Legisladores reprueban las expresiones del republicano
Domingo 22 de marzo de 2026, p. 21
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró ayer la muerte de Robert Mueller, el ex director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y fiscal especial que investigó la presunta interferencia rusa en las elecciones de 2016, en una exaltada publicación en su plataforma Truth Social.
“Robert Mueller acaba de morir. ¡Bien, me alegro de que esté muerto! ¡Ya no puede hacer daño a gente inocente!”, aseveró el mandatario.
Mueller se convirtió en enemigo político del magnate mientras ejercía como fiscal especial en el Departamento de Justicia en 2017, cuando investigaba cualquier posible interferencia rusa en las elecciones de 2016 y amplió su investigación para incluir cualquier conexión entre el presidente ruso Vladimir Putin y Trump.
La investigación enfureció al mandatario republicano durante años, se refirió a ella como una “cacería de brujas” y calificó a Mueller de “tonto”.
Legisladores estadunidenses criticaron duramente al jefe de la Casa Blanca por celebrar la muerte del ex funcionario.
El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, acusó al presidente de utilizar el fallecimiento de Mueller como una distracción.
“La crueldad es el objetivo. La meta de Trump es distraerlos del aumento del precio de la gasolina, su guerra sin sentido, los abusos del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) y los archivos de Epstein. No le den lo que quiere. Y que Robert Mueller, un marine estadunidense y servidor público de toda la vida, descanse en paz”, escribió Schumer en X.
El representante demócrata Dan Goldman escribió en las redes sociales: “Lamentamos el fallecimiento de Robert Mueller, un verdadero servidor público: veterano de Vietnam condecorado con la Estrella de Bronce, fiscal federal, director de la FBI y fiscal especial imparcial. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos celebra repugnantemente la muerte de Mueller simplemente porque expuso los intentos de Trump de robar las elecciones de 2016”.
El fallecido funcionario estuvo indirectamente implicado en el juicio del general Manuel Noriega, que fue secuestrado por el Pentágono en una invasión a Panamá en 1989, ordenada por George Bush padre cuando se desempeñaba en el Departamento de Justicia.
La intervención estadunidense, denominada operación Causa Justa, tuvo como pretexto la captura de Noriega (fallecido en 2017), líder de la república panameña señalado de haber trabajado para la Agencia Central de Inteligencia estadunidense (CIA) durante su carrera militar, y luego acusado por Washington de narcotráfico y de permitir el tránsito de drogas por medio de estructuras estatales.











