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Resalta capitán Marcos proyecto de El Común de los zapatistas
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 21 de marzo de 2026, p. 25

San Cristóbal de Las Casas, Chis., En un cuento titulado El Condenado y las Hormigas. (El amor y el desamor según un niño zapatista), el capitán Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), comparó el proyecto de El Común con el trabajo que hacen las hormigas.

El texto narra la historia de un niño zapatista “de raíz maya que vive con su familia en una comunidad donde hay zapatistas y partidistas, o sea lo que ahora llamamos ‘hermanos no zapatistas’”.

Contó Marcos: “Este niño es muy travieso. Nomás aprendió a caminar, se salía de la casa y anda vete. Cuando salían a buscarlo, los papás siempre lo encontraban en problemas: que quiso agarrar una avispa, que se pintó con lodo todo el cuerpo, de una vez bien encuerado”.

Dijo que “a este niño lo regañaba su mamá diciéndole: ‘condenado chamaco del demonio, te vas a ir al infierno por tanta travesura que haces’. Y así se pasaba el día este niño: haciendo travesuras él, su papá haciéndose pato y su mamá regañando a los dos”, pero “llegó su día de que el niño tiene que ir a la escuela autónoma. Entonces están todos los niños y las niñas en la escuela, el primer día de clase y llega la promotora de educación”.

En el texto fechado en enero-febrero, pero difundido el 18 de marzo en la página oficial del EZLN, Marcos contó que “una vez, después de que llovió muy fiero, o sea, después de una tormenta, el niño fue a mirar cómo estaba un hormiguero que había cerca de su champa. Alrededor de la entrada del hormiguero había pequeños arroyitos de agua. Y las hormigas que salían de la boca del hormiguero estaban como confundidas, dando vueltas de un lado a otro. De pronto, una de ellas se mete al agujero y detrás de ella salen otras hormigas, pero como marchando, como si fueran un ejército”.

Abundó: “No hay quien manda, pero las hormigas soldados rápido se organizan y se agarran de las patitas unas y otras, y hacen como un puente sobre uno de los arroyitos y ya entonces las demás hormigas agarran camino y cruzan el puente y van donde les toca ir por alimentos y para explorar. Ya que el sol seca los arroyitos, las hormigas soldado se sueltan y vuelven al hormiguero, y salen de nuevo a su trabajo que les toca. El niño queda muy impresionado por esto que miró y queda pensando”.

Cuando posteriormente llegó el subcomandante Moisés a la escuela a dar “una plática sobre El Común a las niñas y niños, para que desde pequeños entiendan lo que se está haciendo, las pirámides, el trabajo político, las ciencias y las artes y la preparación militar para defenderse y todo eso”, les preguntó si entendieron la explicación porque todos se quedaron callados.

Narró que “como todos están callados, el subMoy ya se va a ir y entonces un niño levanta la mano. El subMoy se detiene en la puerta y se regresa y le dice al niño que diga su palabra. El niño sólo dice ‘hormigas’. El subMoy hace su ojo así, como que no entiende nada, y le dice ‘bueno, a ver explica eso de hormigas’. Y el niño empieza a contar lo que miró en el hormiguero, de cómo estaban organizadas las hormigas, y cada quien su trabajo, y se apoyan, y se enseñan y hasta se curan entre sí, y lo que pasó después de que llovió y cómo un grupo de hormigas su trabajo era cuidar, proteger y apoyar a su comunidad de hormigas”.

Concluyó el capitán: “El subMoy lo escuchó con atención, volteó a ver a los comités que lo acompañaban y los miró como diciendo “¿No les da vergüenza que un niño sí entiende y ustedes que ya están grandulones no saben explicar?”

“Los comités siguieron haciéndose patos y patas, como que no están ahí. Entonces el subMoy lo felicitó al niño y le preguntó cómo se llama. Y el niño respondió ‘Condenado Chamaco del Demonio’. El subMoy le preguntó al niño por qué se llama así y el niño señaló con la mirada a la promotora de educación que seguía suspirando y dijo ‘por culpa del amor’; luego el niño miró al formador de educación y agregó ‘y por culpa del desamor’”.