Opinión
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El maíz, en el punto de mira
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e acerca la cosecha de maíz blanco en Sinaloa, principal productor comercial del cereal básico para la alimentación humana en el país, pero los productores no tienen certidumbre sobre el precio que tendrá su grano, a pesar del acuerdo firmado entre los gobiernos federal, estatal, las empresas compradoras y los productores. http://tiny.cc/4an0101

El compromiso de compra de 2 millones 856 toneladas por 25 empresas es un avance al garantizar el desplazamiento de 70 por ciento de la producción del estado, pero el precio aún no se define, los compromisos de apoyo de los gobiernos todavía no se conocen y la “base“ de 65 dólares por tonelada parece insuficiente (le llaman base a los costos que se deben pagar para llevar el producto de la zona de producción o de importación hasta la zona de consumo: transporte, maniobras, financiamiento).

Hasta 2023, Sinaloa aportaba entre 5 y 6 millones de toneladas, más de 20 por ciento de la producción nacional, pero durante 2024 y 2025, resultado de la escasez de agua y de la ausencia de políticas agrícolas y comerciales, su cosecha se redujo drásticamente alrededor de 2.2 millones de toneladas. Para 2026 se esperan más de 4 millones de toneladas.

El mercado mexicano del maíz está cada vez más controlado por las corporaciones trasnacionales gigantes como las llamadas ABCD –Archer Daniels Midland, Bunge, que en el caso de México, puede cambiar por Barlett, Cargill y Debruce–. http://tiny.cc/fan0101

Estas empresas dominan el mercado del país gracias a que intervienen en el financiamiento, se han apoderado de la infraestructura, tienen información de primera mano sobre oferta y demanda globales, participan en la compra de físicos y futuros, son importadores y también exportadores, además de que adquieren volúmenes importantes de la cosecha nacional e inciden en la fijación de los precios internacionales a partir de movimientos reales y especulativos.

En México, la destrucción de la Financiera Nacional de Desarrollo durante el gobierno del presidente López Obrador fortaleció la presencia de las comercializadoras trasnacionales, que pueden financiar la compra de maíz nacional y extranjero a plazos, además de aprovechar los créditos a la exportación que otorgan los bancos estadunidenses, garantizados por el programa GSM-102 de la Commodity Credit Corporation. La importación de maíz a México ha sido uno de los principales destinos de este programa. Gracias a la diferencia de tasas de interés que ofrecen los bancos mexicanos y los del país vecino, la importación de maíz se convierte también en un negocio financiero. Los bancos de Estados Unidos cobran una tasa de interés alrededor de la mitad de la que cobran los nacionales.

Las comercializadoras gigantes también se han agenciado las terminales graneleras, antes propiedad del Estado, por ejemplo la de Veracruz la operan Cargill y ADM, en tanto Barlett inauguró en 2025 una en Nuevo León. Cuentan con almacenes, bodegas y transporte. Aunque México es el principal productor mundial de maíz blanco, la fijación de su precio, aun para el mercado interno, tiene como referencia el del maíz amarillo en la Bolsa de Chicago, destinado principalmente a la alimentación de ganado o a la fabricación de etanol. Las grandes comercializadoras conectan el precio internacional con el del mercado doméstico, al comprar importantes volúmenes de la cosecha nacional.

Los campesinos y agricultores que producen maíz, y son más de 2.5 millones, se encuentran dispersos y fragmentados porque sus últimos esfuerzos organizativos en lugar de ser apoyados por el Estado –que tiene la obligación de regular el mercado a su favor– fueron combatidos por el gobierno pasado, quien prefirió atenderlos clientelarmente con subsidios individuales asistenciales.

México es el principal mercado extranjero para el maíz amarillo de Estados Unidos después del retiro de China. Desde la operación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el mercado de los granos es uno de los más integrados. Durante 2025 los importadores de maíz introdujeron 24.5 millones de toneladas, en tanto que la producción nacional se calcula alcance sólo 23.1 millones de toneladas.

Las comercializadoras ABCD importaron 13 millones de toneladas de maíz. El sector pecuario, entre los que destacan SuKarne, Bachoco, Grupo Porcícola Mexicano, compró a Estados Unidos más de 4 millones de toneladas. Minsa directamente no importó maíz y Maseca adquirió sólo 56 mil toneladas, pero el duopolio de la fabricación de harina puede obtener grano extranjero a través de otras empresas o comprar a las comercializadoras.

Este maíz amarillo de Estados Unidos, importado con financiamiento barato y con un sistema de logística integrado, inunda el mercado interno, a precios menores que el costo de producción nacional y realiza dumping a los campesinos mexicanos, al determinar el precio de su maíz. Las importaciones absorben cada vez una mayor porción del mercado, mientras los campesinos son arrinconados, su rentabilidad es puesta en cuestión y la dependencia alimentaria del país se profundiza.

* Directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano