o me referiré si no incidentalmente a la novela clásica de León Tolstói que no pocos consideran a la altura de las grandes obras literarias del mundo occidental, que si no siempre son leídas, sí se sabe de ellas y son punto de referencia de generación en generación.
Creo recordar que fue Don Daniel Cosío Villegas quien decía que las grandes obras de la literatura occidental son dos por la estirpe latina: La Divina Comedia, de Dante, y el Quijote, de Miguel de Cervantes; dos por la estirpe sajona: el Fausto, de Goethe y las obras de Shakespeare. ¿Porqué no La Guerra y la Paz del autor ruso mencionado, por la estirpe eslava, parte también de la cultura occidental.
Puede servir como preámbulo para esta colaboración, porque es lo que estamos viendo y viviendo actualmente en el mundo; en Irán, antes Persia en el cercano oriente, en Gaza, pero también más cerca de nosotros en la Cuba amenazada por el errático presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Decía Jacques Maritain que hay un doble progreso contrario; avanzan paralelamente dos tendencias, progresa el bien, pero también avanza el mal y ahora lo vemos y vivimos. Por un lado, la amenaza de guerra, una de las calamidades del mundo al lado del hambre y la peste.
Vemos y escuchamos los llamados a la paz de la ONU, del Papa desde Roma, el ala prudente de la humanidad, pero simultáneamente se dan pasos a favor de la guerra; aparecen en Irán, en la franja de Gaza y ahora muy cerca de nosotros, con el último desplante del presidente de nuestro vecino país que comparte nombre con el simpático y locuaz personaje de Disney, quien dice tranquilamente como un chiste: “voy a tomar Cuba”.
La respuesta, por supuesto fue inmediata, ¿qué se creían? Los cubanos tan cerca de nosotros, tan parecidos a los mexicanos, también pueden decir como nuestro himno nacional, que Dios les dio un soldado en cada hijo. La imagen publicada recientemente en la portada de La Jornada no puede ser más elocuente: Silvio Rodríguez recibiendo un fusil de asalto para defender a su patria.
Pero, como lo sostiene Maritain, aparecen de inmediato los signos contrarios, las señales de paz y solidaridad humana que no se quedan atrás. Varios países sudamericanos, así como sucedió en el caso de Venezuela, han elevado la voz en contra del atropello; pero no sólo eso, la solidaridad también está presente.
En primer lugar, tenemos el comentario firme de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, alzando su voz autorizada a favor de Cuba y no sólo eso, no se trató únicamente de palabras, sino de hechos contundentes y firmes. Un primer envío hace unos días de buques cargados con petróleo y con satisfactores de primera necesidad.
No podemos olvidar que la historia de Cuba esta muy ligada desde siempre con la nuestra; de la isla más grande del Caribe llegaron a las costas de lo que ahora es México los primeros exploradores españoles Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva y que de ahí llegó también Hernán Cortés. Siempre hubo muy buena comunicación y solidaridad, ya en nuestra época, los dirigentes políticos Fidel Castro Ruz y el Che Guevara, zarparon desde nuestras costas a liberar a su patria del dictador Fulgencio Batista.
La solidaridad es una virtud de nuestros pueblos que ahora se corrobora, no sólo en forma declarativa y de posición política impecable, se confirma con hechos; después de los primeros envíos a los que ya me referí, el gobierno de México por conducto del secretario Juan Ramón de la Fuente, confirma que el auxilio continuará y México está dispuesto al apoyo palpable, “vamos a seguir apoyando al pueblo de Cuba y buscando la manera de que, sin afectar a México, podamos dar combustible a las y a los cubanos, al pueblo de Cuba”.
El imperialismo no sólo se combate con las armas en la mano o con actos heroicos; la política solidaria y una actitud congruente con lo que se dice tienen un gran peso, como lo estamos viendo en los hechos que vive América Latina. El ejemplo de México no es único, países latinoamericanos, entre ellos Brasil y Argentina, han apoyado nuestra posición y también otros como Colombia, Paraguay y varios países centroamericanos.
El movimiento se demuestra andando; una agrupación solidaria por Cuba “Humanidad con América Latina” inició una acción muy práctica: abrió una cuenta en donde se están recibiendo montos diversos para mantener en el tiempo el apoyo; sé que en varias oficinas públicas han habido colectas y han circulado por escrito invitaciones proporcionando el número de la cuenta. Más que nunca, América Latina en forma pacífica, pero firme, debe demostrar su solidaridad y mantener su autonomía e independencia, que como bien ha dicho nuestra Presidenta, es necesaria para que la soberanía no sea una palabra hueca.
Concluyo la colaboración uniéndome a la protesta por la muerte de un ciudadano mexicano, que no ha sido aclarada y que sucedió en un centro de detención de control de emigrantes.











