Lunes 23 de marzo de 2026, p. 9
El Mundial 2026 está bajo la sombra de la agitación. La incertidumbre que provoca la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel contra Irán hace aún más difícil el camino rumbo al torneo más grande de futbol. Antes de esto, Donald Trump se encargó de enrarecer el ambiente con sus políticas migratorias hostiles, que impiden el acceso a ciertos países calificados a la Copa, el tema de Groenlandia, la invasión en Venezuela, entre otros temas que complican la estabilidad planetaria a poco menos de tres meses del silbatazo inicial.
“La Copa del Mundo 2026 será recordada como el torneo donde Estados Unidos utilizó la fuerza de manera unilateral”, apuntó Alberto Ugarte, maestro en relaciones internacionales y profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, en entrevista con La Jornada.
Desde hace cuatro años, el mundo tiene la mirada fija en Norteamérica, la región donde se organizan el Mundial 2026 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La proximidad del torneo de futbol está en constante polémica por razones ajenas al deporte y como consecuencia de las políticas del gobierno de Trump.
Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán provocaron problemas de diverso orden en Asia occidental y Medio Oriente, esto se sumó al de por sí clima tenso en la región y que aumentó de voltaje desde que Trump asumió su nuevo mandato.
Unas horas después del primer ataque de Estados Unidos a Teherán, el presidente de la Federación de Futbol de Irán, Mehdi Taj, puso en duda la participación de su país en el Mundial pues advirtió que resulta casi imposible hacerlo en medio de este clima de guerra.
Los efectos de la escalada bélica metieron en problemas también a la delegación deportiva de Irak, que debe viajar a Monterrey para disputar el repechaje mundialista el 31 de marzo; el cierre del espacio aéreo en la región les impidió realizar los trámites de visas y vuelos para cumplir con la cita. Las autoridades mexicanas respondieron y han facilitado los procesos consulares tanto en Arabia Saudita como en Qatar.
“Seguramente Irán no jugará en Estados Unidos”, planteó Ugarte; “esto no tendría impacto deportivo, pues lo más probable es que no sería una selección que llene estadios ni es un pilar (en el futbol), pero sí manda un mensaje de lo que Trump deja en su administración”.
Un breve recuento muestra el panorama de inquietud mundial. El endurecimiento de las políticas migratorias de Donald Trump en Estados Unidos al realizar redadas días antes del Mundial de Clubes 2025 generó miedo entre la comunidad latina. El efecto inmediato fue notorio en varios partidos con baja asistencia y una advertencia de lo que puede ocurrir en plena Copa.
El apoyo irrestricto de Trump a Israel, en el momento en que este Estado emprendió el genocidio del pueblo palestino en la franja de Gaza, fue una señal poco esperanzadora a manera de preludio.
Y a principios de este año, el gobierno estadunidense también secuestró al presidente de Venezuela Nicolás Maduro con un operativo militar en Caracas. En un tono similar, amenaza y asfixia a Cuba, país que enfrenta un embargo económico impuesto por Estados Unidos desde hace más de 60 años.
En este entorno global, se realiza el Mundial 2026. ¿Y qué dice la FIFA al respecto? Nada que incomode al gobierno de Trump. El presidente de ese organismo internacional, Gianni Infantino, es uno de los hombres más cercanos al mandatario estadunidense, que incluso inventó un premio por la paz para complacerlo.
El clima que precede a la Copa del Mundo 2026 –advierte Ugarte–, sólo se ha visto en periodos precisos de la historia como en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, organizados por el régimen nazi, y las ediciones Moscú 1980 y Los Ángeles 1984, realizadas en los días aciagos de la guerra fría, en los que hubo boicots por parte de Estados Unidos y Rusia.
“El ambiente político global sólo se puede comparar con los periodos de entreguerras de la década de 1930 o en el auge del fascismo, o en procesos poscoloniales de la guerra fría en la década de 1960, donde había países con dilemas ideológicos serios entre el comunismo y capitalismo.
Pero ahora no hay tantos tintes ideológicos concretos, sino más bien es el uso del poder de un nuevo imperialismo de Estados Unidos y de otras potencias para influir en un sistema global destruido en términos de valores jurídicos internacionales y reglas claras para todos”, concluyó el especialista.











