales Truth Social, con todo cinismo así le llama él.
Permítaseme un breviario informativo sobre el himno de eventos deportivos: El Himno Olímpico que se interpretó por primera vez en Atenas en 1896, sus autores fueron Spyridon Samaras y Kostis Palamas. Desde entonces hasta la fecha se ha tocado ininterrumpidas veces hasta la fecha.
Esperemos que al “olímpico Führer” no se le antoje que en este mundial se entone la última versión (de su autoría) de The Star Spangled Banner.
No quisiera despedirme sin anunciar otras dos manifestaciones del deterioro cerebral por el que está pasando el señor presidente Trump: la epatante renuncia de Joe Kent, como director del Centro Nacional Antiterrorista y la estrecha amistad que seguramente surgirá con Japón, después del respetuoso encuentro con la señora Sanae Takaichi, primera ministra.











