l viejo veneno del racismo sigue vivo y plenamente activo en todas las comunidades, las sociedades, los países y las regiones del mundo. Perdura en el legado del colonialismo, la esclavitud y la opresión, que son la causa de muchos de los problemas a los que nos enfrentamos hoy en día, desde la desigualdad económica, social y política hasta las políticas y prácticas discriminatorias, pasando por los conflictos abiertos, y se propaga por medio de nuevas herramientas y tecnologías digitales que nos inundan con discursos de odio, perpetuando mentiras y estereotipos dañinos que a menudo se traducen en violencia y abusos en el mundo real.
El antídoto es la unidad y la acción. Todos los gobiernos, las instituciones, las empresas y las comunidades deben trabajar de consuno para combatir el racismo y salvaguardar la dignidad, la justicia, la igualdad y los derechos humanos de todas las personas. Ello significa la ratificación universal y la aplicación plena de la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial.
Significa también estar a la altura de la Declaración y el Programa de Acción de Durban, ahora que se cumple su 25 aniversario, y que incluye medidas concretas para poner fin al racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia.
Hoy y todos los días debemos tomar postura; debemos luchar por la dignidad, los derechos y la pertenencia de todas las personas del planeta y borrar la mancha del racismo de nuestro mundo.
* Secretario general de la ONU











